La tiza y el papel han muerto: viva el ciber-cole

Lo digital ha llegado a las escuelas españolas, una tendencia que ha aprovechado esta joven empresa catalana que en tan sólo dos años ha conseguido cautivar con sus productos a más de 500 escuelas de secundaria de todo el país.

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Para Héctor Ruiz, el libro de papel convivirá aún con la alternativa multimedia que él representa.

¿Se pueden crear casi 150 puestos de trabajo en plena recesión económica? A juzgar por la corta, pero intensa trayectoria de Aula Digital Text, la respuesta es sí. El mérito es de Héctor Ruiz, un joven biólogo que con 25 años y una breve experiencia docente a sus espaldas intuyó que el futuro de la enseñanza pasaría de forma irremediable por el libro digital. Convencido de las grandes posibilidades que abría la incorporación de vídeo, sonido, animaciones y recursos interactivos a la enseñanza, Héctor hizo su primer experimento diseñando un libro de la nueva asignatura Educación para la Ciudadanía.

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En aquel momento, pese a su juventud era profesor universitario en la Universidad de Barcelona, además de colaborador de la editorial científico-cultural Omnis Cellula, vinculada a la UB. “Aquello fue el trampolín, ya que al tratarse de una asignatura inédita se abría la posibilidad de crear un producto totalmente nuevo”, explica.

El éxito de este proyecto le animó a explorar un nicho de mercado hasta entonces virgen en el mercado editorial español de los libros de texto. Con los deberes bien hechos y un proyecto de negocio bien armado, inició la inevitable ronda de llamadas a fondos de inversión, empresas de capital riesgo y business angels.

En un plazo récord de dos meses consiguió la financiación que necesitaba gracias a la sociedad de capital riesgo Venturcap, perteneciente a Gaesco, que aportó una parte de la inversión necesaria para poner en marcha el negocio, cuyo importe total ascendía a 1,2 millones de euros.

“La clave de nuestro éxito ha sido la de estar en el momento adecuado en el sitio indicado. En aquel momento ofrecimos una alternativa innovadora en un sector que las editoriales tradicionales no tenían interés en cambiar. Los grandes editores no querían dar el paso de transformar un negocio que les estaba proporcionando grandes ingresos”, explica. Además, nadie aseguraba que el modelo del libro digital fuera a funcionar.

Según Héctor Ruiz, “en nuestro caso tuvimos la suerte de que la coyuntura política nos acompañó: al poco tiempo de echar a andar, la Generalitat de Cataluña apostó por el modelo un ordenador por alumno y Zapatero lanzó su proyecto de escuela 2.0, que incluía el reparto de un ordenador a cada niño de Primaria”.

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CUESTIÓN DE PRECIO

En el meteórico ascenso de Aula Digital Text ha influido, sin duda, el hecho de que su modelo de negocio implique una drástica reducción de los precios del mercado editorial escolar. El libro de texto tradicional es pesado para las espaldas del alumno, pero también para la economía de las familias, ya que supone un gasto aproximado de unos 250 euros por estudiante y año. Sin embargo, todo el paquete de libros digitales necesarios para un curso puede adquirirse por unos 30 euros.

“Nosotros aconsejamos a las escuelas no ir demasiado rápido ni introducir el ordenador de golpe. Les proponemos un modelo de coexistencia con el libro de papel que conocemos. En una primera fase, es el profesor el que tiene ordenador, acceso a Internet y proyector en el aula, de manera que todos los alumnos trabajan en la pantalla común. El alumno hace uso del ordenador en la biblioteca o en su propia casa”, explica el creador de Aula Digital Text.

Al comprar un libro de texto digital, lo que adquiere el alumno es una licencia anual que le permite acceder a un espacio privado que comparte con su profesor. Se trata de una plataforma educativa en la que el docente puede interactuar con sus compañeros de claustro y con el propio alumno.

“El profesor puede enviar deberes digitales y recibirlos corregidos por el propio sistema. Puede conocer incluso los hábitos de su alumno, saber cuándo ha hecho el trabajo, cuánto ha tardado y en qué puede ayudarle. Cada escuela tiene un espacio privado, a modo de Intranet. Desde esa plataforma el alumno tiene acceso a los libros en varios idiomas”, añade.

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Ruiz puntualiza desde el principio que producir un libro de texto digital no consiste simplemente en digitalizar los contenidos del libro de texto para su lectura en pantalla. “El libro digital refuerza los conceptos. Al introducir imágenes, sonidos y animaciones estás ayudando al alumno a entender los conceptos y al profesor, a enseñar mejor”, señala.

EL SOCIO IDEAL

La salida de Venturcap de Aula Digital Text propició el desembarco en la sociedad del grupo editorial Océano, que se ha hecho con el 60% del capital mientras Héctor Ruiz mantiene el 40% restante.

Con más de 50 años dedicado a la creación de contenidos de formación y presencia en 21 países, Océano es uno de los mayores distribuidores de contenidos editoriales en el conjunto de países hispanoparlantes. Para el fundador de Aula Digital Text, “este grupo es el socio ideal, ya que nos ayuda a nivel económico e industrial, tiene un gran fondo editorial y una larga experiencia en el mundo de la obra educativa”.

Este joven emprendedor no tiene miedo a morir de éxito. “Crecer tan rápido conlleva riesgos, sí, pero si lo hemos hecho ha sido porque el proyecto ha tenido una acogida excelente, no porque hayamos apostado por crecer. Ha sido clave el hecho de que no hemos dejado de ser ágiles a la hora de tomar decisiones pese a que ya somos una compañía grande.

UN MODELO MUY DIDÁCTICO
La penetración de Aula Digital Text en el mercado nacional es tal que el 95% de los centros de enseñanza secundaria que han dado el salto al libro de texto on line son clientes de la compañía. Su hegemonía es vista con recelo por el sector editorial tradicional, al que el cambio ha cogido con el pie cambiado. Convencido de que la revolución digital no ha hecho más que empezar en España, Héctor Ruiz cree que “el papel seguirá existiendo para muchas cosas, aunque todo camina hacia el modelo iPad. Yo tengo libros en mis casa a los que quiero mucho, pero los chavales de ahora no observan el papel con ese romanticismo”. En este sentido, “ tenemos la sensación de estar participando en algo que está revolucionando el mundo de la educación. Yo les podré decir a mis nietos que fuimos los primeros en hacer libros digitales”, afirma.
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