El primer coworking para emprendedores que les gusta trabajar con las manos

Una nave de 1.200 m2 que se emplaza en el Polígono El Albaraga, en Valencia, se erige como el primer espacio de coworking en España para emprendedores interesados en actividades industriales.

coworking L'Horta Satudios
L'Horta Studios

A César Calero Cebrián le molesta un poco que cada vez que se habla de jóvenes emprendedores sea para relacionarles con empresas de base tecnológica, desarrollo web o aplicaciones móviles. A este ingeniero mecánico de la Universitat Politècnica de València (UPV) le gusta hacer cosas con las manos e inventar. Suyo es un ingenio del que ya se habló en esta web con su proyecto SandRoller , una silla de ruedas que permite a personas con movilidad reducida moverse y bañarse en la playa de forma autónoma.

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La prueba de que Calero Cebrián se mantiene al margen de la faceta más ‘cool’ del emprendimiento es que no se percató de estar hablando con Juan Roig, presidente ejecutivo y fundador de Mercadona, hasta que a los 20 minutos de la conversión le animó para que presentara su proyecto de la silla a Lanzadera , la aceleradora e incubadora de empresas de Roig. Al final no pudo ser, pero César Calero extrajo varios aprendizajes: primero, que a veces son los mandos intermedios los que frenan las iniciativas, segundo, que esto del ecosistema parece orientarse solo a un tipo de emprendedores y, tercero, las dificultades de desarrollar un prototipo cuando se trata de productos industriales.

El nacimiento de la idea

Los inicios de SandRoller hay que situarlos en un corral, el mismo que le prestó su suegro en la pequeña localidad valenciana de Alfafar. Allí trabajaba junto a su socia y esposa, la arquitecta Miracle García Martínez, en el prototipo de la silla. Un poco cansados de las invitaciones de sus familiares a que dejasen de jugar y empezaran a trabajar en serio, alquilaron un espacio de coworking para seguir evolucionando el prototipo y darle una apariencia algo más profesional al proyecto del que ya empezaba a hablarse. Así es como se dieron cuenta de que los espacios de coworking disponibles “solo sirven para actividades del tipo creación web, diseño digital, aplicaciones móviles, pero poco podíamos hacer nosotros donde lo que necesitábamos era doblar tubos, cortar, soldar a la vez que diseñar. Estuvimos buscando un espacio compartido donde poder hacer esto y nos dimos cuenta de que no existía nada mas que pequeños locales situados en la ciudad donde no se podía hacer ruido por los vecinos y no podían descargar perfiles metálicos de seis metros los proveedores de material”.

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Así es como nace, en 2016, la idea de crear L’Horta Studios como “el primer coworking industrial de Valencia y, creo, de España”. Se trata de una nave industrial de, aproximadamente, 1.200 m2 que se emplaza en el Polígono El Albaraga, a pocos minutos de las universidades de Valencia y donde se puede llegar en bici. Cuentan con licencia de actividad industrial para prestar soporte legal a todos aquellos equipos o emprendedores interesados en diferentes actividades industriales, con cabina de pintura con sistema de aire comprimido, inyección y extracción de aire para acabados industriales, un elevador de coches, torno, fresadora, impresora 3D, instalaciones eléctricas adecuadas entre otras muchas herramientas. La nave está compartimentada en boxes cerrados de 10 a 30 m2 y boxes abiertos desde 20 a 45 m2. Dispone, asimismo, de zonas comunes para comer, ver la televisión, de un pequeño gimnasio con ducha y servicio de recogida de paquetes para cuando los profesionales o emprendedores se encuentren fuera. Por lo demás, igual que en cualquier otro espacio de coworking con el surgimiento de sinergias y colaboraciones entre emprendedores y charlas y talleres formativos.

En cuanto a la silla anfibio de SandRoller permanece aparcada en el altillo de la nave, a la espera de que César Calero y Miracle García reúnan algún día recursos suficientes para su fabricación y distribución. Saben que el proyecto es bueno, no solo porque así se lo dijo Juan Roig, sino también porque el prototipo tuvo una buena acogida en su presentación en una feria de Los Ángeles (Estados Unidos). Pero ahora el foco lo tienen en hacer rentable L’Horta Studios por cuyas instalaciones desfilan desde particulares que quieren reparar su propio coche hasta empresas o inventores que hacen, por poner un ejemplo, tambores de fibra de carbono. Actualmente, la nave acoge a 17 equipos/empresas sin apenas haber hecho ruido. “Ahora, después de casi dos años de reajustes, queremos dar a conocer esta idea y pensamos que sería importante que la gente supiera de la posibilidad de poder realizar un actividad industrial de una forma diferente”, concluyen.

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