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Alberto J. Campillo asegura que el objetivo de su empresa es llegar a fabricar ellos mismos productos sanitarios con marcado C.

Ya hemos escrito en este dossier sobre proyectos científicos con visión comercial. Ahí va una vuelta de tuerca en el sector de la biotecnología: Investigación y desarrollo de matrices 3D para investigadores que realicen cultivos celulares y desarrollo de productos para implantar en humanos. “Nace de una necesidad que detectamos en el mercado de los biomateriales que tienen aplicaciones en el campo de la medicina y la biomedicina. Detectamos que en el mercado había escasez de materiales que permitieran realizar cultivos de células tridimensionales in vitro. En la actualidad, la inmensa mayoría de los investigadores que trabajan con células realizan sus cultivos en un ambiente bidimensional, completamente plano, en las famosas placas de cultivo multipocillo. Nosotros ofrecemos unos soportes porosos integrados en dichas placas donde las células pueden anidar, diferenciarse y dividirse de forma tridimensional, ya que se parece más al cuerpo humano. Queremos transformar el modo de cultivo que realizan hoy en día los investigadores que hacen cultivo de células y que pasen de un entorno bidimensional a un entorno tridimensional. Existen diversos artículos científicos donde se prueba que las células no se comportan igual en un entorno 2D que en un entorno 3D”, explica Alberto Campillo, al frente de esta spin–off surgida del Centro de Biomateriales e Ingeniería Tisular de la Universidad Politécnica de Valencia.

Conscientes de que la empresa perseguía llevar al mercado productos que resolvieran necesidades en el ámbito de la salud humana, “diseñamos una empresa cuyo modelo de negocio se basa en dos líneas: una de fabricación de matrices para cultivos de células tridimensional; y otra de desarrollo de materiales con aplicaciones específicas para implantar en cuerpo humano o en animales. El hecho de diseñar ese par de líneas de negocio es porque la primera, la fabricación, diseño y venta de matrices para cultivo celular tridimensional nos hace estar en contacto con el mercado, mientras que la segunda línea – investigación interna de la empresa en cooperación con universidades- persigue el desarrollo de tecnología que ayude a la mejora de la salud humana”, argumenta.

Y, además, llegaron pronto a la conclusión de que no se puede ser investigador, desarrollador, fabricante y distribuidor. “Al principio piensas que tú puedes hacer todo. Sales con el coche a buscar clientes. Hay tantos clientes potenciales que es muy difícil llegar a todos. Después de un tiempo reflexionando, consideramos buscar un distribuidor. Firmamos un acuerdo de distribución con una empresa en el ámbito nacional. Honestamente es mejor. Tienes que pagar una comisión, pero llegas a donde no llegarías de otra forma: llegas a más clientes de los que llegarías de forma autónoma”.

¿El mayor cambio que ha supuesto el salto del campo académico–científico al empresarial? “En la empresa buscamos primero patentes, vemos qué hay en el mercado y tratamos de volver hacia atrás y ver qué combinación de materiales debemos desarrollar o qué nuevos materiales son necesarios para cumplir un objetivo. En la Universidad se prueban diferentes cosas y surgen nuevos productos que pueden tener demanda en el mercado o no. Las empresas hacen una mayor prospección de mercado y en el ambiente universitario, al no tener que meter producto en el mercado, se sigue otro camino no tan orientado al éste“.

“En el ámbito en el que nos movemos, el precio no es un gran problema. La mejora es sustancial y no nos encontramos con problemas. No hay barrera de precio; no es un factor clave. Hay competidores, pero somos pocos: una empresa estadounidense, una empresa india, otra empresa en Inglaterra. Hay competidores a nivel mundial, pero no es un mercado con competencia excesiva”.

“Queremos ser más ambiciosos. Nuestro verdadero objetivo es el desarrollo de productos para implantar en el cuerpo humano, lo que pasa lógicamente por el desarrollo de patentes. Lo más ambicioso sería poder fabricar nosotros producto sanitario, con marcado CE, con requisitos normativos, de alto valor añadido. Pero para eso se requiere más inversión. Y esto requeriría la entrada de un socio empresarial del sector biotecnológico”.

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