Xaraleira

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Vilaboy, que invirtió unos 60.000 euros, confiesa que tiene muchas ideas nuevas en la cabeza, pero le falta tiempo y dinero para poder desarrollarlas.

José Mª Vilaboy se ha convertido en una referencia en un mercado tan singular y desconocido como el de la cría profesionalizada de roedores. Su empresa, Xaraleira, ubicada en As Pontes (A Coruña), tiene capacidad para criar más de 15.000 ratones al mes “en condiciones optimas, evitando la masificación y cuidando al máximo su alimentación y su higiene”, resalta el propio Vilaboy.

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Aunque empezó con esta actividad de forma aficionada en 2003, “no comencé a funcionar de forma profesional hasta hace unos tres años, cuando tomé la decisión de tecnificar todo el proceso de producción para abaratar costes: automatización de aguas, limpieza de jaulas, inversión en más naves, diversificación en nuevas líneas de negocio, servicio de entrega de producto a través de MRW mascotas, etc.”.

Vilaboy empezó criando roedores como alimento vivo para zoos y centros de recuperación de aves. Y pronto lo amplió a alimento congelado, también para consumo de depredadores. Luego desarrolló otra línea de negocio: venta de roedores (hámster, chinchillas, cobayas, etc.) como mascotas para tiendas de animales. Ahora, tiene puesta toda su energía en una cuarta línea de negocio, que lanzará el año que viene, y que ya ha probado con éxito: “Estoy muy ilusionado. La idea surgió a raíz de una pregunta que me hizo mi hijo de 12 años. ¿Por qué unos ratones son de un color y otros de otro? Se me encendió una bombilla. Dediqué dos años a su desarrollo y al estudio de mercado. Es un kit con una pareja de ratones y todo lo necesario para mantenerlos vivos dirigido a los colegios. No es un experimento sino una experiencia para que los alumnos aprendan, a través de esas parejas de roedores, las leyes de Mendel sobre la transmisión de la herencia genética. El kit va acompañado de un cómic, que he elaborado con un dibujante y un guionista, que explica las leyes de Mendel de forma muy entretenida. La he probado en varios centros y la respuesta ha sido muy buena y la presenté en la Feria de Innovación de Sevilla con gran repercusión”.

Vilaboy considera que el mercado estaba ahí, “esperando que llegara alguien serio y profesional. En España operamos cinco empresas, la única española es la mía. Exporto mis roedores, a través de la infraestructura logística de una de estas multinacionales, a países el Golfo Pérsico, del centro de Europa y Portugal. El 20% de la producción se marcha a esos mercados y el año que viene doblaré la producción”. Confiesa que tiene muchas ideas en la cabeza, pero le falta tiempo y dinero para poder desarrollarlas todas. “He pensado en producir insectos para la eliminación de basuras, pero para eso necesito financiación. Todo lo que gano lo reinvierto en la empresa. Mi miedo con los socios inversores es que pensamos de forma diferente. Si viniera uno que estuviera dispuesto a reinvertir sus beneficios en la empresa, no tendría problemas”.

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Vilaboy, que invirtió unos 60.000 euros, recuerda cuando fue al banco a pedír 36.000 euros para hacer una nave y comprar el terreno, “contaba con una subvención europea del 40% y el banco no me lo dió. Me tuvo que avalar mi madre”. Sus roedores tienen un precio que oscila entre los 50 céntimos de euro y los 200.

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