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Juan Pedro Navarro, en su laboratorio.

A veces la genética está detrás de los emprendedores. Es el caso de Juan Pedro Navarro, por partida doble. En su caso han confluido dos genes: el gen emprendedor familiar –abuelos y padres emprendedores– y el gen que confiere resistencia a las plantas a los metales pesados. El uno sin el otro no son suficientes. La mezcla te hace pensar en que el segundo gen, aplicado a una planta –la Nicotiana glauca– puede ayudar a descontaminar suelos de forma más barata y, además, recuperarlos. Descontaminar suelos por métodos clásicos, como te podrás imaginar, resulta muy caro.¿ Cuánto? Simplemente trasladarlos a un vertedero autorizado, nada menos que dos millones de euros por hectárea. Para que te hagas una idea, descontaminar por esos métodos un terreno del tamaño de un campo de fútbol cuesta 5 millones de euros entre el desplazamiento de maquinaria, de personal... Eso por no hablar de vertidos tóxicos. En ese caso, los vertidos se trasladan de un lugar a otro, pero no se soluciona el problema. Si utilizas en su lugar una planta modificada genéticamente capaz de multiplicar entre 40 y 100 veces la capacidad de secuestrar metales pesados, los tiempos y el ahorro a medio y largo plazo está claro.

“El verdadero aporte ha sido que la mayoría de los investigadores, cuando sale un gen nuevo, que aporta algo, lo primero que hacen es trasladarlo a las plantas que llamamos modelo –como tomate o maíz, entre otras–, que conocemos muy bien –conocemos incluso el genoma completo de algunas de ellas–, se apoyan en que los protocolos para trabajar con ellas son conocidos por muchos investigadores, todo es más fácil y llevadero, pero más de laboratorio. Y yo me hice esta pregunta: ¿Cómo hacer algo útil a la sociedad? ¿Cómo ayudar a descontaminar? Yo tenía claro que un gen descubierto por un investigador estadounidense iba a resultar fundamental. La clave consistía en buscar una planta de la calle, que por sí misma ya resistiese, que no necesitase mucha agua. La combinación de una planta apenas conocida, con mucha resistencia, casi una mala hierba, modificada con el gen adecuado dio como resultado un instrumento de descontaminación”, explica Juan Pedro Navarro.

El mercado al que van dirigidos sus servicios son todas aquellos lugares que estén contaminados con metales pesados. Por ejemplo, suelos pertenecientes a industrias actualmente en funcionamiento o ya abandonadas, también todas aquellas instalaciones depuradoras de aguas que generen lodos y aguas cargados de metales pesados y otros contaminantes como nitratos, sulfatos y cloruros. Es un mercado potencial asimismo el mercado de humedales (aguas residuales de vertederos sólidos) y el de descontaminación de aguas salinas (tanto aguas dulces con problemas de salinización como aguas salinas contaminadas con metales pesados). “Es una herramienta rompedora. El único problema es que resulta muy difícil que una empresa asuma que hay una contaminación”, reconoce Juan Pedro Navarro. Y ahí es donde vuelve a entrar en juego el gen emprendedor. Hay más.

“Observamos que este mismo gen también consigue ampliar la biomasa de una planta”, apunta. Como la planta que encontró Navarro sobrevive tanto en Villena (Alicante) a 18 grados bajo cero como en el desierto de Israel, se cubre todo el mundo sin necesidad de invertir 7-8 años en cultivar nuevas plantas para conseguir modificar una especie para adaptarla a un lugar para producir biomasa. “Para dirigir una empresa tienes que tener muchas opciones. No puedes predecir lo que va a ocurrir en el futuro. Puedes tener una idea aproximada, pero tienes que tener siempre otras opciones”, razona Navarro. Pero es que hay más...

Ese mismo gen se puede aplicar a levaduras. Y si se puede aplicar a levaduras, por qué no elaborar biocombustibles y bioetanol a más bajo coste consiguiendo fabricar más en el mismo tiempo.

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