Ebers Medical Technology

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Pedro Moreo y Víctor Alastrué han iniciado las gestiones para convertirse en proyecto Neotec.

Uno de los problemas que tienen las empresas biotecnológicas es que sus desarrollos requieren de prolongados períodos de investigación hasta poder comercializar sus productos y/o servicios. Y para ello es necesario contar con un colchón financiera muy consistente. Ebers Medical Technology se dedica, desde 2009, a la ingeniería de tejidos y sus fundadores, Pedro Moreo y Víctor Alastrué, conscientes de ese problema diseñaron una estrategia que les permitiera tener ventas desde el primer momento. Su objetivo a largo plazo es lanzar al mercado sistemas que puedan 'fabricar' tejidos y órganos que posteriormente puedan ser implantados en pacientes. “Teníamos esa opción, pero pensamos que antes de empezar a vender los tejidos por qué no vendíamos el equipo necesario para obtener esos tejidos. Nuestros clientes son hospitales, universidades y centros de investigación. No vendemos los equipos para utilizarlos directamente en pacientes sino para investigación. Y eso nos ha permitido tener ventas desde el principio”, afirma Moreo.

Esta empresa, ubicada en el CEEI Aragón, de Zaragoza, está especializada en el diseño y fabricación de instrumental científico de cultivo celular. “En concreto, acabamos de lanzar al mercado una línea de biorreactores que permiten la regeneración de tejidos in vitro”. Moreo y Alastrué trabajaban en un grupo de investigación de la Universidad de Zaragoza, haciendo el doctorado, “y nos dimos cuenta que teníamos una tecnología –biorreactores– que permite regenerar estos tejidos en un laboratorio, que tenía interés comercial y que teníamos en fase de patente. Nos entraron potenciales clientes cuando en esa época no teníamos ni idea de montar una empresa y nos decían que si eso estuviera en el mercado nos comprarían”, recuerdan.

Dedicaron un año de trabajo para valorar la viabilidad de la idea. “Calculamos cuánto nos costaría transformar ese prototipo en algo comercial e hicimos un estudio de mercado para ver si esto tenía realmente salida. Estimamos una inversión de entre 50.000 y 60.000 euros y con eso empezamos. Incorporamos a un médico, Ángel Sampietro, y a varios profesores de la Universidad de Zaragoza”.

Analizando el mercado, vieron que había dos compañías de Estados Unidos que también fabricaban esos biorreactores, “pero nosotros aportamos dos cosas: los equipos de la competencia tienen muchas funcionalidades que no son estrictamente necesarias y el precio es muy caro. Nosotros nos hemos centrado en hacer el equipo, despojándolo de todas aquellas funcionalidades superfluas y, en consecuencia, un precio más competitivo”.

Su primera versión ya está terminada y, de hecho, ya han vendido varios biorreactores en universidades y hospitales de España (Hospital Universitario La Paz, de Madrid, y el Virgen de la Arrixaca, de Murcia). “Aunque, obviamente, seguimos trabajando en su desarrollo incorporando nuevos módulos al equipo para aumentar el número de aplicaciones para poder trabajar con mayor cantidad de tejidos e incluso saltar a otros campos relacionados con el cultivo celular. En cuanto a la parte comercial, estamos cerrando acuerdos de distribución fuera de España, porque como el mercado nacional es pequeño vamos a intentar vender en varios mercados europeos, Inglaterra y Alemania, fundamentalmente”.

La empresa está en fase de solicitud de un proyecto Neotec, de CDTI. “Y no descartamos la entrada de algún socio, pero que tendrán que ser industrial, porque nuestro problema no es financiero, ya que si lo fuera tendríamos opciones de conseguirlo. Lo que necesitamos es un socio industrial que nos aporte valor en otros mercados, con una red propia de distribución a nivel internacional y nos ayude a acelerar mucho los plazos de colocar el producto en otros países, o que también pudiera aportar en el campo más técnico”.

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