El inversor infiltrado que se 'coló en todas las fiestas’ de Silicon Valley

Pedro Martín cerró la empresa en Madrid, se trasladó con toda la familia a Silicon Valley y, una vez allí, se hizo pasar por inversor. Así es como le llovieron las invitaciones para ir a los eventos más exclusivos.

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Visualeo

A Pedro Martín le hace gracia cuando le llaman infiltrado porque algo de cierto hay, pero él nunca se sintió así, dado que no mentía. Compaginó los estudios en Ciencias de la Comunicación con trabajos en multinacionales como Hewlett-Packard, pero lo que a él le tiraba era el mundo de la empresa, como a su padre. Así que montó una agencia audiovisual: Tipos en movimiento. La agencia funcionó bien, con picos de trabajo en los que llegó a contar con una plantilla superior a los 100 empleados aunque, según Pedro Martín, se equivocó bastante. “Si hiciesen una peli sería el actor principal porque cometí todos los errores”, dice. El peor de todos fue el de los porcentajes de los socios dado que, cuando decidió cerrar la empresa, le tocó pagar más de lo que, a su juicio, le hubiese correspondido.

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Al margen de los problemas con los socios, la otra causa que le llevó a quemar las naves fue que estaba un poco aburrido de dar servicio a terceros, quería algo distinto, un producto propio, pero no sabía cuál. Así que, aprovechando cierto desahogo económico, decidió trasladarse con su mujer y sus dos hijos a vivir a Silicon Valley por periodo de un año. El objetivo final: aprender de los mejores en esto del emprendimiento e identificar una posible idea de negocio que triunfase allí y que pudiera luego replicar en el mercado español. “Tampoco tenía yo intención de inventar la rueda”.

Su trabajo al frente de la agencia de comunicación le había servido para conectar con determinadas startups nacionales del momento. Algunas le parecieron tan interesantes que apostó por invertir en ellas, como worktoday, y esta fue la carta de presentación con la que desembarcó en EE.UU. “Es verdad que yo había invertido antes en alguna startup por eso me sentí autorizado para presentarme allí como inversor español interesado en conocer el ecosistema y detectar posibles oportunidades para invertir. Esto me abrió todas las puertas y me facilitó el acceso a todos los eventos que se organizan, que son una pasada. Si en España se hacen, por ejemplo, 50 eventos a la semana, allí esta cantidad se repite a diario. Me costaba seleccionar los más interesantes y programarlos".

En esa ruta al aprendizaje descubrió algunas curiosidades. Por ejemplo, que para acceder a la sede de Facebook basta con identificarse con el perfil en la red, o que el circuito que rodea Apple Park no es un carril para bicis sino el lugar donde los ejecutivos de la compañía celebran sus reuniones, que las hacen paseando porque se han dado cuenta de que es una forma más productiva de realizar los encuentros; y lo que más le impactó: la forma de hacer los pitch. “En esto son verdaderos maestros. Conforme los oía me daban ganas de invertir en todos. Me di cuenta de que no hay que crear un solo pitch, sino muchos, adaptarlos a distintos tiempos de duración y llevarlos todos muy bien ensayados. Es verdad que, en principio, escuchan a todos, pero si a los 10 o 15 minutos de estar hablando no logras captar el interés de un inversor, tampoco tienen reparo en despacharte”.

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Le llamaron también la atención el buen concepto que, en general, tienen en Silicon Valley de los emprendedores españoles, “como trabajadores, cumplidores y que suelen conseguir lo que se proponen”, así como la transparencia y naturalidad con la que hablan las startups de sus errores y metodologías. “Iba a reuniones donde todos cotilleaban sobre cómo hacían las cosas”.

Visualeo: el resultado

Entre las numerosas presentaciones a las que Martín tuvo ocasión de asistir, se interesó especialmente en las propuesta dentro de la ‘gift economy’, una tendencia que algunos han bautizado como la economía de la generosidad en la que rigen principios como el de ‘que a mi vecino no le falte nada’. Muchas de las ideas de negocio que giran en torno a esta tendencia se inspiran en el ‘taskrabbit’, es decir un servicio que permite que otras personas realicen tareas por ti dentro de la economía bajo demanda. En este ámbito se moverían soluciones como Uber o Mr Jeff.

A Pedro Martín este tipo de soluciones trasladadas a la empresa le interesaban, pero también le llamaba mucho la atención la tecnología blockchain. “Vi un modelo de negocio que me gustó, que eran las verificaciones visuales a distancia. Luego se me ocurrió sumarlo al blockchain como una tecnología capaz de certificar que esas verificaciones son reales y se realizan en el lugar, fecha y hora requeridas. Es decir, la prueba de la trazabilidad de todo el proceso”.

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A desarrollar el modelo de negocio se puso Pedro Martín cuanto regresó a España, complementando su formación con el paso por el espacio de coworking de la EOI en Madrid, primero, y por la aceleradora Lazarus , después. El resultado es Visualeo , una herramienta que consiste en una aplicación para iOS, Android y también en web app que lo que hace es ayudar a otras empresas a verificar el estado de un producto o propiedad a distancia. El de seguros y el inmobiliario son, por ahora, los sectores en los que más operan, aunque la solución es también aplicable a otros mercados como el de la compra-venta de coches de segunda mano, la adquisición de arte o el ámbito legal, entre otros.

En cuanto a los verificadores, Visualeo cuenta ya con una red de 200 personas repartidas por toda España. Algunos son peritos, arquitectos o ingenieros especialistas, pero la mayoría son personas normales con disponibilidad de tiempo y un buen móvil que cobran por desplazarse y tomar las fotografías que solicita el cliente. Es una manera mucho más efectiva, rápida y económica de verificar el estado de un bien in situ. La tecnología blockchain la utilizan para crear una evidencia digital inmutable, una forma de notarizar que las fotos las ha realizado esa persona de confianza, al objeto específico requerido y en el lugar, fecha y hora solicitados.

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La aplicación se lanzó al mercado el pasado mes de septiembre, de manera que están todavía en periodo de pruebas y contratación de los primeros clientes. Pedro Martín no tiene prisa en crecer, prefiere primero afinar bien el modelo de negocio para después ampliar las prestaciones con un mayor uso del blockchain y la extensión a nuevos sectores. Luego ya, igual sí, se anima a ir a un ronda de financiación.

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