La modista que se niega a ver ‘Maestros de la costura’

Lola Piña se ha marcado como objetivo recuperar el oficio artesano de modista a través de su taller Al dedal. Precisamente por eso se niega a ver el programa televisivo ‘Maestros de la costura’.

Al dedal, el arte de modista
Al dedal

Lola Piña es amiga desde hace años de Lorenzo Caprile pero el día que se lo encontró después del estreno en televisión del programa ‘Maestros de la costura’ le dijo: “mira Lorenzo, yo sabes que te quiero mucho, pero me niego a ver tu programa”. La decisión tajante la tomó desde la emisión del primer programa. “Cuando vi que la prueba consistía en replicar el vestido de cortinas de Escarlata O’Hara en 10 minutos dije, hala, a tomar por saco eso de poner en valor el oficio artesano de modista”.

Y es que esa es la misión que se propone desde hace 10 años Lola Piña con su taller de costura Al dedal . El amor por el arte de la costura le viene de siempre, desde que, siendo niña, veía a su madre, Isidra Manzano, detrás de una máquina de coser y componer con mimo las prendas que confeccionaba para Manuel Piña. Luego fue ella quien tuvo oportunidad de trabajar para el diseñador y uno de los fundadores de la Pasarela Cibeles, bueno para éste y para muchos otros grandes de la moda de España, como Sybilla, en cuyo taller estuvo más de 10 años.

Pero llegó un momento en el que empezó a arrasar en el mercado la confección industrial en detrimento de la demanda de prendas cuidadas y bien elaboradas. “Sentía que el oficio artesano se perdía entre las grandes producciones de los gigantes de la confección y decidimos actuar ideando este maravilloso proyecto".

El proyecto es Al dedal, un pequeño taller de costura que integran ahora 9 profesionales desde el que se pretende recuperar y poner en valor el oficio artesano de modista. Esto es: alguien que sea capaz de montar una prenda de 0 a 100, desde que se concibe el patrón hasta que se remalla la cremallera, y darle a cada cosa su tiempo.

El concepto es el de crear un taller de referencia con una estructura de apoyo al desarrollo de muestrarios de grandes diseñadores, hacer pequeñas producciones y encargos a medida o servicios a la carta para particulares. Detrás de cada desarrollo se esconde un notable esfuerzo en I+D+i que el cliente no siempre saber apreciar y un modelo de negocio muy intensivo en cuanto a mano de obra que a Lola Piña le cuesta rentabilizar. “Ese es el principal handicap”, afirma.

Decir también que Lola Piña no desvincula el mundo del arte del de la tecnología. Al contrario, defiende el maridaje entre ambos. “Nosotras automatizamos hasta donde creemos que se puede sustituir la mano de obra, como es el patronaje, y, para otras cosas, dispongo de la maquinaria más avanzada”.

Pero, más allá del modelo de negocio y la tecnología, está la concienciación con el profesional del textil en cuanto a adecentar sus condiciones laborales y recuperar la dignidad y el orgullo por el oficio. “Yo creo que en Al dedal todavía no cobramos lo que nos merecemos, pero confío en conseguirlo algún día”.

El décimo aniversario

El taller lo puso en marcha Lola Piña en el año 2009, tirando solo de recursos propios, pero empezó a facturar desde el minuto uno. “Me considero una persona muy afortunada porque la vida me ha dado muchas cosas, una de ellas, gente que me ha apoyado desde el principio y ha dado a conocer el taller”. Su primer cliente fue María Borrás, pero también trabaja para firmas como Roberto Verino, Dolores Promesas, Antonio Alvarado y el mismo Caprile que, al parecer, no es rencoroso. La lista es mucho más larga, algunos públicos y otros que prefieren omitir al proveedor en los ‘créditos’.

En lo que respecta a la facturación, Lola Piña prefiere no desvelar cifras pero sí asegura que el crecimiento es continuo y sostenible y expresa su deseo de hacer el proyecto mucho más grande. “Al dedal es un proyecto replicable y escalable”, dice, dando así a entender su intención de abrir otros talleres similares por el resto de España y estar más cerca de los clientes. En sus planes está también añadir una línea de negocio en relación con los uniformes corporativos y mejorar la rentabilidad.

Reconoce que el salto de modista a emprendedora le costó lo suyo. Por ello se siente muy agradecida a Netmentora donde figura como laureada y es mentorizada por Alvaro Uriarte, Director General de Philips Personal Health. “Ahora me siento arropada y soy más consciente de lo que implica ser empresaria”, concluye.

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