Trapa, la histórica chocolatera que ha sabido renovarse y modernizarse a través de la innovación

El año pasado alcanzó una facturación de 12 millones de euros

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Tienda Trapa de Palencia.

Probablemente, si te hablan de chocolates Trapa te venga a la memoria la imagen del histriónico José María Ruiz-Mateos y si tu mente profundiza un poco más, la del famoso que-te-pego-leche, cuando Ruiz-Mateos le propinó un 'vodeviliano' puñetazo al entonces presidente de Cartera Central, Miguel Boyer. Aquella esperpéntica escena tuvo lugar el 3 de mayo de 1989 en los pasillos de los juzgados de Madrid.

Por aquel entonces, Trapa formaba parte de Nueva Rumasa, el grupo empresarial de la familia Ruiz-Mateos, y aún lo haría hasta el año 2011. Pero la marca de chocolates, fundada en 1891 por los monjes trapenses del monasterio de San Isidro de Dueñas (Palencia), fue adquirida, en 2013, por el Grupo Europraline "y, desde entonces, ha seguido un nuevo rumbo marcado por tres pilares fundamentales: innovación, estilo y conciencia social y medioambiental, así como por una fuerte inversión: más de 30 millones de euros hasta el momento en equipo, industria e I+D+i", subrayan sus actuales propietarios.

Otra historia

Desde ese año, el objetivo de Grupo Europraline ha sido someter a Trapa a un intensivo proceso de renovación y modernización, con la innovación como base.

"Durante los cincos últimos años, la empresa ha crecido ejercicio tras ejercicio hasta casi multiplicar por seis su volumen de facturación. En 2013, la cifra de ventas fue de 2,3 millones de euros mientras que, en 2018, alcanzó los 12 millones de euros de facturación, lo que supone un aumento del 50% respecto a 2017. El aumento de ventas durante el pasado año ha sido de un 44% dentro del territorio nacional y de un 58% fuera de nuestras fronteras, donde cuenta ya con presencia en más de 50 países, siendo Asia y Oriente Medio sus principales mercados".

Fuerte inversión

En palabras de sus propietarios, "estas cifras de éxito se deben a la inversión realizada por la empresa, que ha visto crecer su plantilla hasta alcanzar los 150 trabajadores fijos (más del doble de los que había en 2012) y mejorar sus procesos e instalaciones, hoy más eficientes y sostenibles".

La fábrica, inaugurada en 1964, se ha ampliado y modernizado en los últimos tiempos y su porfolio, con cerca de 300 referencias, "responde a nuevas formulaciones, inspiradas en la artesanía y el savoir faire de los 128 años de historia de la marca, pero adaptadas a las demandas del consumidor actual".

Diseño, sabor y sostenibilidad "son los puntos en común de una gama de productos 100% libres de gluten, grasas hidrogenadas y ácidos grasos trans, entre los que destacan sus bombones cortados (que fueron los primeros bombones que se elaboraron en España, en 1969), los Bombonísimos (sin aceite de palma y de un gramaje superior al del clásico bombón belga), sus tabletas de chocolates con Stevia, sus bombones sin azúcar y sin grasa de palma, su chocolate en polvo (que se presenta en una lata gourmet de diseño vintage), la gama de tabletas Intenso y las gamas TrapaKids y Trapamilk (también sin aceite de palma), especialmente pensadas para los más pequeños de la casa", enumera la marca.

Desde la empresa, que cuenta además con una red propia de más de 120 distribuidores en España "y una moderna tienda online, hemos conseguido ser la empresa chocolatera más moderna de España y la cuarta de Europa y nuestro objetivo a corto plazo es ser un referente en la industria". Para ello, tienen previsto invertir unos 10 millones de euros en I+D+i en los próximos cinco años.

¡Muy lejos, demasiado, queda ya aquella escena!

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