Rigor científico para perder peso

La nutrición, la estética y el fitness facturan en nuestro país 7.000 millones de euros al año: 2.500 millones el primero, 2.500 el segundo y 1.500 el tercero. Y, sin embargo, los valores de sobrepeso siguen creciendo. “Algo funciona mal”. Ése es el punto de partida de una spin-off de la Universidad Politécnica de Madrid que propone rigor científico para perder peso.

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De izquierda a derecha, Javier Butragueño, junto a Marco Fernández Nicolás Bavaresco, otros dos de los promotores de este proyecto.

Reconocemos que huímos como de la pólvora de cualquier negocio vinculado a las dietas, como huímos espantados de la estética y del fitness –este último porque es un mercado saturado–. Pero hay ocasiones en las que, si la empresa lo merece, hacemos la vista gorda. Es el caso de Pronaf, una empresa que propone rigor científico para modificar estilos de vida y perder materia grasa, que no peso, que es lo que es perjudicial para la salud.

¿Por qué les hemos escuchado? Porque es una spin-off del INEF y la Universidad Politécnica de Madrid; porque han estado probando en laboratorio su sistema durante cinco años para el Ministerio de Sanidad con un 84% de éxito –el 84% de las personas que han pasado por el programa mantenían su nuevo peso... ¡al año!–; porque trabajaron con 250 personas, pero había 2.500 candidatos interesados, y porque no han salido a buscar capital riesgo como locos para abrir 100 centros propios y arrancan con locales piloto. Además, no son ni un gimnasio, ni un centro de estética, ni una consulta de nutrición, sino todo lo contrario. Son una empresa de formación para modificar hábitos de vida, con patentes en curso para software y materiales.

“Sabemos que hemos tenido éxito en el proyecto de laboratorio, pero en nuestro primer año queremos constatar que también hay una demanda real en la sociedad y si están dispuestos a pagar lo que vale y qué resultados tiene”, reconoce Javier Butragueño, uno de los promotores del proyecto, que arranca con dos servicios: uno para modificar hábitos y otro para tratar patologías asociadas a la obesidad.
“Ahora no tenemos que seguir los parámetros estrictos de un laboratorio y un estudio, sino que podemos modificar intensidades, porcentajes... Para el primer año hemos llegado a acuerdos con centros piloto para convertirnos en un sello de calidad y ayudarles a llegar a un segmento de población al que no llegan. Una persona que tiene sobrepeso no va a un gimnasio...”, continúa este emprendedor.

¿Lo más complicado?

“El problema más grande es el precio. Estamos trabajando con financieras para ver cómo solucionarlo. En comparación, es más barato. Piensa que un balón intragástrico cuesta 6.000 euros y que muchas empresas cobran 400 euros mensuales para las dietas. Y la gente lo paga. ¿Y tienen resultado? A corto plazo. Y luego vuelven a gastarlo. Cuatro meses de dieta les cuestan 400 euros: 1.600 euros año. A los dos meses recuperan, y vuelven. Otros 1.600 euros...”, argumenta.

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