Crusoe Treasure envejece sus vinos a 20 metros de profundidad

Crusoe Treasure ha demostrado que la evolución del vino sumergido es muy diferente de la que tiene el mismo caldo si envejece en tierra. Pero no se limita a meter botellas bajo el mar, sino que crea sus vinos de principio a fin, desde la selección de la uva hasta la elaboración en bodega de vinos de la mejor calidad.

 Borja Saracho
Crusoe Treasure

De vender material de submarinismo a crear una bodega que envejece sus vinos en el fondo del mar. Éste ha sido el camino que ha seguido Borja Saracho, fundador y general manager de Crusoe Treasure, un proyecto comenzó a gestarse en 2008. “Por aquel entonces, se habían recuperado botellas de vino de barcos hundidos. Yo llevaba algún tiempo pensando en la posibilidad de estudiar si el mar aportaba algo al vino, porque las botellas rescatadas se habían subastado por mucho dinero”, comenta.

Ese fue el germen de Crusoe Treasure. “Creamos un laboratorio submarino de enriquecimiento de bebidas. Conseguimos una concesión de fondo marino para colocar nuestras estructuras, unas piezas de hormigón que protegiesen las botellas de los golpes de mar y donde colocar sensores. No nos llamábamos bodega ni pretendíamos serlo. Metimos botellas de prácticamente todas las denominaciones de origen de España. Nos las enviaban las bodegas y los enólogos venían a catarlas cada tres meses”, apunta.

Los primeros resultados no fueron halagüeños. “Con tres meses bajo el mar, los enólogos no notaban diferencias”, afirma. Todo cambió a partir de los seis meses. “Eran distintos. En catas ciegas, más del 90% de los enólogos preferían el vino sumergido frente al mismo vino ‘terrestre’”, explica.

Tras este periodo de pruebas, Saracho se puso en contacto con el enólogo Antonio Palacios. “Tiene el mejor laboratorio de Europa de microbiología para vinos. Es un referente en el sector. Él no creía en esta historia de los vinos bajo el mar. Pensada que era sólo marketing, así que le envié unos vinos para que los catase. Me llamó a los pocos días. No se lo podía creer. Vio que había un montón de cambios químicos respecto al vino ‘terrestre’. Nos conocimos, hubo feeling y empezamos a crear la marca”, comenta.

Los primeros vinos

La compañía siguió haciendo estudios y seleccionó algunos tipos de uva para elaborar sus primeros vinos tintos. Lanzó algunos caldos ‘experimentales’ en 2010, pero los primeros vinos comerciales llegaron en 2013, elaborados en bodegas de Rioja y Ribera del Duero. “Me puse a recorrer el mundo con las dos botellas bajo del brazo. Nuestros precios estaban cerca de los 200 euros por botella, pero lo vendíamos bastante bien. Además, nos presentamos a dos concursos internacionales y ganamos medallas con ambos vinos”, recuerda.

Los buenos resultados impulsaron el lanzamiento de sus vinos a gran escala, ya en 2017. Crusoe Treasure comenzó a firmar acuerdos con viticultores de toda España. Aunque la empresa no cuenta con bodega propia, está involucrada en todo el proceso de vinificación, con sus propios enólogos -con Palacios a la cabeza-, que crean vinos pensados para evolucionar bajo el mar.

Trabaja con diez variedades de uva, una selección de las empleadas más habitualmente, como tempranillo, syrah, tinta fina, garnacha, albariño, viognier, etc. Sus expertos eligen la uva en el área de sus viticultores. Actualmente, tiene tres bodegas asociadas, que elaboran los vinos según sus directrices. Después, se bajan a la bodega submarina, donde pasan un mínimo de seis meses.

Una experiencia única

“Tenemos diez referencias. Ocho están comercializándose ya y otros dos están a punto de salir”, detalla Saracho. Entre sus vinos hay tanto tintos como blancos. La bodega tiene una producción anual de 25.000 botellas/año y sus productos están en una horquilla que va desde los 55 euros hasta los 115-120 que cuestan algunos de los packs que incluyen dos botellas del mismo vino: una ‘atesorada’ bajo el agua y la otra envejecida durante el mismo tiempo en la bodega en tierra.

Esa es una de las claves de Crusoe Treasure: la experiencia del consumidor. No sólo ofrece un vino, sino una experiencia única. “Vendemos packs que dan la oportunidad de comparar un vino nuestro sumergido y sin sumergir”, puntualiza su fundador. La presentación también contribuye a dicha experiencia. Las botellas envejecidas bajo el agua llegan tal y como salen del mar, con toda la materia que se haya adherido. También se ha diseñado un original packaging y el vino se acompaña de un cuadernillo explicativo.

Hasta ahora, su público objetivo han sido los amantes del vino, con conocimientos y que querían probar cosas. Sin embargo, Saracho asegura que está cambiando. “Con internet, cada vez tenemos una horquilla más amplia. Se trata de un cliente de 35 a 55 años, con una posición económica elevada, al que le gustan las nuevas tecnologías, amante de las marcas y del diseño, que disfruta de comer bien, viajar...”, especifica.

Nueva vida bajo el mar

Sus vinos se ‘atesoran’ en una bodega-arrecife artificial de 500 metros cuadrados a 20 metros de profundidad en la bahía de Plentzia (Vizcaya). Esta estructura protege las barricas y botellas, a la par que cobija los sensores necesarios para controlar diferentes parámetros.

Pero ha tenido un interesante efecto colateral. “Da cobijo a unas 1.500 especies marinas porque actúa como arrecife artificial. El Mar Cantábrico es muy bravo. Donde estamos, el fondo marino cambia aproximadamente cada tres meses. Los peces no se quedan, ya que primero hay piedra, luego arena... Nuestra infraestructura está permanente y no cambia, por mucho que vengan arena o temporales, por lo que esa fauna ha buscado refugio allí. Es muy bonito ver cómo va creciendo la vida ahí”, explica Saracho.

“Estamos en una línea de ir duplicando la facturación año a año”, asegura el general manager de Crusoe Treasure. Así, la compañía espera facturar alrededor de un millón de euros en 2019. Actualmente, elabora unas 25.000 botellas al año, exportando el 85% de su producción.

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