Historias curiosas y anécdotas divertidas contadas por emprendedores en primera persona

Los anales empresariales están repletos de anécdotas y relatos divertidos que a menudo no llegan al gran público. En esta ocasión hemos reunido tres historias muy diferentes que es posible que desconozcas.

 
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¿Quién dice que el mundo de los negocios tiene que ser gris y aburrido? A poco que rasquemos quién más y quién menos tiene anécdotas curiosas en su haber. Historias hay muchas. Desde el estudiante holandés Martijn Roordink, quien descubrió que era más productivo durante su viaje de tres horas en tren para ir a la universidad que en la propia aula porque el tren le ofrecía un espacio más abierto, dinámico, donde encontrar historias de todo tipo de personas diferentes. Y así creó Spaces , un gigante del coworking que hoy está en Amsterdam, Londres, París, Milán, Zurich Nueva York, Palo Alto, Melbourne, Sidney, México, Madrid y Barcelona. O Red Hat, la primera empresa de código abierto en alcanzar los 1.000 millones de facturación en 2016 y que el pasado año superó los 2.900 millones de dólares, creada en un cuarto de costura y que debe su nombre al curioso sombrero rojo que llevaba unos de sus fundadores Mark Ewing en la universidad, que le identificaba como una de las personas que te podían ayudar si necesitabas algo.

Ya clásicas son las empresas que nacieron en garajes como Microsoft o Apple, pero, sin necesidad de cruzar el océano, algunas de nuestras gigantes actuales también arrancaron en los salones caseros. En el de Carlos Muñoz, actual CEO de Volotea , empezó, por ejemplo, Vueling , su primera empresa, un mastodonte que hoy factura 2.500 millones de euros. Y también el salón de la casa de su madre fue el primer almacén de las zapatillas que se convertirían en el germen del negocio de los hermanos Cebrián: El Ganso , hoy con sus 150 puntos de venta y sus 70 millones de euros de facturación...

Son numerosas, pues, las anécdotas que jalonan la historia empresarial de aquí y de allá, pero como en estas páginas no nos caben todas, en esta ocasión nos limitamos a destacar tres historias que nos han llamado la atención.

Cesar Redondo
Granjas Redondo

Grupo Granjas Redondo. Huevos al ritmo de Rigoletto

Si hay una granja donde puede decirse que las gallinas están realmente mimadas, ésa es la del Grupo Granjas Redondo : campan a su aire por el campo, cuentan con las mejores instalaciones para sus puestas y escuchan todo tipo de música, desde bandas sonoras hasta ópera o Kenny G. Y hoy sus huevos están en los mejores fogones, desde Casa Lucio hasta los principales hoteles, como el Ritz, y restaurantes de la capital. Incluso se rumorea que llegan hasta la Zarzuela. “En el año 2010 invertimos tres millones de euros en adelantarnos a la normativa de bienestar animal que entraba en vigor en el 2012, de manera que cuando llegó ese año éramos la única marca que lo habíamos hecho y empezaron a llegar los medios de comunicación a interesarse por lo que hacíamos. En realidad, siempre fuimos a la vanguardia en avicultura. Fuimos los primeros en tener gallinas sueltas, de los primeros en gallinas camperas (de hecho, somos la granja campera más grande del mundo) y de las primeras granjas ecológicas (la granja ecológica más sostenible del mundo)”, explica César Redondo, uno de los tres hermanos propietarios de la granja, junto a José Ignacio y Antonio.

¿Y cómo empezó lo de la música? “Un día leí en el Reader’s Digest que estaban haciendo experimentos en Israel con música en gallinas y les ponían hilo musical. Y me pareció interesante. Lo cierto es que, con la música, las gallinas están más tranquilas porque se acostumbran a la voz humana y se sienten mucho más cómodas. Cuando entras en el gallinero no hacen prácticamente ningún ruido y no se alteran. Mi hermano empezó poniendo Kenny G. y les relajaba más. A mí me gusta más la ópera. Ahora hay de todo y las gallinas están bien y relajadas con cualquier tipo de música. No es sólo bueno para la gallina sino también para los trabajadores. Nos preocupamos por el bienestar de las gallinas, de los clientes y de los trabajadores. La gallina es un ser vivo que hay que cuidar mucho. Fuimos los primeros en tenerlas sueltas y soy un convencido de que ése es el futuro. La jaula no desaparecerá del todo, porque no es sostenible que todas las gallinas de Europa estén sueltas, pero sí hay una tendencia clara y las grandes superficies cada vez presionan más en este sentido. Aunque no hay que olvidar que es un 30% más caro producir el huevo de suelo que el huevo de jaula”.

Hoy hay tres empresas dentro del grupo: Granja Montepinar (ecológicos y de jaula), Huevos Redondo (comercializadora) y Avícola Redondo (campero, ecológico, suelo y razas puras), que facturan 10 millones de euros en total y que sacan 200.000 huevos diarios, que se van casi en su totalidad a Madrid. “El espaldarazo vino con la reconversión hacia el bienestar animal, pasamos de cinco personas a las 30 de ahora”.

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The cool cactus. Calzoncillos también para ellas

Lo sorprendente de los calzoncillos de The Cool Cactus no son sus simpáticos estampados, que sí; ni sus llamativos colores, que también. Sino que muchas mujeres los han adoptado como pantalones de playa, convirtiéndose así en un importante público objetivo. “Desde el minuto uno, las mujeres siempre formaron parte de nuestro mercado y de hecho en nuestras sesiones de fotos, redes sociales, y publicidad incluimos modelos femeninas luciendo nuestras prendas, pero lo que no esperábamos es que se convirtiesen en unos clientes tan fieles”, recuerda Luis Aguilar, director de Marketing y socio fundador de la marca.

The Cool Cactus es la iniciativa de un grupo de cuatro amigos, “compañeros de colegio, que siempre quisimos montar algo juntos. Tomando unas cañas nos dimos cuenta de que estaba habiendo una auténtica revolución en el mundo de la moda, sobre todo en todo lo relacionado con los accesorios: gafas de sol, calcetines, camisas... Y empezamos a darle vueltas a qué podíamos sacar nosotros. Una de las cosas que hacíamos juntos era jugar al fútbol y, al cambiarnos en el vestuario, comprobamos que todos llevábamos los mismos calzoncillos, los antiguos bóxer, hoy llamados sueltos, y que la única variedad eran las rayas y los cuadros. Y empezamos a pensar en cómo revolucionar el mundo del calzoncillo. La idea era darle colorido e incluir estampados simpáticos. Así nació en 2016 The Cool Cactus: calzoncillos “sueltos” 100% algodón, cómodos, con colores divertidos, estampados con diseños propios y exclusivos”. La sorpresa vino después, cuando comprobaron que las chicas, además de ser las compradoras de los calzoncillos de sus parejas, a las que luego se los “robaban” para ponérselo ellas, se los compraban directamente para ellas. “A nivel online vimos que compraban habitualmente packs de tres: dos L o M y uno S, que era para ellas mismas.” Pero no quedó ahí la cosa: “cuando fuimos a Guadalmina vimos a muchas chicas que usaban nuestros calzoncillos para ir a la playa, al chiringuito, al paseo marítimo... Es decir, se los ponían como pantalones cortos totalmente visibles porque les gustaban tanto los colores como los estampados, como los de la última colección realizada en colaboración con Mahou”.

El pasado verano lanzaron su cuarta colección en colaboración con Mahou y apostaron también por una línea de bañadores y una colaboración con Algo de Jaime y ahora, en Navidades, sacarán la quinta colección. En total, 25.000 calzoncillos y 1.000 bañadores vendidos y, aunque el grueso de su distribución es online, cuentan con más de 50 puntos de venta por toda España.

Paco Muro
Otto Walter

Otto Walter. El “Juan Pérez”austriaco

La elección del nombre de la empresa o de la marca es siempre una cuestión peliaguda. Debe representar los valores de la firma, identificarse con la filosofía de los fundadores y simbolizar lo que se quiere vender. Pero, a veces, dependiendo del momento histórico en que se vive, debe también tener unas reminiscencias inesperadas, normalmente extranjeras. En 1994, se creó Otto Walter, fruto de la iniciativa de tres consultores, Paco Muro, Vicente Contreras y Fernando Santilán, que decidieron hacer las cosas de otra manera. “Éramos compañeros en una consultoría y buscábamos especializarnos, pero nadie en la compañía quería escuchar nuestras ideas, así que decidimos hacerlo nosotros por nuestra cuenta con el compromiso de que no nos llevaríamos los clientes. Contamos con el apoyo de un grupo de empresas para lanzarnos y dimos el paso”. Y ahí es cuando surgió la necesidad de escoger una marca. “Observando el mercado vimos que las consultorías especializadas tenían siempre nombres de personas y, dependiendo del área, eran franceses o anglosajones, como Deloitte, McKinsey, Price Waterhouse Coopers, Arthur Andersen... Nosotros nos especializábamos en comportamiento y las principales corrientes del comportamiento estaban en Austria y Alemania, así que pensamos que teníamos que coger un nombre de esa filiación. Vicente entonces se acordó de que el suegro de Fernando era austriaco y que se llamaba Otto Walter. Otto Walter en Austria es como Juan Pérez aquí, pero para nuestros efectos nos valía. Así que apostamos por ese nombre. Como acababa de morir, le pedimos permiso a su viuda para utilizar el nombre y así fue como nació Otto Walter, con la idea de darle un toque europeo que se alejase del aire anglosajón. Y dimos en el clavo porque era exactamente la imagen que buscábamos. Hoy, 24 años después, ya podríamos cambiar el nombre, pero ahora ya no nos lo planteamos. Cuando salimos a Portugal e Italia la marca funcionó muy bien, pero en Latinoamérica no entendían que nos hubiésemos puesto un nombre alemán para parecer más europeos porque para ellos somos igual de europeos que los alemanes”, recuerda hoy Muro, presidente ejecutivo de la firma y el único de los tres fundadores que sigue en activo: “Mis dos socios se jubilaron hace muchos años porque eran más mayores que yo”.

Ahora mismo ya son una multinacional, con franquicias en Italia y Portugal y delegación en Colombia, que factura dos millones de euros y que ya ha formado a 40.000 profesionales en más de 30 países. Todo ello gracias a un equipo de 10 consultores seniors y un equipo de soporte de 20 personas.

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