Cinco empresas que rompen barreras

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Con Mobile Accesibility, Eduard Sánchez hace accesible el móvil a los invidentes (arriba). Inclusite es el interfaz desarrollado por la empresa que dirige Alberto Ramos (abajo). Pedro Palomo y Josemari Arrazola han desarrollado un kit de luces infrarrojas para ELA (centro).

Code Factory

Smartphones para quien no puede ver

Los primeros modelos de móviles no permitían cargar programas. Sin embargo, en torno a 2002 empezaron a lanzarse teléfonos sobre los que cualquier desarrollador podía diseñar una aplicación e incorporarla al aparato. La empresa Code Factory se lanzó a investigar esa posibilidad, y en 2003 lanza Mobile Accesibility, un programa para llevar el teléfono móvil a la población ciega.

Qué ofrecen. Antes de ello, la empresa había empezado creando videojuegos para personas invidentes. Según recuerda su fundador, Eduard Sánchez, “era todo basado en sonido; les enseñamos una demo a la ONCE, les gustó y financiaron el proyecto”. Este ingeniero informático y su hermano y socio empiezan así una colaboración con esta asociación que llega hasta hoy. Gracias a ella, conocieron “la necesidad no cubierta de que las personas ciegas pudieran usar un móvil”. Code Factory decide volcarse en este mercado, concretamente en la gama de los smartphones y PDA, con aplicaciones para Android. “Básicamente –apunta–, nuestro trabajo es hacer que lo que sale en pantalla se pueda oír por voz”. Poco a poco, han ido desarrollando otros productos que venden en packs conjuntos, como un reconocedor de colores para móviles o un magnificador de pantallas para gente con dificultades de lectura.

Implantación. En el momento del lanzamiento del Mobile Accesibility, la ONCE se implicó muy activamente con el producto (“lo consideraban en cierto modo un momento histórico”). Esta aplicación que, según Sánchez, “fue la primera que permitió el acceso de los invidentes a teléfonos de una gama normal”, tuvo un rápido éxito. Pronto se empezó a vender fuera: Francia, norte de Europa, Estados Unidos, etc. Hoy día, el programa se distribuye en 53 países.

CSD

Webs que se amoldan al usuario

Llevaba años diseñando soluciones tecnológicas, cuando CSD se dio cuenta de que la brecha entre los contenidos de la web y la necesidad de información accesible por la población con discapacidad “era un nicho de oportunidad importante”, tal como confiesa Alberto Ramos, Gerente de Negocio y Organización de la empresa.

Qué ofrecen. El proyecto se ha concretado en Inclusite, un interfaz que se monta sobre la web cliente de forma que no necesita modificar su diseño. La persona con discapacidad tampoco precisa instalar ningún software. “Con un ordenador de gama media y los periféricos que suelen tener, como teclado y micrófono, se puede navegar”, señala el director de Innovación y Tecnología de CSD, Sebastián Rodríguez.

La manera en que se estructura la información (en etiquetas dinámicas) permite distintos modos de navegación: las personas que no puedan usar el ratón, hablarán a la interfaz para activar los menús. Quienes tengan además impedida el habla, pueden navegar soplando en el micrófono con distintas intensidades; aquellos con problemas de visión usarán el teclado para escuchar el contenido o verlo amplificado.
Implantación. Una vez que tengan clientes suficientes, la idea es crear un portal que sirva al discapacitado como punto de entrada para todas las webs accesibles que usen la aplicación.

Inclusite ya ha sido adoptado por el Ayuntamiento de Córdoba, Ivadis o la asociación Cocemfe, aunque en esta fase el trabajo de CSD se centra en darlo a conocer entre potenciales interesados y, en los próximos meses, cerrar contratos con unas 25-30 empresas-target. El mayor esfuerzo de marketing se está haciendo en países europeos como Alemania, Reino Unido o Dinamarca, “donde –comenta Ramos– existe mucha sensibilización respecto al acceso a la tecnología de las personas con discapacidad”.

Iriscom

Comunicarse con los ojos

Esta empresa se dirige a los enfermos de esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Para quien sufre la pérdida progresiva de las funciones musculares que provoca, manejar un ordenador o acceder a Internet puede significar la única vía de relacionarse con su entorno. Josemari Arrazola conocía esa realidad a través de su mujer, que falleció víctima de la enfermedad. Como presidente de la asociación de ELA en el País Vasco, sabía que “esa pérdida de la capacidad de comunicación” era el mayor problema para los enfermos, y en 2003 se lanzó a buscar una solución.

Qué ofrecen. Trabajando junto a su amigo el informático Pedro Palomo, dio con una tecnología del ejército de Estados Unidos pensada para los pilotos de cazas. Adaptándola a sus necesidades, han desarrollado un kit con luces infrarrojas que, conectado al ordenador, permite a los afectados de ELA u otras parálisis manejar el equipo con el movimiento de sus pupilas. Así pueden entrar en Internet, escribir, chatear...

“Ahora mismo podemos decir que tenemos un sistema francamente competitivo”, señala Arrazola, quien desde principio tenía clara la necesidad de que el proyecto “fuera absolutamente profesional”. Aparte de ofrecer el producto, la empresa se encarga de su instalación in situ, de formar en su manejo, del acompañamiento posterior e, incluso, de ayudar al cliente en la búsqueda de financiación. Arrazola confiesa que gran parte de su tiempo se va en localizar recursos para costear el servicio (el precio es de unos 9.000 euros).

Implantación. Tras un fallido intento de asociación con una empresa de Arizona, Iriscom contactó con la Universidad Pública de Navarra en la que también se estaba trabajando en temas de vídeo-oculografía. Esta alianza sí cuajó y por esa vía tuvieron acceso a unas primeras subvenciones del Ministerio de Industria. Gran parte de las ayudas conseguidas han venido precisamente por el I+D.

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