Husk: Regenerar el suelo a través de las cáscaras de arroz

Husk Ventures es una empresa social y negativa en emisiones que se mueve dentro de la economía circular. Solucionan la problemática que plantean como residuos la cáscara de arroz convirtiéndolo en biocarbón para mejorar la fertilidad del suelo y los rendimientos de los agricultores.

Fundadoras de Husk Ventures
Husk Ventures

Para entender el alcance de lo que proponen en Husk Ventures hay que hablar primero de lo que Carol Rius, CFO y cofundadora, junto a Heloise Buckland, CEO, califica de “círculo vicioso”. Por un lado, la actividad agrícola es causante de más del 26% de las emisiones que producen el efecto invernadero debido al abuso de fertilizantes y pesticidas. Por otro lado, la utilización de estos componentes erosionan de forma progresiva el suelo, de manera que los mismos agricultores degradan cada vez más su principal recurso. La tercera pata corresponde al cambio climático, al cual tienen que hacer frente los agricultores para adaptarse a la incertidumbre que generan los fenómenos meteorológicos extremos y que hacen menos predictiva su actividad.

Ante éste escenario, en Husk ponen el foco en el arroz, dado que es un alimento básico para el 60% de la población mundial y con una demanda creciente. Según algunas estimaciones barajadas por la startup, “se espera que llegue a 10 mil millones de personas dependiendo del arroz como su principal fuente de alimentos para 2025. Hoy en día 1,5 mil millones de personas dependen de la producción de arroz para sus ingresos, y más del 50% son mujeres, a menudo ganan menos de 3 USD por día”.

La solución que proponen para una problemática tan compleja como la descrita, la encontraron las responsables de Husk tras realizar numerosas investigaciones y viajes por distintos países del mundo. Así es como se dieron cuenta del problema que representa para países como India o Camboya, grandes productores, la cáscara del arroz como desecho dado que, además de ser muy contaminante, supone el desaprovechamiento del 20% de su producción.

Actualmente, la mayor parte de la cáscara de arroz se quema (para su eliminación o combustible) o se deja descomponer, liberando gases de efecto invernadero. La idea concebida por el equipo de Husk consiste en aprovechar este desecho y devolvérselo a los pequeños agricultores transformado en biocarbón, también conocido como biochar. El biocarbón es un producto que puede ser obtenido donde hay suficiente biomasa disponible, como la que genera el arroz. Aplicado a la tierra, es un sustrato que mejora la estructura del suelo y su capacidad para absorber nutrientes, retener agua y, en consecuencia, aumentar su productividad. También sirve para producir pellets como biocombustible que pueda utilizarse en fábricas textiles. A convertir la cáscara de arroz en este nutriente de cero emisiones y a hacer de un residuo, un nuevo recurso es a lo que se dedican en Husk.

La creación de un mercado nuevo y negativo en emisiones

Como empresa de agrotecnología, Husk Ventures nace en 2017, pero no se materializa hasta 2019, en el seno de Climate-KIC Accelerator en España, una de las comunidades de conocimiento e innovación en la acción climática más importante creada a partir del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología.

Cuando entraron en el programa de Climate-KIC la empresa se hallaba todavía en fase de prototipado y buscando financiación para poder llevar a cabo un piloto. Ahora, superada la primera y la segunda fase del programa de aceleración, Husk Ventures tiene el foco en el biocarbón foco fuente de energía y nutriente para la tierra y dispone ya de su propia planta de producción de biochar ecológico -negativo al carbono- en Camboya, asequible y de comercio justo llegando a los agricultores a través de redes de distribución rural y cooperativas de productores.

En un modelo B2B la empresa cuenta ya con cerca de 30 clientes ha quienes han vendido 60 toneladas de biocarbón y 500 litros de pesticida ecológico. Esto permite afirmar a Carol Rius: “hemos creado un mercado nuevo dentro de la economía circular que, además, es negativo en emisiones. Esto es muy relevante y ese es nuestro principal valor diferencial”, subraya.

En lo que respecta a su estancia de 9 meses en la aceleradora de Climate el equipo de Husk se siente agradecido no solo al equipo de mentores y a la ayuda económica, sino también a su papel como acicate para acelerar el proyecto y hacerlo visible a otros inversores. Ahora dicen estar en posesión de un modelo de negocio diseñado para escalar y ser replicado.

Como hitos principales cumplidos en 2019 destacan: “hemos sido capaces de demostrar que se puede producir y vender biocarbón, de crear un canal de distribución y tener un modelo de negocio definido y viable”. Y aunque no son pocos los logros alcanzados, la fundadoras de Husk no se dan por satisfechas dado que, en su planes para 2020, entran ampliar de forma notable la producción adquiriendo nueva tecnología y lanzarse a la producción a gran escala. Para ello irán a una ronda de financiación con la que esperan conseguir entre 700.000 y 1.000.000 de euros.

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