Aviones no tripulados

Los drones, esos aviones no tripulados que han protagonizado alguna película, están llamados a ser una de las grandes industrias del siglo XXI, con crecimientos anuales del 11% en los próximos años. Pero, pese a que en España el INTA fue pionero en el desarrollo de los llamados UAVs (Unmanned Air Vehices) en los 90, la industria española sigue en estado embrionario.

La mayor parte del sector, desde Indra a Aries, obtienen el grueso de sus ingresos de Defensa y de proyectos públicos o europeos en torno al INTA o a EADS-CASA, que desarrolla sistemas de alta capacidad como el Talarion o el Atlante. Unos proyectos, hasta ahora, sin mucho éxito práctico.

Cuando quiso adquirir cuatro UAVs para Afganistán, Defensa no eligió el SIVA de INTA, sino que se decantó por el Searcher MK, de la israelí IAI. Lo mismo pasa en otros países europeos. No extraña que Israel y EE UU, los dos grandes fabricantes, copen la casi totalidad del mercado mundial. Una fuente próxima a INTA reconoce que “hace años España fue el tercer país del mundo en UAVs y sigue teniendo un potencial tremendo, aunque no tiene un producto propio de alta capacidad porque aquí no ha habido un apoyo serio (a través de compras) a nuestros productos”.

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En los últimos años, empresas como Indra, SCR o UAV Navigation han iniciado la fabricación de minidrones para usos militares y civiles. El problema es que los pedidos de las Fuerzas Armadas se han parado por falta de presupuesto y el mercado civil está parado por la falta de regulación que permita el vuelo de estos aparatos. Los minidrones de UAV Navigation vendidos a la Policía y a Iberdrola no operan por estas razones. Se teme, pues, que, ante tamañas dificultades, nuestra pequeña industria de UAVs no logre despegar y acabe por quedarse varada en la pista.

Datos destacados

Inversión: Se prevén crecimientos anuales del 11%.
Futuro incierto: Los princiales clientes son proyectos públicos y Defensa.

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