¿Hacia dónde va este mercado?

Se definen como boutiques profesionales que combinan la modernidad y el diseño de sus despachos con la prestación de servicios similares a las grandes firmas de abogados, pero con un servicio más personalizado.

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Juan Bezares, fundador y socio de Tribeca Abogados: “Una vez que consigues un cliente, lo importante es el servicio que das y no tanto la marca”

Servicios especializados con menor estructura

Provienen de dos de las grandes firmas de abogados españolas. Se independizaron con la idea de dar el mismo servicio de calidad, pero con menos estructura y a precios más competitivos.

No queríamos montar un pequeño despacho que se dedicara a las áreas tradicionales de los despachos unipersonales, sino dar servicios muy especializados como los grandes”, explica Juan Bezares, uno de los cuatro socios de Tribeca Abogados (www.tribeca-abogados.com).

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Estos profesionales, que procedían de dos de las grandes firmas de abogados españolas, querían replicar lo que habían aprendido en esos despachos, “pero con una estructura mucho menor. Nuestra mayor incógnita no era si íbamos a poder vivir de ello, que estábamos seguro de que sí, sino si realmente íbamos a poder conseguir clientes a los que prestar este tipo de servicios”, confiesa.

Servicio personalizado
Con el tiempo han visto que sí. De hecho, “ya somos cuatro socios –empezaron tres– y 11 abogados. Tenemos clientes pequeños, pero hemos crecido con operaciones de mayor tamaño. Estamos especializados en áreas. Y, al igual que en cualquier despacho grande, tenemos un abogado experto que lleva el caso directamente; algo que los clientes echan mucho de menos cuando contrataban a un gran despacho, donde el socio que tiene el primer contacto con el cliente no puede seguir toda la operación por carga de trabajo. Llevamos el control de la operación desde el principio hasta el final”.

Bezares afirma que, antes de la crisis, su principal barrera de entrada era no tener marca. “Nos ayudaba nuestra procedencia, pero había ciertas empresas en las que al directivo que nos iba a contratar le suponíamos un problema porque no teníamos marca. Con la crisis, se ha dado la vuelta a la tortilla, y los clientes nos han dado la oportunidad, porque tenemos unos costes fijos que son más bajos que los de un despacho grande, lo que nos permite ajustar precios muy competitivos. Conseguimos crear una relación más directa y personal con el cliente”.

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