‘Hoy no cocino yo, sino mi adorable vecina’

La idea se me ocurrió hace un par de años”, recuerda un jovencísimo Olivier Desmoulin. “Volvía del trabajo y tenía hambre, pero vivo solo y no me apetecía ni tener que cocinar ni optar por comprar la clásica comida basura de camino a casa. Entonces, pensé que debía haber un montón de gente que debía estar cocinando la cena en ese mismo momento: ¿por qué no poner en contacto a los hambrientos con los que estén cocinando para que estos les vendan una ración?”, añade Desmoulin.

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Así es como nació Supermarmite en 2010, y sin capital inicial de inversión. “Hablé de la idea con varios amigos y tuve opiniones positivas y negativas, así que decidí que la única manera de saber si la cosa iba a funcionar era lanzar un prototipo”, explica este emprendedor. Y dicho y hecho, arrancó en octubre de 2010: “Tuvimos mucha cobertura de los medios de comunicación y ganamos el prestigioso premio para startups leWEB10 (http://www.leweb.co/)”, dice Desmoulin, que cuenta por el momento con 1.300 usuarios y que se siente orgulloso de contribuir a promover una manera de consumo de alimentos muy diferente.

Modelo de negocio ‘premium’
Por el momento, el servicio es totalmente gratuito y muy sencillo de usar. Entrando en la página web y poniendo la localidad parisina en la que te encuentras puedes ver qué platos hay en oferta y sus precios. Una vez que te decides por alguno, lo compras y cuando vas a recogerlo, pagas en efectivo al chef. “Aunque todavía es muy pronto creo que podremos generar unos ingresos de unos dos millones de euros anuales cuando introduzcamos una opción premium, por la que sí habrá que pagar, y que ofrecerá extras tanto a los
que cocinan como a los que disfrutan de la comida”, concluye este emprendedor.

www.super-marmite.com

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