Ni blanca, ni negra: gris

Hay muchas fórmulas para desarrollar productos para terceros: con su nombre, en la sombra; bajo una marca blanca, también en la sombra; y ahora con su nombre y con el tuyo. ¿Te interesa?

Existen las marcas negras, las marcas blancas y, sospechamos, ahora también las marcas grises, ni blancas ni negras, sino con tonalidades grises, como la vida misma. Nos ha puesto sobre la pista de esta tendencia InQBarna, una empresa de Barcelona que diseña aplicaciones para todo tipo de dispositivos móviles propias y para terceros.

Son los autores, entre otras, de Deej, una aplicación de pago que convierte una tableta en una mesa de mezclas profesional y que lleva acumuladas más de 200.000 descargas.

Pues bien, Ignacio Sáchez, uno de sus seis fundadores, nos contaba, hablando sobre desarrollos para terceros, que “cuando lanzamos nuestra aplicación, nos contactó un fabricante de mesas de mezclas. Querían que nuestra aplicación funcionara con una pieza de hardware que habían ideado para pinchar con una minimesa en un iPad. Diseñamos una versión gratuita de nuestra aplicación DeeJ para ellos, limitada a una serie de usos y si le interesaba al usuario, se pasaba a nuestra versión de pago”. ¿Funcionó? “Triplicamos las ventas”.

El paradigma del trabajo bien hecho

Hablar cuatro años después de dos millones y medio de descargas de los productos (apps) que desarrollas, de reinvertir beneficios, de desarrollar aplicaciones para el Barça, de traducirlas al coreano y al japonés, de dejar un vivero (Barcelona Activa) e irte a Palo Alto (la fundación barcelonesa) suena bien, pero ¿cómo empieza una empresa que consigue todo eso? “Como casi no había aplicaciones cuando arrancamos, nos pusimos a pensar en lanzar alguna aplicación propia y ver cómo funcionaba la AppStore. Pensamos en algo multimedia. Como soy aficionado a la guitarra, se me ocurrió que nos pusiéramos manos a la obra con un afinador de guitarras (Tunertool). Queríamos ver cuánto tiempo se tardaba en desarrollar una aplicación, qué pasaba cuándo se publicaba, qué reacciones tenía, con qué precios... Queríamos hacer una prueba de concepto. Funcionó y comenzamos a centrarnos en desarrollos propios, aunque sin descar-tar trabajos para terceros para financiarnos. De un 20% propio y un 80% externo hemos pasado a casi un 80%-20%”, explica Ignacio Sánchez, uno de sus fundadores.

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