Nuevo filón para las pymes: la alimentación con valor añadido

Flores caramelizadas, chimichurri de alas o gin-tonic con frambuesa liofilizada. Sorprender se ha convertido en una poderosa ventaja competitiva en la industria agroalimentaria, pero no es la única. Alargar la conservación, mejorar la tecnología o comunicar con eficacia son otras claves de éxito. Innovación manda.

"La vida es tan amarga que abre a diario las ganas de comer". El comentario del cáustico Enrique Jardiel Poncela mantiene hoy toda su vigencia.

Cada español gastó en alimentación 1.468,10 euros el año pasado, 7,72 euros más que en 2011. Una cifra que hay que leer en un contexto de fuerte contención del gasto de las familias. Por ejemplo, en la alimentación fuera de casa la caída fue del -4,1%, siempre según datos del Panel de Consumo Alimentario del Ministerio de Agricultura.

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El consumo de alimentos se hace fuerte en la intimidad del hogar por lo que la pyme parece tener en esa despensa su meta. Y no sólo la española. La innovación es una gran tarjeta de presentación para la exportación, un objetivo habitual en estos modelos de negocio: su propia especialización, muchas veces de nicho, obliga a ensanchar el mercado. Empeño en el que juega a favor la buena reputación de nuestros productos, la industria mejoró en un 9,40% sus ventas en el exterior el año pasado.

La visión global es una de las premisas de estas empresas dispuestas a romper cánones a través de su innovación. Una raza empresarial que comparte una manera de hacer negocios.

Mejor acompañado
Convertir la I+D+i en estandarte de una empresa agroalimentaria es costoso y lento. Ante estos dos factores desalentadores se impone la cultura de colaboración. La universidad y los centros de investigación son los principales aliados, y más cercanos de lo que muchas veces se supone.

“Las pymes ven los centros tecnológicos alejados de su realidad, una visión que les impide aprovechar unos recursos muy importantes”, explica Manuel Lainez, director del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentación (INIA). Pero también es necesario colaborar con otras empresas del sector y con los proveedores.

El segundo reto es asentar en el tiempo esta cultura de I+D+i. “La empresa inmersa en un proceso de innovación permanente no sólo es más longeva sino que vende más”. Así lo cree Lainez, quien sí percibe este esfuerzo por innovar que, advierte, debe ser continuado. Un empeño que pasa por disponer de un departamento de I+D+i que va a consumir recursos. Cada empresa acuerda su fórmula, pero se mueve sobre un mínimo del 2% y hasta el 10% de las ventas.

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La divulgación, el peaje
El consumidor no siempre está preparado para recibir la novedad. Sorprender al mercado implica una primera tarea de explicación. Internet puede ser de utilidad, pero cuenta con la insalvable limitación de no poder darlo a probar a los consumidores.

Las ferias, nacionales y foráneas, parecen ser la vía elegida por muchos para llegar al consumidor final. El influyente Salón de Gourmets presenta cada edición cerca de mil novedades en una zona de exposición diseñada a este fin: “La gran empresa tiene sus propios canales para dar a probar el producto, pero la pyme no”, explica Fernando Balmaseda, director de este salón.

La colaboración con cocineros es otra de las vías empleadas por las empresas de este actividad. Según Balmaseda, “el consumidor quiere experimentar pero necesita que el profesional le haga de prescriptor”. La edición de libros, vídeos y folletos de recetarios en colaboración con escuelas de hostelería es otra de las vías para darse a conocer.

Por último no hay que olvidar que la alimentación es uno de los sectores más regulados por lo que la burocracia en materia de analítica y seguridad alimentaria es farragosa y larga.

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