Adaptarse a todas las personas

La cooperativa que ha adaptado textos como la Constitución o el programa político de Podemos a las elecciones europeas quiere llevar la accesibilidad cognitiva a empresas e instituciones públicas y privadas.

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Óscar Pueyo y Raquel Cárcamo, dos de los cooperativistas de este negocio, ganador del premio ‘Por Talento al Emprendedor con Discapacidad’, otorgado por Emprendedores, la Fundación ONCE y el Fondo Social Europeo.

Cuando entramos en la oficina de la Cooperativa Altavoz, un viernes, a punto de empezar las fiestas navideñas, nos encontramos con que lejos de estar en modo festivo como la mayor parte de las empresas españolas, ellos están preparando una auditoría de accesibilidad cognitiva para el Museo Thyssen–Bornemisza. ¿Accesibilidad cognitiva? Piensa en ello durante un segundo: ¿Puede cualquier persona coger un folleto del museo y entender lo que pone? ¿Puede cualquier persona entender la señal ética que indica donde se encuentra tal sala o una salida de emergencia o cualquier tipo de instrucción dirigida a un ciudadano? ¿Puede cualquier persona leer los carteles que explican una obra?

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Especializarse en un nicho de mercado

Hoy en día, la necesidad de garantizar la accesibilidad física está fuera de duda, aunque todavía haya inexplicables carencias, y tanto empresas e instituciones públicas como privadas deben tenerlo en cuenta por ley en cada proyecto que abordan (otra cosa son los resultados). Piensa ahora en todo el camino que le queda por recorrer a la accesibilidad cognitiva. Altavoz es una cooperativa formada por personas con discapacidad intelectual, curtidas en formación y evaluación de calidad de vida, que se ha especializado en accesibilidad cognitiva en espacios, documentos y lectura fácil. Como cualquier otro negocio, ha detectado una necesidad, ha elaborado un plan de negocio –que se apoya en una red de colaboradores externa para no incurrir en gastos fijos innecesarios, cubrir todo el territorio nacional y dejar la puerta abierta a la clonación del modelo en otras ciudades–, ha buscado financiación y ha salido al mercado a vender.

“Tanto la accesibilidad cognitiva como la lectura fácil son las dos líneas a las que le vemos más posibilidades fuera de las organizaciones vinculadas al movimiento de asociaciones de personas con discapacidad. La normativa europea ya apunta hacia la accesibilidad cognitiva, en espacios y entornos y en documentos”, explican Raquel Cárcamo, Esther Muñoz y Arancha Cejudo cofundadores de la Cooperativa Altavoz.

“Cuando, por ejemplo, se ponen en dos montones los programas electorales: uno sin lectura fácil y otro con ella, se acaba siempre antes el segundo. Están viendo que el diseño para todos es más tangible que nunca”, argumentan. Esto lo aprendieron de primera mano en las elecciones europeas, cuando adaptaron los programas de Podemos, UPyD, IU y PSOE.

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“Como cualquier otra empresa nos planteamos: ¿cuáles son las necesidades más importantes? Pero también nos preguntamos: ¿por cuáles nos van a pagar las empresas? Fuimos viendo las que ya tenían demanda y las que eran una necesidad del sector con potencial de mercado”, concluyen.

Otra manera de montar empresas

“FEAPS Confederación vio que había demanda de este tipo de servicios más allá del movimiento asociativo: que si un colegio de abogados, que si una universidad, y vimos que, además, estaban dispuestos a pagar. Se desarrolló un plan de negocio y FEAPS pidió financiación [a la Fundación Barclays]. Empezamos al revés que los emprendedores al uso: primero conseguimos el dinero y luego nos pusimos a buscar el equipo. Hubo que hacer una selección de personas formadas en la universidad, como nosotros y hacerles esta pregunta: ¿Quién quería ser emprendedor?”.

www.altavozcooperativa.org

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