Cultivos alimentarios sostenibles

Apuestan por un sistema de cultivo que ofrece mayor rendimiento que otros tradicionales, además de presentar grandes beneficios a nivel ambiental, con el que producen vegetales comestibles y ofrecen consultoría, diseño y equipamiento de cultivos hidropónicos.

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Silvina Beltrán y Diego Mingorance, fundadores de Hidroflora Hidroponia frente al invernadero donde producen vegetales comestibles.

En búsqueda de un estilo de vida natural, con la idea de generar ingresos relacionados con dicho estilo de vida, Silvina Beltrán y Diego Mingorance, empezaron hace dos años a trabajar con vegetales."Dadas las escasas dimensiones con las que contamos y luego de investigar diversas opciones, nace la idea de trabajar de forma hidropónica. La hidroponía es una forma de cultivo sin tierra, en la que las plantas obtienen los nutrientes necesarios directamente de la solución nutritiva con la que se las riega. Este sistema provee mayor rendimiento que la tierra en cuanto a tiempos, calidad y espacio, a la vez que minimiza la diversidad de plagas con las que combatir y presenta grandes beneficios a nivel ambiental dado su reducido requerimiento de agua y de tierra cultivable, aportando a la reducción del uso de espacios naturales para el cultivo de alimentos", explica Silvina.

Ninguno de los dos socios había trabajado en este campo, Diego trabaja realizando software para el área satelital y de radares y Silvina es administradora de empresas. Pero la experiencia de esta última si les ha favorecido en su búsqueda de un nicho de mercado. "Es así como -comenta Silvina-, para iniciar la empresa, empezamos produciendo vegetales hidropónicos gourmet para hoteles y restaurantes, tanto en temporada como a contra temporada. Es decir, tenemos producción durante todo el año de vegetales de una calidad inigualable y la mayoría de ellos no se consiguen en la región (se hallan radicados en Lago Moreno, San Carlos de Bariloche, en la provincia argentina de Rio Negro)".

Su modelo de negocio contempla "desarrollar fuertes lazos con la cadena de producción gastronómica/turística, además del mercado `gourmet´, de productos vegetales de alta calidad, hidropónicos orgánicos". Además, sus líneas de negocio contemplan los servicios de asesoramiento y puesta en marcha de sistemas hidropónicos, así como desarrollar tecnología y mejoras contínuas que aumenten la eficacia de esta clase de cultivos.

Las desventajas de la innovación

El hecho de que su proyecto fuera innovador, como pasa a menudo, les ha provocado algunos problemas a la hora de ponerlo en marcha. "Los principales problemas que tuvimos fueron de carácter burocrático, en lo que respecta a habilitaciones. Dado que no es una actividad ampliamente difundida en la Argentina, fue necesario explicar detenida y reiteradamente en qué consiste lo que hacemos para ayudar a las autoridades a encuadrarnos". Tras haber conseguido solucionar estos problemas, invirtieron alrededor de unos 26.000 euros, provenientes de recursos propios, destinados mayoritariamente a la construcción del invernadero y los sistemas hidropónicos que contiene.

Pero, frente a estas barreras, la trayectoria de su emprendimiento ha tenido también sus satisfacciones. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) les ha otorgado recientemente una mención especial de" Impacto Empresarial". Y, tras dos años de actividad, el negocio genera unos márgenes, de media entre temporada alta y baja, de aproximadamente el 35% sobre ventas. Una situación que les permite actualmente contar con 3 personas en plantilla.

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