La cara de los quesos

Añadir a la tipología del queso el nombre propio de quien lo elabora, como se hace ya con cocineros o bodegueros, es la filosofía de este proyecto tripartito. 

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Dos de los socios fundadores de Cultivo de Arranque

Rubén Valbuena rotaba por el mundo como empleado de la ONU, Álvaro Carral trabajaba en Neal’s Yard Diary, en Londres, y Juan Carlos Hernández Tapia se dedicaba a la construcción. Hasta aquí no se conocían, pero el destino devolvió a cada uno a su localidad de origen, Ramiro (Valladolid), Tezanos de Villacarriedo (Cantabria) y Medina del Campo (Valladolid), respectivamente, y cada cual hubo de reinventarse.

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Lo hicieron por separado pero con una inspiración similar: montar un pequeño negocio de producción artesanal de quesos aprovechando la materia prima del entorno. Es entonces a través del gremio como conectan las queserías Granja Cantagrullas, la Jarradilla y Quesos de Juan cuyos protagonistas conciben Cultivo de Arranque, un proyecto compartido que busca poner en valor a las personas que están detrás de la elaboración de los quesos más que situar el foco en la tipología o denominación de origen.

El manchego de Iniesta

El objetivo es ambicioso: dar a conocer los nombres de los mejores productores de quesos de España, pero la base de la metodología, como la de sus productos, es artesanal. La idea es lanzarse al mundo desde una pequeña tienda que se ubica en pleno centro de Madrid, en Conde Duque, cuyo número se adivina por el aroma que impregna la calle. Cientos de personas desfilan cada día por el establecimiento para adquirir alguna de las 35 referencias de quesos artesanales que venden, el 90% de ellos elaborados en España. No es la originalidad o la constante rotación de producto lo que persiguen sino aglutinar a quienes se ajustan a un hacer tradicional y reconocer su trabajo de manera que si buscas un manchego lo puedes encontrar pero bajo el nombre de el manchego de Iniesta, por ejemplo.

Miras amplias

Lo cuenta Clara Diez, la joven de 23 años que se uniría al equipo “sin dudarlo” para poner cara al negocio dado que ninguno de los promotores vive ni ejerce su actividad laboral en Madrid. Pese al éxito del establecimiento no entra en sus planes inmediatos abrir más tiendas y mucho menos franquiciar pero no debemos interpretarlo como falta de ambición. “Claro que queremos crecer, y mucho- dice Clara-pero no en cuanto a la producción, que estará siempre limitada por la elaboración artesanal, sino en otros ámbitos”. Uno de ellos es su contribución a la recuperación del vecino Mercado de Vallehermoso, donde abrirán un “puestecito que se llamará Raclette”, como el queso suizo.

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Internacionalización inmediata

La exportación a través de distribuidores y venta directa a clientes es el siguiente paso que esperan haber dado antes de que finalice junio. Empezarán por Europa, sin temor a la competencia francesa. Están convencidos de que también en el exterior se moverán deprisa, igual que lo han hecho en Madrid, donde la facturación ha superado en más de un 80% las expectativas. El ruido lo han hecho casi sin proponérselo y sin invertir un euro en campañas de publicidad. La explicación que aporta Clara, con formación en publicidad, es la siguiente: “Yo creo que con disponer de un modelo de negocio original, con un producto interesante y accesible para cualquiera, es suficiente reclamo”.

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