Nichos de mercado en océanos, mares y ríos

La creciente concienciación del respeto al medio ambiente y la inestabilidad económica de los últimos años han provocado que muchos vean nichos de mercado por explotar en nuestros océanos, mares y ríos, dada su riqueza y variedad natural. 

No todos los negocios relacionados con el agua se limitan a la pesca o la navegación tradicional, sectores ampliamente desarrollados. La obtención, para su después comercialización, de distintos productos obtenidos en los entornos acuosos es cada vez más codiciada. No nos referimos a los consabidos pescados y mariscos, sino otros elementos que hasta hace poco eran desconocidos para la mayoría de personas y que llevan poblando las profundidades marinas desde siempre: algas, plancton e incluso la propia agua de mar ya se pueden adquirir para consumo particular, gracias a la visión de emprendedores que han sabido discernir el valor añadido de estos elementos. Con la ventaja, además, señala Carlos Unamunzaga, director general de Fitoplancton Marino –empresa dedicada a la comercialización de microalgas–, de que “quien emprende en este sector se encuentra en un espacio poco competido y con todo por desarrollar”.

Precisamente, una de las principales ventajas de los artículos obtenidos del agua es que poseen una serie de propiedades que los hacen beneficiosos para distintos sectores: alimenticio, farmacéutico, cosmético... Unos componentes que cuentan con el parabién de no estar suficientemente explotados ni en su adquisición en las profundidades marinas (por lo que su disposición es abundante), ni en su venta, lo que permite que el mercado no esté saturado de estos productos y las oportunidades de emprender sean abundantes. “Los recursos del planeta son limitados; con una población creciente y unos niveles de vida en aumento, es necesario buscar nuevos modelos de negocio que permitan sacar mayor provecho a los recursos naturales”, incide al respecto Pedro Óscar Santamaría, gerente de la empresa acuícula Galician Marine Aquaculture.

Cuestión de imagen

Una ventaja que, irremediablemente, también resulta ser un hándicap. El conocimiento que dispone el consumidor medio de estos productos y sus beneficios a día de hoy es escaso, por lo que no está admitido su uso de manera cotidiana.

En muchas ocasiones, ocurre que se identifica esa escasa penetración social con exclusividad, es decir, que se consideren artículos de lujo alejados del bolsillo del público corriente. Otras veces, se relaciona con un modelo de vida alternativo, relacionando estos productos con personas que son amantes del consumo ecológico, lo que también juega en su contra a la hora de su aceptación generalizada.

Vida sana

Pero si bien estos factores pueden alejarlos de los gustos populares, también permiten que muchos de estos bienes sean utilizados y comercializados de manera precisa, con un target bien definido y un mercado no saturado. “El agua de mar purificada no está al alcance de todo el mundo, además de ser un producto de una riqueza mineral único”, destaca Robustiano Fariña, gerente de Siete Mares, sobre el artículo que su empresa comercializa: el agua marina.

Además de llevar aparejados los valores ‘exclusivo’ y ‘sostenible’, con los pros y contras que eso conlleva, los productos obtenidos de los mares y ríos se han beneficiado de otra corriente. Y es que a medida que la sociedad española se ha enriquecido y ha alcanzado un nivel de bienestar estimable, ha germinado entre la gente el hábito de cuidarse, con un gusto cada vez mayor por la alimentación saludable. “El consumidor busca productos naturales que aporten beneficios reales a su salud”, destaca Unamunzaga, de Fitoplancton Marino, para quien son los valores nutricionales de estos bienes los que están haciendo que los nuevos productos azules tengan cabida entre la población.

Para Antonio Muiños, fundador de Porto Muiños, dedicada a la comercialización de algas, esta mayor preocupación por alimentarse de manera sana, tiene efecto mariposa: “Esto nos lleva a un mayor consumo de productos del mar, lo que conlleva un aprovechamiento de especies que se consideraban de descarte, al igual que un esfuerzo en acuicultura, lo que a la larga permite más investigación”, reseña.

Esta creciente difusión de lacultura azulestá calando cada vez más en la sociedad. Y no sólo por los beneficios personales que su consumo genera en nuestros organismos, sino por su relación con la naturaleza y el cuidado de nuestro ecosistema. Somos conscientes de que hay que proteger nuestro planeta lo máximo posible y esta concienciación social, unida a la interconectividad del mundo que abre nuestras mentes a todo tipo de novedades llegadas desde cualquier rincón del mundo, se traduce en una mayor proliferación y diversificación de negocios con el agua como elemento clave.

‘Empleos azules’

No obstante, no se trata de nada nuevo; el ser humano siempre ha recurrido a los mares y ríos para obtener alimento, desplazarse o transportar mercancías. Lo que ocurre es que en los últimos tiempos hemos comprobado que se pueden aprovechar mucho más los recursos provenientes de esos entornos. Hasta el punto de que nos hemos dado cuento de que el agua puede tratarse como un suministro más de energía y el desarrollo de las tecnologías nos han permitido aprovechar más y mejor (o al menos de forma más sostenible y menos invasiva) los fondos acuíferos.

Las posibilidades son infinitas. Ya lo advirtió en 2012 la Comisión Europea, empeñada en impulsar la explotación de las riquezas de los fondos marinos. Entonces elaboró un documento sobre su estrategia de progreso hasta 2020, que ponía el foco en las perspectivas para el crecimiento económico, la creación de empleo y el desarrollo sostenible que se ocultaban en las aguas comunitarias. Para conseguirlo, el organismo europeo comenzó a elaborar un mapa de alta resolución del lecho marino de nuestro continente que, además de la topografía marina, recogiese sus minerales, biodiversidad y hábitat. Con la peculiaridad de que es accesible a todas las empresas. Una forma de tener un mejor conocimiento de todos los recursos aprovechables que se esconden en esos entornos acuosos y de la mejor forma de obtenerlos y comercializarlos.

Ya entonces se ponía de relieve que laeconomía azul,esa relacionada con la explotación de los recursos marinos, representa 5,4 millones de puestos de trabajo y un valor añadido bruto de casi 500.000 millones de euros al año en los países de la UE. Con esta iniciativa se pretende mejorar la competitividad de los que trabajan en nuestros mares y costas en 300 millones de euros al año y crear nuevas oportunidades por valor de otros 200 millones de anuales.

Carrera de obstáculos

A pesar del interés de la Unión Europea en promover el desarrollo de los negocios azules,lo cierto es que su puesta en marcha y su mantenimiento en el mercado no es tan sencilla. “Existen unas normativas reguladoras bastante estrictas, pero que considero necesarias”, menciona Robustiano Fariña. Como él, las principales quejas de aquellos emprendedores que apuestan por este sector se centran en las trabas burocráticas y legislativas. “El complejo marco normativo y los plazos administrativos para la obtención de los permisos necesarios para el inicio de la actividad, así como el acceso a las fuentes de financiación en condiciones de mercado, son algunos de los principales obstáculos con los que puede encontrarse cualquier iniciativa empresarial en el ámbito de la acuicultura”, protesta Pedro Óscar Santamaría.

Regulación protectora

A pesar de que la explotación de los recursos acuíferos es constante desde hace siglos, cada vez está más regulada precisamente para evitar una explotación masiva y sin control que derive en la pérdida de variedades naturales y en el empeoramiento del ecosistema. La elevada presión normativa medioambiental sólo es uno de los principales escollos que ya hace dos años nombraba la CEOE en su memorándum sobre negocios relacionados con el mar.

La patronal también pone de relieve el tratamiento fiscal y las cargas laborales sobre el trabajo que impera en nuestro país y que, en algunos aspectos, es muy desfavorable respecto a otros mercados, incluidos los de la UE. Y remarcan más problemas: operar en un mercado internacional muy abierto y de amplia competencia. “Es un sector en donde hay nichos totalmente saturados”, ratifica Antonio Muiños, quien, no obstante, considera que, “al mismo tiempo, está lleno de oportunidades nuevas”.

Los negocios azules generan una facturación en España de más de 36.000 millones de euros y dan empleo a más de 230.000 personas, según el Consejo del Mar de la CEOE, en su último informe de 2014. Y es que, para Carlos Unamunzaga, “una vez salvados todos los obstáculos, el que emprende en este sector se encuentra en un espacio con todo por desarrollar”.

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