La startup española que sentará en el banquillo a American Express

Sus clientes son las grandes corporaciones. Para ellos, rastrean billetes de avión hasta última hora para abaratar el coste. Consiguen así reducir hasta un 10% la partida de viajes de las grandes compañías. 

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Daniel Carvajal y Luis Martín Lázaro

No sabemos si Daniel Carvajal aguantaba más turbulencias cuando era piloto o ahora, que es emprendedor, pero desde que montó Trappit no para de dar bandazos o, como él dice, de saltar piedras. Hasta ahora apenas habían salido en los medios dado que su tipología de cliente no lo requería. Sin embargo, el pleito que mantienen con American Express por plagio les ha hecho saltar a la palestra, sobre todo después de que la Audiencia Provincial de Madrid ordenara imputar al CEO mundial de la compañía americana. Una lucha que algunos han comparado a la de David contra Goliat.

El objeto de litigio es Arpo, la herramienta que utiliza Trappit para rastrear los precios de los vuelos hasta última hora y burlar el desfase que se produce desde el día que se hace la reserva hasta el momento del viaje. De ello hablaron Daniel de Carvajal y Luis Martín Lázaro en el trayecto de un vuelo que compartieron en 2010. De ese encuentro casual surgió la idea de montar Trappit, una empresa de base tecnológica cuyo objetivo es conseguir hasta un 10% de ahorro de las partidas de viajes de las grandes corporaciones. La idea les pareció tan sencilla en su origen que hasta les sorprendió que a nadie se le hubiese ocurrido antes. Lo que no iba a resultar tan sencillo era su entrada en el mercado dado que, por bueno que fuese el producto para el usuario final, las negociaciones tenían que hacerlas con los intermediarios, las grandes agencias de viaje. La primera piedra, que dice Carvajal.

Cambio de modelo de negocio

El paso de esta startup por el programa de la primera edición de Menorca Millennials les obligó a replantearse el modelo de negocio. “A nosotros nos resultó muy difícil entrar en el ecosistema”, reconoce Carvajal. Así que, tras finalizar el programa, el dinero que tenía reservado para una importante campaña de marketing, lo destinaron al cambio “con un esfuerzo inmenso por parte de todos, trabajando los fines de semana y cenando de Telepizza en la oficina donde yo he llegado a dormir alguna noche”, contaba Carvajal. Implementada la solución y como las agencias de viaje no les hacían ni caso, empezaron a ofrecer el producto directamente a los interesados finales. “Al final fueron las grandes empresas las que presionaron a las agencias para que habilitaran nuestro servicio”. En pocos meses pasaron de 8 a 27 empleados y a facturar 1,5 millones de euros de su centenar de clientes, entre los que se halla, por citar alguno, Viajes El Corte Inglés. También la aspiración, fundada tras varias reuniones, era convertir a American Express, dueña de la mayor agencia de viajes del mundo, en cliente de Trappit. “Ahora estoy en mi sitio, ya nos hemos centrado y tenemos norte”, decía Carvajal por aquel entonces, hasta que llegó la decepción.

Apoyo de los inversores no les ha faltado. Tras agotar sus propios recursos, a finales de 2014 levantaron una importante ronda de financiación para desarrollar “una versión estable. Al final lo que nos encontramos fue que nos habíamos gastado el dinero y que la versión sí estaba, pero no habíamos conseguido abrir absolutamente nada en el mercado. Fue seguramente la segunda gran piedra”. Coincide esta época con el descubrimiento de que American Express no sólo no se convertiría en cliente, sino que competiría con ellos con un producto similar al su herramienta Arpo, motivo de la querella.

Ahora, que ya está todo en mano de los jueces y que están a punto de levantar otra importante ronda de financiación, según anunciaba el CEO, confían en que las aguas vuelvan a su cauce y el despegue sea definitivo.

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