Una voz nueva en el panorama gastronómico

Concebir y diseñar el menú de Seven le llevó cerca de año y medio. Cada comensal debería adivinar el sabor de los siete pecados capitales.

Ni la carta desvelaba el menú ni los comensales sabían siempre lo que se llevaban a la boca. Con los ojos vendados tenían que relacionar la explosión de sabores con uno de los siete pecados capitales. Era la prueba de que el maridaje resultaba perfecto. Alguna pista sobre la mesa adelantaba, sin embargo, la predicción. Cubertería de plata y vajilla especial para uno de los comensales junto a otros empladados como en bar de carretera, permitían adivinar la envidia. De la misma manera, unos platos rotos y balas de silicona anticipaban la ira o unos billetes de tinta comestible anunciaban la avaricia.

Durante 15 meses estuvo Rubén Campos, anotando en su libreta todas las ocurrencias que le venían para la concepción del evento de sensaciones gastronómicas “Seven”, inspirado en los 7 pecados capitales. No sería su primer evento temático, pero sí su puesta de largo en el panorama gastronómico nacional. Perdió dinero y muchas horas de sueño con el menú a siete actos que ofreció los días 1,2 y 3 de diciembre, pero le sirvió para consagrarse como nueva voz de la cocina creativa nacional.

Siendo su padre Diego Campos, 1 estrella Michelin y regente de El Rincón de Diego, Rubén no tenía mucha escapatoria, aunque lo intentó. Empezó estudiando ADE y luego se pasó a empresariales de manera que, el día que su padre le trasladó la propuesta de llevar la gestión del restaurante del Club Náutico de Cambrils, le pilló de sorpresa. “De cocina, solo sabía lo aprendido con mi padre”, dice. Así que tuvo que acelerar la formación al lado de grandes chefs del momento. Aprendió de Jordi Cruz, de la cocina de Arzak y de El Celler de Can Roca.

A su regreso a Cambrils, Rubén había crecido personalmente por lo que ya se vio capacitado para asumir la diligencia paterna consciente de que el restaurante del club náutico representaba una buena oportunidad de negocio. “Abierto a todo tipo de clientes”, insiste en recordar, el reto que se marcó fue reinventar el espacio. “El restaurante ha funcionado bien siempre, pero yo quería adaptarlo a los nuevos tiempos. La cocina, como todo, también evoluciona y la competencia cada vez es mayor”. Sabe también que pronto tendrá que tomar las riendas de El Rincón de Diego y que, revalidar anualmente una estrella Michelín, requiere no bajar la guardia ni en las calidades ni en innovación.

Lejos de la autocomplacencia, Rubén sabe que está todavía lejos de superar a su padre o de llegar al nivel de quienes considera maestros, como Ferrán Adrià, los hermanos Can Roca o David Muñoz, a quienes admira, sobre todo, por su capacidad creativa e innovadora. Sabe que el secreto para alcanzarlos es el trabajo y la propuesta de mejora diaria y que la medida está en los clientes.

Publicidad - Sigue leyendo debajo