Enseñando a pescar en Senegal

Cuando el próximo mes de diciembre finalice el programa de emprendimiento rural, un centenar de jóvenes senegaleses estarán preparados para poner en marcha sus ideas de negocio gracias a la iniciativa de la EOI y AECID.

El programa se imparte íntegramente en francés, de aquí que su nombre original sea L’Entrepreneur Rural, emprendimiento rural. Se trata de una iniciativa puesta en marcha por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) contando con la colaboración experta de la Escuela de Organización Industrial (EOI) en materia de emprendimiento.

Los cayucos se hicieron populares en España hace unos años porque eran las embarcaciones que utilizaban los senegaleses para atravesar nuestras fronteras en busca de una vida mejor. El primer cayuco arribado en la costa canaria partió de San Luis, en el norte de Senegal, repleto de migrantes que huían de la pobreza y de las escasas posibilidades de desarrollo. Tal vez por ello San Luis haya sido la región elegida por los organismos oficiales referidos para poner en marcha el programa de formación y mentorización empresarial nacido para apoyar iniciativas locales de negocio sostenibles y viables en el tiempo.

La crisis de los cayucos se frenó gracias a un ejemplo de diplomacia basada en la cooperación con los países de origen. En esta línea cabe enmarcarse el programa de ayuda L’Entrepreneur Rural, un proyecto que cuenta con el respaldo, como socios locales, de la Universidad Gaston-Berger y el Centre de Recherche et Documentation du Sénégal (CRDS).

Dirigido a jóvenes menores de 32 años, el objetivo es acompañar por un periodo de 18 meses -el programa finaliza el próximo mes de diciembre- a un grupo de jóvenes senegaleses a acometer un proyecto de emprendimiento ajustado a la realidad de la región de San Luis, eminentemente rural. En principio, fueron 100 los jóvenes beneficiarios -60% hombres y 40% mujeres- que fueron organizándose hasta constituir 25 equipos de emprendedores. De estos, posteriormente, se seleccionaron 15 proyectos dentro de los sectores agrícola, pesquero, ganadero y artesano.

La barrera de la comercialización

Entre julio de 2016 y enero de 2017, los 15 proyectos participantes han recibido formación y mentorización face to face (personalizada) por parte de profesores de la Universidad Gaston-Berger y tutores de EOI especializados en coaching y empresas agrícolas. De esas iniciativas, las 9 con mayor potencial y viabilidad, han sido seleccionadas para recibir financiación con capital semilla de, aproximadamente, 2.000€ cada uno.

Eva Curto, directora del programa en EOI, cuenta que “los jóvenes senegaleses de la región de San Luis, si bien se encuentran en un ambiente poco proclive a emprender, deben enfrentarse finalmente a los mismos problemas que los españoles: ¿cómo comercializo mi producto? ¿Dónde busco la financiación? ¿Qué hago para mantener unido a mi equipo?”. En lo que respecta a las barreras de la comercialización, Eva Curto lo relaciona con la deficiente infraestructura vial y la falta de empresas logísticas fuertes.

Lamentaba también Eva Curto el abandono del programa por parte de algunas mujeres forzadas por las circunstancias familiares y sociales. “Queríamos poner en valor el papel de la mujer de puertas afuera, igual que se la reconoce como motor familiar de puertas adentro, empoderarla poniendo a su disposición herramientas empresariales, pero no siempre es posible. En cualquier caso, la fuerza de África está en la mujer, claramente”, afirma.

Por otro lado, entre las 9 iniciativas finalmente seleccionadas como las más sostenibles económicamente, cabe mencionarse iniciativas como la de Biobricks, centrado en la transformación del typha (planta invasora del río Senegal que atraviesa San Luís y da nombre el país) en carbón ecológico. Otro es Sen Kechup Local con el que se proponen la transformación del tomate local en kétchup y en tomate triturado envasado de sobres pequeños, como los que sirven aquí las cadenas de hamburguesería.

Proyecto a futuro

Pero dinamizar la economía de una región y fortalecer su tejido empresarial requiere de algo más de que iniciativas puntuales. Exige crear un clima y un ecosistema propicio al emprendimiento, por eso el proyecto conlleva también la creación de un vivero de empresas y un espacio de coworking que acogerán las instalaciones del CRDS. “El proyecto de cooperación intenta poner la semilla, pero eso tiene que arraigar en su entorno para que ruede solo. Nosotros solo les hemos dado la caña”, dice Eva Curto.

En cuanto al aprendizaje que se traen ellos de Senegal, señala la directora del programa de la EOI que la mejor lección ha sido la de aprender a respetar sus ritmos y a buscar el equilibrio entre el cumplimiento de los plazos y el exceso de asistencialismo.

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