El emprendedor al que se le cumplen todos los sueños

Empleado, emprendedor e inversor, por ese orden y todo en serie. Es la trayectoria de Jesús Alonso Gallo, un emprendedor peculiar al que suelen cumplírsele los sueños más insospechados. De sueños dice llevar viviendo más de 35 años.

Ya de jovencito se planteó dos cosas: tener un BMW rojo de dos puertas y ser millonario antes de los 30 años para poder dedicarse a lo que le diese la gana. Mientras tanto, no le quedaba otra que empezar a trabajar y lo hizo a la edad de 18 años, como vendedor de seguros, para costearse los estudios. Como empleado, dice haber ido siempre a los trabajos como quien asiste a la Universidad, a aprender. “Pasaba por las empresas absorbiendo conocimiento. Pero el juego consiste en que si te pagan 10 tu les tienes que dar 100”. Así es como Jesús Alonso Gallo concibió la estrategia para hacerse valioso en los trabajos y mejorar su situación. Una vez conseguido el objetivo, era él quien despedía a los jefes y se cambiaba de empresa.

En una de estas se enteró de que unos amigos querían montar una startup de videojuegos y decidió unirse al proyecto como director comercial. Tenia 23 años. La empresa era Dinamic Software, distribuidora y productora de videojuegos que triunfó en la llamada edad de oro del software español. De aquí pasó a ser subdirector de Dinamic Multimedia, director general de Dro Soft, y presidente de la compañía FX Interactive, todas ellas enmarcadas en el sector de los videojuegos. Dinamic fue reconocida con el Premio a la Mejor Empresa de 1987 motivo que propició su aparición en la portada de El país semanal el 1 de febrero de 1987 bajo el título “Genios del ordenador”. “Este había sido otro de mis sueños, y ahí aparecía yo, en la portada, con la foto del equipo”, dice Jesús Alonso. Tampoco tardaría en cumplirse el del BMW que adquirió tras la venta de Dinamic Multimedia, pese a no tener aún el carnet de conducir. Más adelante vendió también su participación en FX Interactive a sus “socios de toda la vida” y decidió abandonar definitivamente el sector de los videojuegos.

El post-it en el frigorífico

Con dinero en el bolsillo, Alonso Gallo se animó a un cuarto emprendimiento, pero esta vez en algo que de verdad le apasionase y nada lo hacía más que la gastronomía y la restauración. Lo que creó con su socio fue una central gratuita de reservas online para restaurantes. El primer acierto fue comprar un dominio Premium por el que, según el emprendedor Carlos Blanco, se pedía entonces (2008) la cantidad de 150.000 US$. Nace así restaurantes.com que se haría con el liderazgo nacional en reservas de restaurantes online. Cuenta Alonso Gallo que el día que constituyó la empresa colgó una nota en el frigorífico donde había escrito “he creado restaurantes.com y se la voy a vender a Michelin. Era una tontería tan grande como si hubiese escrito que Blanca Suárez se iba a enamorar de mí, que peso más de 100 kilos”. Pero el absurdo se cumplió. A finales del año pasado, el grupo Michelin anunciaba la adquisición de la compañía que entonces tenía más de 5.000 restaurantes adscritos en España, presencia en México y otros países de Latinoamérica y más de un millón de usuarios. Una cláusula de confidencialidad le impide a Alonso revelar la cantidad de la venta, pero, poco antes, el grupo había pagado 240 millones de euros por la compra de otra compañía.

La mirada del tigre

El motivo de que siga trabajando a sus 54 años y con un patrimonio que, imaginamos, considerable es que ahora tiene que atender a sus 9 startups participadas como inversor y la puesta en marcha de su quinto emprendimiento, por primera vez en solitario y donde ya tira de marca personal: Jesús Alonso Gallo. En la página web, todavía en construcción, anticipa su propósito: “mi foco será ayudar a los emprendedores a que consigan alcanzar sus sueños como yo he alcanzado los míos”. (Enfréntate a los agoreros que quieren destruir tus sueños)

Y es que Alonso Gallo cree en un karma universal según el cual “para que las cosas te salgan bien, hay que hacer el bien, y a la inversa” y lo que quiere es mentorizar a jóvenes emprendedores, contribuir al enriquecimiento del tejido empresarial y difundir su conocimiento a través de conferencias. Del conocimiento que atesora “con los tres gorros” que ha vestido, dice que el 60% procede de los errores, por eso de que resultan muy caros y de que los ha estudiado al microscopio con 1000 aumentos, cosa que no ha hecho con el 40% que corresponde a los aciertos.

También en su faceta como inversor, campo en el que se adentró en 2012, acumula ya un exit parcial que le ha permitido multiplicar por 40 lo invertido. La estrategia es invertir en un portfolio diversificado de empresas al objeto de repartir el riesgo. Como inversor comparte la filosofía de Martín Cabiedes de la eficiencia del capital y a la hora de decantarse por uno u otro proyecto lo que dice buscar es la mirada del tigre. “Claro que me fijo en los equipos, el plan de negocios, la escalabilidad y todo eso, pero si no veo la mirada del tigre, la de raza en un emprendedor dispuesto a comerse el mundo, que no se arruga ante las dificultades, entonces nada”. La razón es que Alonso Gallo sabe de los violentos altibajos de la vida del emprendedor, también de los emocionales, y para sortearlos hace falta mucha fuerza e ilusión. “Te tiene que apasionar lo que haces, no emprender en función de lo que vende o de lo que es rentable. Si te encanta tu trabajo, el dinero será la consecuencia”.

¿Que si el otro gran sueño de Alonso Gallo, el de ser millonario a los 30, se ha cumplido? Pues no lo sabemos, pero asegura que el despertador de su casa sigue sonando a las 6.45 h. cada mañana.

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