3 negocios que te van a dar ganas de emprender en uno de los mercados más difíciles

Estos emprendedores convierten la moda sostenible en un negocio rentable.

Brava Fabrics: Cómo crear una marca de moda sostenible

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Los chicos de Brava Fabrics, Iván Monells y Ramón Barbero, se decantaron finalmente por un nombre que evocara sus raíces mediterráneas (la Costa Brava) y aludiera a su valentía. Bautizaban así estos compañeros de MBA en Esade una marca de moda que querían sostenible.

Los primeros 50.000€ los reunieron de sus propios recursos destinados a lo que, inicialmente, iba a ser un marketplace para la venta de moda multimarca. Se dieron cuenta de que esta vía requería un importante volumen de ventas para que los márgenes obtenidos fuesen holgados y se decidieron a crear su propia marca. Dice Iván Monells que el mérito del marketing digital radica en la democratización del mismo y es que ellos pronto destacaron en el panorama de la moda nacional gracias a sus publicaciones en las redes, preferentemente Facebook e Instagram, y afinando muy bien el target.

Camisas estampadas de estilo hipster fueron el producto estrella utilizado para el lanzamiento. A un diseño original sumaron los tejidos naturales, la confección en pequeños talleres locales y la venta exclusiva online a través de su e-commerce. El lanzamiento se hizo en marzo del 2015 y, casi de forma inmediata, empezaron a vender cerrando ese primer año con una facturación de 150.000 euros, cifra que estuvieron cerca de cuadruplicar el año pasado mientras que las previsiones para el cierre del ejercicio actual apuntan a 1.5 millones de euros. Así es como se han financiado, vendiendo a diario, además de un Enisa, una pequeña ayuda del Instituto Catalán de Finanzas y un apoyo bancario que obtuvieron en condiciones ventajosas -sin avales- en atención a la curva de la empresa.

La aceptación de sus diseños, les ha animado a adentrarse ya en el sector de la moda femenina y a engrosar la oferta con bermudas, pañuelos, pajaritas, jerséis…todos ellos con su particular estampado del que ahora, ya consolidados como marca, se atreven a prescindir. Algo más del 50% de las ventas las realizan en España, mientras que el resto procede de mercados de la Unión Europea. Alemania, Holanda y Bélgica son los fuertes, aunque también distribuyen en Reino Unido e Italia, un mercado, este último que les parece muy interesante para ganar posiciones.

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Asimismo, la evolución natural de la empresa les ha llevado a dar el salto del entorno digital al físico, con una tienda propia y vendiendo, ahora ellos, en puntos multimarca sin esfuerzos añadidos. “Cierto que nacimos como marca digital y un modelo B2C, pero cuanto empezamos a recibir solicitudes de tiendas interesadas en vender nuestros artículos no vimos motivo para perder ese tren”, dice Iván Monells.

Aunque hasta el momento hayan logrado la sostenibilidad económica, no descartan la posibilidad de que algún día tengan que recurrir a inversores externos para afrontar nuevas etapas. “Claro que depende de la actividad y del modelo de negocio. Nosotros, lo único que decimos, es que si se quiere crear una empresa sostenible con pocos recursos, se puede”.

Latitude: Hacerte famoso con una marca de moda que todavía no existe

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Entró en el mundo de la moda porque quería hacer cine. Luego quiso enterarse de cómo funcionaba ésta industria y no le gustó lo que vio, así que se propuso reinventarla. Creó una metodología propia para la confección textil y se convirtió en proveedora de materiales y artículos sostenibles. La marca le cayó del cielo. Es la historia de María Almazán y Latitude.

Las casualidades no existen. Al menos eso es lo que sostiene la teoría de la sincronicidad. Pero de todas esas potenciales posibilidades infinitas que dice que se presentan, María Almazán parece que ha ido eligiendo las más acertadas hasta convertirse en lo que es hoy, referente nacional de la moda sostenible y cofundadora de su propia marca: Latitude.

Suya es la frase que se repite en todas las presentaciones de nuevas marcas de moda sostenible: “los ríos de China son del mismo color que los vaqueros de moda”. La pronunció en un evento de Green Peace, pero no fue ese el detonante que la llevó a renunciar al puesto de responsabilidad que ocupaba al frente de un prestigioso grupo de moda. “Fue entrar un sábado a una fábrica china y verla llena de adolescentes de 16 años cosiendo. Luego regresé a España y coincidió que visité en fin de semana un centro comercial que estaba también repleto de adolescentes de 16 años comprando. Sentí pena por los dos. ¿Pero qué estamos haciendo?, me pregunté. Y al día siguiente presenté la renuncia en la empresa”.

María Almazán tenía entonces 26 años. Atrás dejaba una prometedora carrera profesional y un montón de amigos que la tacharon de loca. “Fue una decisión compleja y dolorosa, un salto al vacío porque me fui sin paro ni nada”, recuerda. Ni sus padres, fervientes militantes ecologistas, entendieron en ese momento el salto. “Yo pensaba, igual me tengo que hacer panadera”, pero no hizo falta.

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Convencida de que la industria de la moda que tanto le apasiona necesitaba un cambio radical en beneficio de sus trabajadores y el medio ambiente -es la segunda industria más contaminante del planeta- buscó algún referente en España que compartiera su visión. Como no lo halló, se decidió a recorrer mundo e investigar lo que se estaba haciendo en otros mercados. La bombilla a la salida del túnel la encendió Patagonia, la marca estadounidense de moda deportiva sostenible.

La primera fase

A su regreso a España se incorporó a la Fundación Sybilla, pionera también en estas lides, y durante los dos años que permaneció allí, Almazán bosquejó su plan de acción. El objetivo era transformar la industria de la moda, de abajo a arriba, por este orden, empezando por los talleres que asumiesen como principios básicos el medio ambiente y las personas. Para facilitar la transformación, ideó una metodología propia de trabajo que incide en toda la cadena de valor. Es entonces, 2013, cuando María Almazán, junto a otros 4 socios, funda Latitude, auspiciada por dos fondos de capital riesgo de la Xunta de Galicia. “La verdad es que al principio no pensamos que íbamos a montar una empresa, fue la Xunta la que nos llamó”.

La misión era reconvertir los tallares textiles ejerciendo ellos labores de consultoría y ayudar a las marcas a que pudieran implementar las líneas de sostenibilidad.“Nos reunimos con todas”, dice. El otro papel era ejercer de proveedores de los materiales necesarios. En tres años llegaron a crear una red de 6 fábricas de moda sostenible en España y superar las 700 referencias de materiales en su catálogo.

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Y en éstas se hallaban cuando María recibe una invitación del periodista Jordi Évole para participar en un reportaje sobre las ‘fashion victims’ (víctimas de la moda) en su programa de Salvados. La repercusión mediática fue enorme, aunque algo errónea. Muchos entendieron que fue a Amancio Ortega (nunca ha coincidido con él) a quien dejó plantado esta gallega (es madrileña y su familia soriana) que había creado una marca de moda sostenible (era proveedora).

Cuando el proveedor se convierte en la marca

En cualquier caso, bienvenida la confusión de la audiencia, porque lo que algunos tardan años en conseguir, le costó a María Almazán un ratillo de nervios ante las cámaras. Salió del rodaje con la marca puesta. “Un proveedor, por mucho modelo innovador que tenga, nunca sale a la luz. Es la marca la que coge prestigio, pero a nosotros nos pasó al contrario”. Es entonces cuando arranca, en 2016, la segunda fase en la que Latitude se encuentra ahora inmersa.

Para crear la marca famosa de moda sostenible que aún no existía, tuvieron que ir a por más dinero. En ello estuvieron cerca de un año hasta dar con un fondo estadounidense que apostó por el proyecto y permitió a la Xunta capitalizar la inversión inicial. Lo que no cuenta María Almazán es el dinero invertido hasta el momento amparándose en un compromiso de confidencialidad entre los socios y los inversores.

Lalitude hoy

Este es el cuarto año de Latitude y en este momento ya puede decirse que es una marca de moda sostenible, con diseño, fabricación y distribución propios. Trabajan en Galicia, aunque el deseo es “hacer 80% Galicia y 20% en proyectos que se vayan sumando a esta otra manera de hacer moda y tener cada vez más volumen para ayudar a todos los talleres que se animan a cambiar el chip”.

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Como marca, acaban de lanzar su primera colección con un nicho muy específico y bastante top. “Decidimos no hacer prendas que ya existían en el mercado porque eran más asequibles en precio, así que fuimos a un total look para la gente que demanda moda sostenible, pero que a veces se encuentra en situaciones en las que tiene que ir bien vestida, gente que quiere cambiar el mundo y hacer cosas de impacto sin necesidad de vestir con ropa étnica”. La colección es pequeña, para ambos géneros, con prendas minimalistas y muchas de ellas atemporales para evitar el compro y tiro. “Lo que vamos a hacer es un sistema de sumar al armario, sin jugar con las temporadas”.

En cuanto a la distribución, tienen mucha confianza en el online, no sólo para delimitar los perfiles de su clientela, sino también porque saben que muchos de ellos van a residir fuera de España. Pero tampoco quiere María renunciar al sueño de abrir algún día tienda física propia. Más prudente es en las previsiones de facturación que estima, para el cierre de este año, en torno al 1.5M euros. No está mal para ser un proyecto nuevo “lanzado desde la modestia y con tranquilidad”.

“Me encantaría que el siguiente inversor fuera alguien del textil”

Pero, ¿qué pasaría si la demanda se disparase? “Pues nosotros encantados, aunque habría que ir a por más financiación. A mi me encantaría que entrase alguien del textil”, afirma, y, aunque tampoco ahora apunta nombres, parece que siempre salta el mismo a la cabeza. De conseguirlo, su triunfo implicaría el cambio hacia un nuevo paradigma en el sector del que María Almazán se ha convertido en la principal prescriptora. “No imaginas la cantidad de mails que recibo al día pidiendo ayuda”.

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Y pensar que todo esto empezó porque María Almazán quería trabajar en el cine. Ya lo dice Jesús Garzas en uno de sus post de En buena compañía que “las oportunidades ni se crean ni se destruyen, solo se transforman”.

Ecoalf: El negocio que surgió del plástico, el café y las redes de pesca

Es una cuestión de estrategia. Puedes ser sólo una marca de complementos a partir de tejidos reciclados y quedarte ahí. Puedes arrancar con una planificación ambiciosa de apertura de tiendas en medio mundo basada en un concepto más que en un producto y dedicarte a un negocio que tiene más que ver con una inmobiliaria.

Y puedes también renunciar a tu idea inicial de producto sostenible y de calidad fabricando más barato y ganando más dinero, más pronto. Puedes hacer todo eso o puedes hacer lo que está haciendo Ecoalf, que es justo lo contrario. ¿Cuál es la diferencia? Es la diferencia entre tener negocio o no tenerlo.

Porque, atención, pregunta, ¿cómo se gana más dinero? A largo plazo, queremos decir. ¿Con una marca detrás de la que hay una línea de producto limitada, pero de calidad, sin tiendas, que apuesta por un modelo de distribución mayorista, o con una expansión ambiciosa de un concepto de negocio que renuncia a la calidad del producto? Si respondes A, has aprobado, puedes seguir leyendo otros artículos de nuestra web y saltarte este. Si respondes B, sigue leyendo.

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Producto innovador, estrategia conservadora

¿Quién nos iba a decir que con los posos del café necesario para llenar 40 tazas, ese que se tira en un 7eleven cualquiera de Taiwán, íbamos a poder hacer un abrigo y que eso le iba a interesar a los consumidores? Porque eso es exactamente lo que hace Ecoalf, una marca madrileña de ropa sostenible a partir de plástico, neumáticos, redes de pesca y restos de café que se vende en 12 países, que diseña para Apple y que lleva en marcha sólo dos años.

Pero sigamos con el examen, ¿qué harías tú si te encontraras en esta situación? “Empezamos con una línea de producto básico (plumas y abrigos). Salían a un precio razonable para el nivel de calidad y para el posicionamiento de marca: diseño 100% sostenible a partir de productos 100% reciclados. Funcionó muy bien, se vendió muy bien, pero el feedback que recibimos fue: el producto es genial, como todo puede mejorar, el precio es bueno, pero en ocasiones sois los más baratos de la tienda y deberiáis cuidar esto”, recuerda José Múgica, CEO de la marca Ecoalf.

¿Sabes lo que hicieron ellos? “En lugar de sacarlo más caro, al año siguiente apostamos por mantener la línea básica. Y también por sacar otra línea, con otros diseños, esta sí más sofisticada, y con más precio, de más moda y a otro público. Y el mercado respondió. Fue una decisión difícil para llevar tan poco tiempo”, resuelve. Pero bueno, es la diferencia entre tener negocio o no.

¿Cómo lo han sacado adelante? “La empresa se monta desde el principio con una estructura pequeña centrada en desarrollo de producto, tejido y diseño. Ahí es donde están nuestros recursos y nuestro conocimiento. También dedicamos recursos para operaciones y para el control financiero. El resto lo subcontratamos con una supervisión impresionante, desarrollando alianzas para fabricar tejidos, para fabricar productos, para la distribución [ahora mismo tienen 10 proveedores de tejidos y 10-12 proveedores de producto final], y para la venta. Vendemos casi todo por el canal mayorista a través de agentes”, explica Múgica.

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