Aere Esculturas, la empresa que aspira a revalidar el éxito de Lladró

En Aere Esculturas realizan “esculturas con sentimientos”. Se trata de piezas personalizadas y exclusivas en bronce que inmortalizan recuerdos o momentos especiales de las personas que las encargan. Lladró es su empresa referente.

Aere Esculturas

Para Pablo Picasso, la escultura era el arte de la inteligencia. El problema es que, hasta ahora, la mayoría de los artistas ponían esa inteligencia al servicio de su propia complacencia. Esculpían para ensalzar su obra o vanagloriar a otros personajes ilustres. Esto es lo que pretenden cambiar los fundadores de Aere Escultura cuya propuesta consiste en moldear a nuestros propios héroes, seres queridos o momentos imborrables de nuestras vidas plasmándolos en esculturas artesanales de bronce.

La idea corresponde a Ángel García Segador, artista y escultor, y su socio Fernando Valles, más al frente del desarrollo de negocio. Ambos fundan Aere Escultura en 2021, en Guadalajara, donde tienen la sede social, aunque el trabajo de fundición lo lleven a cabo en otra empresa emplazada en Madrid de la que Segador es también socio. La idea es vender esculturas por encargo realizadas de manera artesanal fundidas en bronce y con otros materiales, como acero, madera y epoxi que inmortalicen momentos personales inolvidables, a nuestros seres queridos o como un regalo muy especial para terceros.

“Hemos recibido encargos de lo más emotivo. Por ejemplo, un fotógrafo que quería transformar una foto de su boda en escultura y regalársela a su pareja por el nacimiento de su hija. La titulamos Un instante y toda la eternidad. O cuando nos llamó una mamá que quería regalar a su padre algo especial, representándole paseando a su pequeño en agradecimiento por haberle cuidado”, recuerda Ángel Segador.

Esculturas artesanales

Las esculturas, realizadas artesanalmente, son únicas e irrepetibles puesto que, una vez realizado el encargo, se deshacen del molde. Cada obra de arte personalizada lleva un certificado de autenticidad y un dibujo realizado a mano, ambos firmados por el autor. Se incluye también material gráfico de toda la creación, desde que se realizan los primeros bocetos, pasando por el modelado en cera, la fundición o el patinado. El resultado es una escultura totalmente personaliza, con unas medidas estándar de 7 a 10 cm de altura donde, en las que más que los rasgos de cada personaje, lo que se refleja e inmortaliza es un momento y un recuerdo especial.

El precio de cada pieza parte de 600 euros en adelante, en función del número de figuras que se quieran incluir en la escultura y el decorado o escenario que se elija. Los encargos los reciben a través de su página web, donde figuran los datos de contacto, aunque muchos clientes les llegan a través de las redes sociales, donde procuran mantener activos. 

El negocio lo orientan tanto al cliente final como al corporativo dentro del sector regalos. “Cada vez resulta más difícil encontrar regalos fuera de lo común, que sorprendan, que aporten exclusividad, diferenciación y, lo más importante, que transmitan sentimientos”, declaran los socios. Además de la originalidad de la propuesta, otro aspecto con el que persiguen diferenciarse es con el trato cercano al cliente.

Con apenas tres meses de recorrido, es pronto aún para facilitar cifras de resultados pero sí que, según Fernando Valles, “hemos observado que el producto encaja en el mercado y que la gente que nos descubre se muestra encantada”. El sueño es ir ganando visibilidad e ir creciendo poco a poco hasta alcanzar cotas similares a las que obtuvo en su día su empresa de referencia: Lladró, la marca de figuras y productos de porcelana nacida en la casa de los hermanos Lladró, en Valencia, y que acabó vendiendo sus piezas por todo el mundo, con un Museo y Galería propios en Nueva York incluidos.

De que es buen momento para el arte, no les cabe duda, porque nunca ha sido éste un sector muy ligado a las crisis económicas. Sostienen, eso sí, que la supervivencia de las empresas dedicadas a ello depende de su gestión y de la adaptación a los tiempos.

¿Y por qué Aere?, preguntamos a Valles por el significado del nombre de la empresa. “En realidad es un acrónimo que corresponde a las siglas de la A, de arte, la E de las emociones que transmite tu historia, la R, los recuerdos y la E final, cómo no, las esculturas. Pero también la palabra Aere en latín significa bronce, el material base de nuestro trabajo”, explica, para justificar luego la presencia de una alas que coronan el nombre de la empresa en el logotipo. “Estas representan la emoción y el eterno deseo de volar del ser humano. Es como una invitación al cliente a volar con nosotros”.