Alacarte: vino con graduación a la carta

Alacarte ha diseñado una máquina capaz de desalcoholizar una botella de vino en minutos.

“Si bebes, no conduzcas”, decía Stevie Wonder en una campaña de la Dirección General de Tráfico de mediados de los ochenta. Alacarte ha venido a enmendarle la plana al artista estadounidense. La toma de conciencia acerca de los riesgos que comporta el consumo de alcohol cuando se va a conducir ha tenido importantes efectos, sobre todo a partir de la llegada del carné por puntos. Por un lado, la venta de cerveza sin alcohol se ha disparado en los últimos años. Por otra parte, la hostelería se queja del descenso de consumo de vino en las comidas y cenas.

El vino sin alcohol o con baja graduación no ha llegado a cuajar por varios motivos. El primero es la limitación de oferta. No hay demasiadas bodegas que lo ofrezcan y son pocos los restaurantes que lo tienen en su carta. Si lo pedimos en un restaurante, es poco probable que tengan. Y que dispongan de dos o tres marcas ya es prácticamente imposible. Además, quitar completamente el alcohol al vino tiene algunas consecuencias. Por ejemplo, afecta a sus propiedades organolépticas y a la conservación.

Alacarte ha dado con la solución a estos problemas. Ha diseñado una máquina que permite quitar en el acto la cantidad exacta de alcohol que se desee a cualquier botella de vino. Por tanto, la oferta de vino desalcoholizado es tan amplia como la carta de vinos ‘normales’ que tenga el restaurante. El cliente sólo tiene que pedir el vino que le apetezca y quitarle la cantidad de alcohol que quiera. Puede disfrutar de vino ‘a la carta’, eligiendo tanto la marca como el nivel de alcohol.

Una máquina en cada restaurante

Este proyecto nació hace tres años, cuando apareció una tecnología que permitía reducir la cantidad de alcohol del vino. “Se aplicaba en otros sectores, como petroquímica o medicina. Se hicieron algunos cambios para desalcoholizar el vino y el resultado fue espectacularmente positivo. Sin embargo, esta tecnología era bastante lenta. Para desalcoholizar una botella de vino se tardaba alrededor de dos horas. Era inviable para el negocio hostelero. Nos pusimos a investigar y, al cabo de un año, conseguimos hacerlo en cinco minutos”, explica Aleix Barandiaran, CEO y cofundador de Alacarte. La empresa quiere que todos los restaurantes, bares y hoteles tengan esta máquina a disposición de sus clientes. “Hemos ‘empaquetado’ esta tecnología en un prototipo de máquina funcional. Se podría meter en cualquier restaurante u hotel”, apunta.

Barandiaran asegura que este dispositivo ayudará al sector a hostelero a mejorar su facturación. “Además de las ventajas de poder ofrecer al cliente el vino desalcoholizado que quiera, diferenciándose de otros restaurantes de la competencia, con esta máquina se va a vender más vino. Si un establecimiento vende una botella más de vino al día, la máquina se paga por sí sola. Todo lo que sea un incremento mayor, es un beneficio que se lleva el restaurador”, detalla.

El funcionamiento de su desalcoholizadora es muy sencillo. “Se elige la botella, se abre, se le pone en el cuello un cabezal y se introduce en la máquina. Después, en su pantalla táctil hay que poner el contenido alcohólico que tiene el vino original y el porcentaje final que se quiere dejar. Se aprieta el botón de inicio y empieza el proceso. Entonces sale un reloj que indica cuánto tiempo queda para terminar. Cuanto más se quiera desalcoholizar, más tardará. Para quitar la mitad de alcohol se necesitan cinco minutos”, especifica.

La máquina no es mucho más grande que un microondas y es portátil, por lo que puede estar en la cocina o en la sala del restaurante, pudiendo hacer el proceso delante del cliente. “Si alguien quiere una botella de vino de 150 euros, quizá quiera que se desalcoholice delante de él. La máquina va por baterías y puede ponerse encima de un carrito para quitar al alcohol al vino junto a la mesa del cliente”, comenta el CEO.

Del prototipo a la industrialización

Su prototipo, aunque es plenamente funcional, no es viable económicamente. Debe afrontar un proceso de industrialización y rediseño para que el precio al que se lance sea atractivo para los restauradores. La compañía calcula que podrá lanzarla a lo largo del próximo año. “Estamos tratando de captar 5,5 millones de euros de financiación, que van a servir para pagar la industrialización y fabricar un mínimo de 1.000 máquinas”, apunta Barandiaran. Alacarte ya ha hablado con posibles inversores, aunque no da nombres. Sí que precisa que prefieren partners que no sólo aporten capital, sino que buscan prioritariamente socios industriales o comerciales, empresas del ámbito de la distribución o del marketing, etc.

La compañía se centrará esencialmente en Europa, Estados Unidos y Asia. Prevé fabricar en España las máquinas que irán al mercado europeo. En el caso del mercado estadounidense, baraja la posibilidad de que al menos el proceso de ensamblaje se realice en suelo norteamericano. No descarta posibles acuerdos para su expansión internacional. Por ejemplo, está conversando con Coravin, una empresa que ofrece un gadget que permite servir una o varias copas de vino sin descorchar la botella. “Ellos tienen ya todo lo que necesitamos en cuanto a distribución. Hay otras dos o tres empresas que disponen de una estructura y con los que quizá nos interese trabajar”, comenta Barandiaran.

Afirma que todavía no puede decir cuál será el precio final de la máquina al llegar al mercado, porque no se sabrá con certeza hasta que acabe el proceso de industrialización. Lo que sí adelanta es que los restauradores podrán acceder a su máquina comprándola o alquilándola, mediante el pago de una cuota mensual.

Un grupo centrado en la innovación

Alacarte forma parte de Gastro Ventures, un grupo especializado en la innovación en el mundo gastronómico. Su actividad se sostiene sobre tres patas. La primera es Gastronomic Solutions, que busca nuevas soluciones gastronómicas -nuevos productos, etc.- para empresas de la industria alimentaria, como una fabricante de pasta o una cervecera, por ejemplo. La segunda rama es Carrots, centrada en mejorar la propuesta gastronómica de hoteles de alta gama, de 4 y 5 estrellas. Y la tercera pata es Koete, una incubadora de nuevos alimentos o bebidas. Uno de estos proyectos es Escata, un potenciador de sabor a partir de la anchoa, basado en el mítico garum romano. En el seno de la incubadora también nació 1933 , una marca de cócteles que se venden preparados, como alternativa al consumo de cerveza en festivales, etc. El tercer proyecto es Alacarte Venture. Tanto Alacarte como 1933 se han independizado de Koete y tienen entidad propia.

ALACARTE EN CIFRAS: Ronda de financiación prevista: 5,5 millones de euros. Primera remesa: +1.000 máquinas. Previsión de ventas en 2-3 años: 5.000 unidades. Previsión de facturación 2021: 10 millones de euros.