Quedarse en el paro, lanzar un proyecto y triunfar. Todo en un mes y en el sector de la gastronomía

Desde que lanzara el proyecto, el 15 de marzo, más de 70 medios han hablado de Yo me quedo en casa cocinando.

Quedarse en el paro, lanzar un proyecto y triunfar

El pasado 16 de marzo Carla Mouriño recibía a través de Zoom, la plataforma de éxito rotundo en esta pandemia como sistema de videoconferencia, la comunicación de que la empresa tenía que prescindir de sus servicios. Terminaban así más de tres años y medio de trabajo para una startup española en el sector turístico donde entró cuando eran cuatro en plantilla y salió cuando eran 25 y facturaban 6M de euros. Aquí, como en todas las startups al principio, le tocó hacer de todo, aunque lo suyo es la comunicación y el marketing.

La noticia ni la pilló de sorpresa ni la desanimó. Sacó de la recámara un proyecto emprendedor en el que ya llevaba tiempo trabajando en su tiempo libre junto a su amiga Sofía Soler y decidió impulsarlo. La idea empresarial definitiva consiste en la creación de una plataforma que comunique e impulse proyectos relacionados con la gastronomía que entiendan que el sector entra en una nueva era. Partiendo de la concienciación en la necesidad de ser sostenibles, cercanos, honestos y transparentes, tanto en lo que respecta a la procedencia de los productos como a sus consecuencias, quieren diseñar estrategias de comunicación y acciones de estos nuevos conceptos. A eso se dedicará Dinar cuando se constituya como empresa.

Pero mientras se crea la empresa y no, Carla Mouriño decidió aprovechar el decreto de alarma y el confinamiento para lanzar una primera acción: Yo me quedo en casa cocinando. A través de una cuenta en instagram, la propuesta era reunir al mayor número posible de cocineros profesionales y convencerles para que cocinasen durante media hora y vía streaming en directo una de sus recetas más sencillas para que la audiencia pudiese replicarla en casa fácilmente. Sería como una especie de festival de música, pero con cocineros.

Hasta aquí, todo bien, menos los cocineros, que no tenía a ninguno. Para que eso funcionara, necesitaba a muchos, a ser posible alguna estrella Michelin que hiciese de gancho para animar a otros y estimular a la audiencia. A solucionar este problema se puso el domingo, 15 de marzo. Sentada frente al ordenador pasó doce horas mandando invitaciones y contactando con todos los chef que tenían presencia digital, siempre con perfiles profesionales. En un momento de sensibilidad colectiva, el mensaje tiraba a emocional, apelando a la visibilidad del sector durante el confinamiento y recordándoles aquello de que “de esto salimos juntos”.

La respuesta no se hizo esperar. Lanzó la acción con 20 chefs y eso empezó a crecer como la espuma. Uno de los primeros cocineros en ofrecerse a dar una MasterClass gratuita fue Andoni Luis Aduriz, uno de los chefs más influyentes en la actualidad. Luego se sumarían muchos más: Carmen Ordiz, Paco Morales, Javier Estévez, Dani García, Manuel Araya, Pablo Roncal, Charo Val, Oriol Castro… así hasta alcanzar los 150 profesionales de la cocina que han presentado su receta en Yo me quedo en casa cocinando.

El crecimiento en la parte de la audiencia fue parejo. Teniendo en cuenta que la cocina ha sido una de las actividades preferida de muchos durante el confinamiento, pronto alcanzaron 12,4K de seguidores en Instagram, donde todavía puede accederse a todas las recetas.

El impacto fue tal que 70 medios de comunicación han hablado estos días de ellos, con un reportaje en La Sexta incluido. Y aunque algunos atribuyeran el mérito de la iniciativa a los chefs, lo cierto es que quien está detrás es una joven valenciana de 25 años, con gusto por la gastronomía, con mucho impulso y ambición emprendedora.

Entramos en la fase cero

Ahora que la cuarentena llega a su fin y estamos ya en el proceso de desescalada, Carla Mouriño sabe que no va a ser tan fácil retener a la gente frente a una pantalla y menos conseguir la colaboración de los chefs una vez que inicien su actividad laboral. Por eso ahora han optado por ralentizar el proyecto, con un chef por semana y menos recetas. Se trata de mantener viva una iniciativa con la que han triunfado antes de montar la empresa. Igual elaborar el business plan y la hoja de ruta no es tan divertido como la relación que han tenido con los cocineros, pero las futuras socias fundadoras de Dinar tienen claro que, con la crisis, surgen nuevas oportunidades de negocio en el sector de la gastronomía y ellas quieren contarlo al mundo y monetizarlo, algo que no han hecho con Yo me quedo en casa cocinando.

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