9 ideas de negocio que te van a impulsar a emprender

Estas startups han llamado nuestra atención por su apuesta innovadora.

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Obuu

Obuu es una startup española fundada por tres jóvenes ingenieros, Francisco Inglés, Nicolás Hornillos y Mario Inglés, que han desarrollado un método para optimizar el aprovisionamiento logístico mediante un software de preprocesado de datos con el que se pueden predecir las necesidades de stock de piezas de repuesto y herramientas en caso de avería. De todo esto, con lo que tienes que quedar es con lo de “mediante un software”. Porque, al principio, tenían el conocimiento, pero no un producto. Y esa es la diferencia entre que estemos escribiendo ahora mismo sobre ellos o que pasemos de largo de una buena idea, y la diferencia entre que tengan una oportunidad de entrar en el mercado y no tenerla. Bueno y también te tienes que quedar con lo de “optimizar” (léase ahorrar), porque ahí está la otra clave comercial. Es un negocio interesante porque las aerolíneas, hoy en día, tienen que vender billetes más baratos con aviones más sofisticados y más caros, pero, sobre todo, más caros de mantener.

“Cuando tú tienes un avión y tienes que reponer un componente no sólo miras el precio, sino también el tiempo de respuesta: el tiempo que transcurre desde que retiras un componente y se lo llevan a arreglar hasta que lo vuelves a poner. Dentro de ese tiempo, tienes que contar con que tú no tengas la herramienta necesaria en el almacén para arreglar una pieza. Eso hará que ese tiempo se alargue. ¿Se puede optimizar?”, plantea y responde afirmativamente Francisco Inglés, cofundador de este negocio.

Su socio Nicolás Hornillos añade: “Piensa en una empresa que tenga que arreglar cinco motores y no tenga suficientes herramientas, no va a poder reparar en paralelo, y eso va a ser devastador para cumplir plazos: si se está arreglando un motor, no se están arreglando el resto. Un avión parado en tierra tiene un coste de muchos miles de euros por minuto. Tiene que estar en el aire generando dinero”.

Y ahí surgió la pregunta: ¿Se puede saber cuánto usamos un gato para las ruedas que llevamos en el maletero de nuestro coche en función de la fiabilidad de las ruedas que montamos en nuestro coche? Sí. “En matemáticas, la simulación por eventos discretos lo permite: te ayuda a tener un modelo predictivo en base a un comportamiento aleatorio de componentes tuyos. El componente aleatorio es la fiabilidad. Se trata de conseguir decirle a los centro de mantenimiento y reparación de aviones: si tu reparas una flota de 15 aviones, cuántas herramientas vas a necesitar en el mismo momento a la misma vez. No tienes que comprarlas todas ya, sino que sabiendo que dentro de un mes la vas a necesitar, la puedes comprar o alquilar”, resumen.

¿Dónde está el negocio? Lo explica Francisco Inglés: “Todo esto necesitaba una herramienta: no vender sólo un servicio, sino un producto. Un interfaz [ahí es donde entra Mario Inglés]. Y que al cliente, con los datos históricos de su flota de aviones y mantenimiento, le ayudará a que sus aviones vuelven más, gastando menos dinero. Expertos del sector nos dijeron: tiene buena pinta, pero habéis explorado esta vía, esta otra... qué haríais si pasa esto o lo otro. En una conversación nos dijeron: por qué no en lugar de dar un servicio no ofreces un software con su mantenimiento y un servicio. Y así tenéis dos líneas de negocio”.

Odilo

Esta empresa permite a las bibliotecas de todo el mundo prestar contenido digital. Compite en igualdad de condiciones con gigantes de la tecnología gracias a su modelo de negocio.

En ocasiones, por muy buena que sea tu tecnología, te va a ocurrir como con el viejo dicho sobre el honor y los héroes: que se presupone, así que si quieres rescatar a la princesa, necesitas un plan. Vamos, que si quieres clientes (la correspondencia empresarial de ‘princesa’) no vas a tener más remedio que diferenciarte por otra cosa. Como, por ejemplo, por el modelo de negocio. Sobre todo en un mercado en el que tu competencia sube un 700% los precios a sus clientes en un periodo de cuatro años. Pensarás que la forma de competir es con una tecnología igual de buena, pero siendo más baratos. Pero, claro, ¿cómo eres más barato? ¿Vendiendo más barato? No. Siendo escalable. La forma de competir es con un modelo SaaS en el que se pague por el uso: si crece el consumo, se paga más, proporcionalmente.

Del mercado genérico a los nichos

También lo habitual en el mercado es comenzar a atacar un nicho o varios y luego ir ampliando el rango a una oferta más genérica en la que puedan entrar más clientes. La idea es aumentar el espectro, pero el negocio –a veces– está en hacerlo al revés. En probar con el mercado genérico y luego, una vez demostrado el modelo, atacar distintos nichos. Es lo que ha hecho Odilo. Esta empresa que nació en Cartagena (Murcia) y que tiene ya oficinas en Miami y Nueva York ha desarrollado una tecnología que permite que cualquier editor de contenidos digitales (libro electrónico, audio y vídeo) pueda prestarlos y venderlos, que cualquier biblioteca pública y privada pueda adquirir estos contenidos y luego ofrecerlos en formato de préstamo e, incluso si le gusta al lector, vendérselos. Empezaron por las bibliotecas públicas (en la actualidad trabajan para el sistema de bibliotecas públicas de tres estados en EE UU), ampliaron a sistemas públicos de bibliotecas (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile), universidades (como la Universidad de Valencia), ayuntamientos y  colegios profesionales (como el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid).

“Empezamos sólo con la bibliotecas públicas. Lo habitual es arrancar con algo muy genérico y luego ir hacia un nicho concreto. Nosotros hemos hecho el camino inverso. Ahora acabamos de lanzar un nuevo marketplace que permite a cualquier institución comprar contenido para ofrecérselo a otro. Hemos pasado de trabajar con bibliotecas públicas a hacerlo, también, con universidades, colegios públicos y privados, asociaciones y colegios profesionales, ayuntamientos... Nuestro crecimiento viene de poder ofrecerlo a cualquier sector. Desde el genérico hemos ido al especializado (p.e. asociación de bibliotecas religiosas). También hemos entrado en el sector médico, en arquitectura...”, explica Rodrigo Rodríguez, cofundador.

“Lo complicado del proceso comercial ha sido explicarlo”, reconoce. ¿Con qué argumentos han ido al mercado? “En España y Latinoamérica decimos: es un modelo para pasar a gestionar mundo digital, abierto 24 horas y rentabilizar contenido. En Estados Unidos nos diferenciamos por el modelo de negocio: ganamos dinero en funcion del uso. El modelo de negocio de otros competidores se basa más en el dinero que puedan generar por la venta de contenido.  Nosotros les ofrecemos la tecnología y ellos pueden comprar los libros donde quieran, y si quieren comprárnoslos a nosotros, también pueden”, explica.

eHumanlife

Ehumanlife permite pedir a través de videoconferencia una segunda opinión médica a los mejores especialistas con traducción simultánea especializada.

"La idea nace por la desastrosa situación médica que vivió un familiar. Conocí de primera mano las múltiples barreras que le impidieron detectar y contactar al médico idóneo para frenar el deterioro que su enfermedad le estaba causando. No concebí que en la era digital fuese tan complicado contactar a un médico de referencia en un foco clínico, sin importar su localización, para pedirle una segunda opinión que pudiese mejorar la calidad de vida de un paciente. Por eso me lancé a crear una plataforma global de segundas opiniones médicas a través de videoconferencia especializada en oncología. Los pacientes almacenan su historial médico en la plataforma con los máximos estándares de seguridad y pueden compartirlo con el médico que estimen para que les dé su opinión”, relata Carles Vila, cofundador de ehumanlife.

Sin casarse con nadie

“Desde el primer día nos impusimos la premisa de que no debíamos asociarnos en exclusiva con ningún grupo asegurador u hospitalario. Aspiramos a realizar un cambio real que democratice y facilite el acceso a los mejores equipos médicos del mundo a cualquier paciente sin importar su localización. Queremos derribar las barreras geográficas, políticas y socioeconómicas que dificultan el contacto entre pacientes y médicos. Con esa base estudiamos los distintos modelos de gestión hospitalaria y adecuamos un modelo de negocio y explotación de la plataforma para cada uno de ellos. Así, los hospitales pueden hacer visitas de seguimiento a través de videoconferencia a los pacientes de dolencias crónicas, responder consultas de atención primaria o proveer segundas opiniones a pacientes diagnosticados en otro centro”, continúa.

“Estamos cerrando acuerdos con los hospitales de referencia a nivel mundial en tratamientos contra los distintos tipos de cáncer para que, a través de ehumanlife, puedan atender consultas de pacientes internacionales mediante videoconferencia. Un paciente de cualquier lugar del mundo puede almacenar su historial médico en la plataforma de forma segura y compartirlo con el doctor que elija para que le dé una segunda opinión. La plataforma facilita a los usuarios un servicio de traducción de historial médico así como el acceso de un intérprete en la videollamada para mediar entre pacientes y doctores que no hablen con soltura el mismo idioma”.

El modelo de negocio destinado a hospitales se basa en una cuota de alta y una suscripción mensual que permite a los centros derivar pacientes. Para los profesionales independientes el modelo de negocio pasa por generar ingresos a través de comisiones por servicio.

Endor

Una startup de investigación médica que fabrica cosmética para regenerar la piel demuestra que se puede trabajar en oncología desde un laboratorio de seis personas y ser rentable.

Endor es una startup de investigación médica atípica. Tendrían que haber buscado un capital riesgo, tenían que haber lanzado una nota de prensa para calentar el ambiente, tenían que haberse metido en un laboratorio durante 8-10 años, y a ver qué pasa con las pruebas clínicas cuando lleguemos. Es lo habitual. En esos ochos años, la mayoría de estas startups termina vendiendo la tecnología a una empresa más grande o lanzando un producto descafeinado que nada tiene que ver con la idea original porque el capital riesgo quiere recuperar su dinero, y han terminado confundiendo a inversor con cliente. Pues bien, no hicieron nada de todo eso.

Endor Nanotechnologies, para empezar, es una empresa diferente porque no la ha montado un equipo de investigadores científicos. La ha montado un físico curtido en el mercado de la electrónica de consumo, Joaquín Querol, una bióloga con experiencia en gestión de proyectos públicos, Judith Sendra, y un economista, Javier Fernández, que buscaban una tecnología innovadora.

Endor es también un negocio atípico porque tenía claro el tipo de tecnología que quería emplear (nanotecnología aplicada a las ciencias de la salud), el tipo de mercado en el que quería entrar (gran consumo) y el tipo de producto que quería desarrollar (innovador y que se pudiera fabricar a escala industrial), pero no sabía qué producto iba a ser ese producto. Decidieron empezar a investigar en oncología y regeneración de tejidos (esta tecnología podría convertirse a corto plazo en una ayuda real para tratar las lesiones en la piel de los pacientes que reciben quimioterapia) y por el camino, mientras esperaban a los resultados de su I+D, se encontraron con que todo lo que habían aprendido lo podían aplicar al sector de la cosmética. “Nos hemos encontrado con un arsenal de recursos técnicos que nos ha permitido desarrollar unos productos a mucha velocidad, muy eficientes que se desmarcan de lo que actualmente hay en el mercado”, explica Joaquin Querol. Así nació Y.en, un revitalizador cosmético de las células de la dermis y epidermis a través de un principio activo desarrollado con nanopartículas.

Y esto es sólo el principio. “Ahora nos centramos en la marca cosmética y esperamos que las ventas nos ayuden a sostener la investigación oncológica y a la vez a realimentar a la propia marca cosmética y hacerla crecer. Además tiene que servir también para financiar la investigación de las siguientes aplicaciones del principio activo que serán de tipo médico y con las que entraremos en el canal médico con nuestra propia marca. Eso no quiere decir que, además, no compartamos la tecnología con otros laboratorios”, asegura.

Goldemar

¿Coches con filtros que eliminen el monóxido de carbono? Venga ya. Que sí, que es posible. La tecnología ya existe, surgió por accidente, como ocurre en tantas ocasiones en los laboratorios, hace ocho años y desde hace dos tiene forma de negocio. Un investigador, un microscopio electrónico, una sala oscura y un momento de sorpresa. ¿Y qué más da que fuera por accidente? Lo que te importa es que ese accidente resuelva un verdadero problema y que llegue a ti ese beneficio. Y a la empresa le interesa que sea en forma de producto... Porque para llegar a eliminar el monóxido de carbono hay que pasar primero por otros sectores. El investigador que miraba por el microscopio era el físico Ernest Mendoza, que trabajaba con nanopartículas de oro.

Con lo que se encontró fue con un método sencillo para fabricar unas partículas de oro que tienen la capacidad de oxidar varios tipos de moléculas que contaminan la atmósfera. Resulta que este afortunado error tiene aplicación en el ámbito de la purificación de aire y la eliminación de emisiones contaminantes nocivas para la salud (compuestos orgánicos volátiles, monóxido de carbono y ácidos nitrosos) en varios sectores: automoción, alimentario, electrodomésticos, defensa y aeroespacial.

Quisieron empezar por el sector del automóvil, pero los clientes con los que se encontraron con el camino (esos que te hemos contado que son a los que preguntaron) les reclamaron para otros sectores. Así que todo llegará. Nos referimos a los filtros para los coches.

"Encontramos un material capaz de eliminar contaminantes en aire, y teníamos una idea de cómo convertirlo en producto, pero ha sido a partir de preguntas de potenciales clientes que nos preguntaban ¿vosotros podéis hacer esto otro? como hemos ido desarrollando nuestro portafolio de productos. Teníamos la idea de que venderíamos un tipo de producto muy determinado, incluso licencias de uso, y el mercado nos ha pedido productos terminados ad hoc para su sector”, explica Ernest Mendoza, cofundador de Goldemar, una spinoff de la Universidad Politécnica de Cataluña especializada en la purificación del aire con partículas de oro, que colabora ya, por ejemplo, con la U.S. Navy.

¿La verdad? No es habitual que un proyecto salido de la universidad se dedique primero a preguntar a potenciales clientes no sólo qué necesitan, sino cómo lo necesitan. Muchos equipos de investigación resuelven complicados dolores de un mercado, pero no son capaces de tranformarlos en un producto vendible. Por eso nos sorprendió el viaje de Goldemar para dar con su portafolio de productos. Nunca gastaremos suficiente tinta para insistir en que tener tecnología no es lo mismo que tener producto.

MedBravo

Ahora mismo entre un 3% y un 5% de los pacientes de cáncer que hay en Europa tiene la posibilidad de acceder a ensayos clínicos”, se lamenta Aurelia Bustos, cofundadora de MedBravo, un software en la nube que quiere convertir a todos los hospitales del mundo en una red en la que pacientes, investigadores y oncólogos estén conectados y resulte fácil derivar enfermos a un ensayo clínico que pueda mejorar su pronóstico. Hasta ahora se hacía levantando el teléfono...

Su principal baza ha sido entender cómo puede ser viable una red digital. “A los patrocinadores, la industria farmacéutica, que es la que financia estos ensayos, le ofrecemos la posibilidad de hacer una edición customizada de la información dentro de la red. También prevemos cobrar al patrocinador del ensayo por las derivaciones”.

SOM Biotech

Después de veintidós años trabajando en el sector farmacéutico, Raúl Insa, médico, doctorado en neurología clínica, se cruzó con un software capaz de identificar nuevas aplicaciones de fármacos ya conocidos (lo que en el sector se denomina como reposicionamiento). “Y vi una oportunidad de mercado. La tecnología la había diseñado una spin off de la Universidad de Barcelona. Convencí a mis socios y compramos la tecnología”, recuerda Insa, co-fundador de SOM Biotech.

Luego había que convertir la idea en negocio. La primera decisión: ¿producto o servicio? “Cuando arrancamos pensamos: en la farmacia hay aproximadamente 5.000 fármacos y tienes más de 150.000 enfermedades. ¿Por dónde empiezas? Porque está claro que no puedes abarcarlo todo. Arrancamos con una idea teórica: podremos trabajar en 25 proyectos anuales, podremos trabajar con 20 principios activos, podremos patentar 18, de ellos nos quedaremos con doce, y seremos capaces de vender seis... esa idea la tuvimos que cambiar porque el mercado no sólo demandaba que identificaras un producto que funcionara con otra enfermedad, sino que también avanzaras en el desarrollo y llegaras a la prueba de concepto clínico en humanos”, explica. 

“Había otra forma de abordar el mercado: mediante la prestación de servicios, ofreciendo la tecnología con marca blanca o con una marca de calidad. Aunque parecía lo más sencillo, no era lo que más valor aportaba a nuestro mercado”, asegura.

Alise Devices

Carlos Carrasco y Beatriz Cerrolaza , dos de los cinco fundadores de Alise Devices, decidieron dejar de estar calentitos y apostar por su proyecto a tiempo completo: Liliac, una tecnología anti-falsificación  en forma de etiqueta de 14 micras, del color, tamaño y forma que se desee, flexible e integrable en cualquier producto.

Pero todavía no hemos llegado a la bueno. Lo bueno llega ahora: “El modelo de negocio ha evolucionado mucho. Nosotros fabricamos un dispositivo que es una solución antifalsificación, pero que no es una solución final. Nuestro producto hay que insertarlo, dependiendo del sector: en una etiqueta en un artículo de lujo, en un documento, en un envase, en un packaging  o en una ficha de casino. Nos dimos cuenta de que no podíamos ir a cliente final”, explica Beatriz Cerrolaza.

“Nos quedó claro que no podemos dedicarnos a hacer envases para uno; etiquetas para otro... Hay empresas que ya se dedican a ello. No podemos hacer 1.000 productos. Así que hemos pivotado hacia alianzas industriales en distintos sectores: por ejemplo, imprentas, packaging y organismos emisores de documentos con los que colaboramos. Ellos son nuestros clientes, integran nuestra tecnología en sus productos y son ellos los que van al cliente final”, continúa.

No ignoran a la competencia. Ni tampoco que es un mercado de difícil acceso. “Tenemos que competir con otras soluciones antifalsificación, pero también con la interactividad, con los códigos QR, que son productos sustitutivos”, dice.

“Nuestras tecnología es muy difícil de replicar: somos los únicos que sabemos cómo hacerlo, pero aunque se descubriera cómo se fabrica, no resultaría interesante económicamente hacerlo por la problemática de la inserción del dispositivo”.

Fácil lo complicado
Beatriz Cerrolaza. Cofundadora Alise Devices: "Una de las principales ventajas de nuestro producto es que nuestra tecnología es fácil de verificar: sólo hay que poner la etiqueta a la luz de un móvil. En nuestro nicho hay tecnologías sofisticadas que requieren un dispositivo concreto de verificación, o soluciones en las que el usuario final no distingue claramente la protección de la etiqueta”.

Leuko

El bajo número de glóbulos blancos es el efecto secundario más común para pacientes de quimioterapia. “Pensamos que si hubiera un dispositivo que permitiera poder hacer un seguimiento de los niveles de glóbulos blancos se podría detectar antes cuándo están inmunosuprimidos”, apunta Carlos Castro, cofundador de Leuko. Han diseñado un pequeño dispositivo óptico que permite tomar imágenes de capilares muy superficiales en el dedo, cerca de la uña.

El proyecto nace de una necesidad del mercado y de un cliente concreto. En lugar de desarrollar una tecnología y buscarle luego un posible cliente o una posible aplicación. Pensamos en quién iba a utilizarlo, qué era lo que había ahora mismo en el mercado (qué íbamos a aportar nosotros de nuevo con respecto a lo que ya había en el mercado). Esto ha presidido el desarrollo tecnológico. "La idea que tenemos es crear nosotros la empresa y ocuparnos de la producción y comercialización del dispositivo. Tenemos propiedad intelectual, que puede ayudarnos a atraer capital. Ahora mismo no tenemos los medios para producir el dispositivo, ni para distribuirlo pero hemos contactado con grandes empresas del sector con las que asociarnos en este sentido. Hay que hacer, además, los estudios clínicos mínimos que exigen las certificaciones médico-sanitarias estadounidenses y europeas", explica Castro. 

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