Historias humanas de la crisis: de emprendedor turístico a recoger frutos con hueso

Aplicó el cierre forzoso, dejó a sus tres hijos al cuidado de su mujer y se fue de temporero

Ahora que ya está en casa, el balance que hace Gustavo Ortas de su experiencia como temporero en el campo es positiva. Sobre todo a nivel humano porque ha tenido oportunidad de conocer a gente de muchas culturas y desarrollar un especial aprecio hacia los senegaleses, “que me han parecido personas extraordinarias”.

Desde el punto de vista económico, no le ha salido tan rentable. En total habrán sido unos 900 euros por un mes de trabajo, a 6,5 euros la hora, teniendo en cuenta que si llovía no se trabajaba pero tampoco se cobraba y que esta primavera ha sido más húmeda de lo habitual.

En cuanto al trabajo en el campo, tampoco le resultó excesivamente duro. Original de la zona sur del Pirineo aragonés, procede de una familia de agricultores a la que en alguna ocasión ya tuvo que ayudar con las cosechas. Pero lo suyo es el deporte y el turismo activo. Por eso se licenció en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y decidió unirse a otros socios para montar, en 2006, la empresa UR Pirineos, dedicada a fomentar el deporte de aventura con disciplinas como rafting, piragüismo, hidrospeed, barranquismo, escalada u otros similares.

La empresa se emplaza en Murillo de Gállego, municipio entre Huesca y Zaragoza que tiene la peculiaridad de contar con algo más de 100 habitantes y 24 empresas de servicios, la mayoría orientadas al Turismo, aprovechando que se trata de un paraje natural con encanto surcado por las aguas del río Gállego. Por ellas suele lanzarse Ortas acompañando a turistas y alumnos, que es una de las actividades de la empresa.

Para vadear la crisis de 2008, los socios de UR Pirineos optaron por diversificar las líneas de negocio. A las actividades turísticas, añadieron cursos de formación presenciales y otros más especializados, como el Rescue3 SRT1 y SRT2, que imparten a profesionales en tareas de rescate . Se constituyeron también como agencia de viajes para ofrecer paquetes turísticos combinados. De la del 2008, dice que salieron «algo tocados, pero conseguimos sobrevivir y pagar todas las deudas”.

Su segunda crisis

También esta crisis la barruntaron poco antes de que se declarase el estado de alarma. El invierno les había tratado bien y las previsiones para la primavera eran buenas, pero empezaron a olfatear lo que se avecinaba, así que lo primero que hicieron fue darse de alta en el Régimen General para poder trabajar. A los pocos días se dictó el confinamiento y el cierre forzoso de todas las empresas con actividad no esencial. Supieron al poco que el Gobierno habilitaba nuevas líneas de créditos ICO para empresas y autónomos y ellos se apresuraron a solicitar uno, pero ello no despejaba del horizonte la “incertidumbre”, palabra que asocia Ortas cada vez que habla de la crisis del Covid-19.

“El crédito ya lo hemos recibido, pero en ese momento no sabíamos si nos lo iban a dar o no, cuándo nos iba a llegar el dinero, en qué condiciones, si teníamos derecho o no a cobrar el desempleo con tanto ERTE por medio…todo era incierto”, dice. La única certeza absoluta era que tenía tres hijos de 7, 9 y 10 años y que en casa no iba a entrar dinero durante un tiempo porque su mujer trabaja con él en la misma empresa. Así que cuando se enteró de que hacía falta mano de obra en el campo para recoger las cosechas de los frutos con hueso, dijo en la empresa que él se iba de temporero y se sumaron otros cinco compañeros.

La primera finca en la que estuvieron, casi prefiere olvidarla. Para hacerse una idea, valga el detalle de que la cuadrilla de temporeros pakistaníes que operaban en ella protestaban por el bajo salario y las condiciones infrahumanas de alojamiento. A la semana, el grupo de Ortas consiguió cambiarse a otra finca “infinitamente mejor y con unas instalaciones impecables”. En ella permanecieron hasta que concluyó la campaña del melocotón y hubiesen seguido con las cerezas de no ser porque el exceso de agua y las granizadas de esta primavera han dado al traste con la cosecha.

Ya de nuevo en Murillo de Gállego, el equipo de UR Pirineos se prepara ahora para abordar las desescalada y la reapertura de negocio conforme a las normas de distanciamiento y seguridad establecidas. Saben que los augurios para el turismo local en general y el rural en particular, son buenos para este verano. Creen que si salieron de la del 2008, también esta la van a superar, pero a Gustavo Ortas le empieza a hastiar el vértigo ese de la montaña rusa emprendedora. Se siente muy orgulloso de lo que ha hecho y quiere seguir contribuyendo al progreso de la empresa, pero plantea también una vía alternativa que aseguren unos ingresos fijos y continuos en casa. Hablamos de opositar.