El jarabe heroína y otros 4 productos que nadie se atrevería a comercializar hoy

A veces tiene que pasar el tiempo hasta descubrir los efectos nocivos de algunos productos que se comercializan y que, en su momento, se ponen de moda. Desde un jarabe a base de heroína hasta unas jaulas para colgar a los bebés en las fachadas, son algunos de esos productos milagrosos que hoy nadie se atrevería a comercializar.

producto jarabe heroina

Jarabe Heroína contra la tos

El producto lo comercializaba Bayer, la multinacional farmacéutica alemana, y se llamaba así, Jarabe heroína, sin más, porque se basaba en la utilización de esta droga opioide procedente de la morfina. Se puso a la venta en 1898 y se recomendaba para aliviar la tos, bronquitis u otros problemas respiratorios de los niños. El medicamento podía adquirirse sin receta en farmacias y droguerías, establecimientos autorizados, entonces, para dispensar medicamentos.

Con el tiempo empezaron a revelarse casos de niños que desarrollaban más gusto por el jarabe del deseable llegando incluso a simular toses convulsas. Finalmente, se confirmó la adicción que generaba y fue en el año 1913 cuando Bayer paralizó la producción de su jarabe.

Actualmente, aunque se le reconocen propiedades analgésicas y como supresor de la tos y antidiarreico, la heroína está ilegalizada prácticamente en todo el mundo, de manera que ninguna empresa la incluye como componente de algún producto legal.

Aclarar, no obstante, que Bayer no era la única marca que tiraba de drogas en ese momento. En España se vendían en 1912 las denominadas Pastillas Crespo hechas a base de mentol y cocaína, también muy populares para calmar la tos y que podían adquirirse al precio de 1,50 pesetas la caja.

Jaulas para bebés en las fachadas

Eran jaulas para colgar en las fachadas de los edificios, pero en lugar de estar habitadas por canarios, jilgueros o ruiseñores, eran los niños los destinatarios de este receptáculo. Se puso de moda a comienzos del XX, sobre todo en ciudades como Londres o Nueva York. Se suponía que era un buen método para que los niños tomaran el sol y permaneciesen más tiempo en espacios ventilados al objeto de robustecer la salud de los niños, tanto es así que algunos se referían a ellas como las ‘jaulas de la salud’.

Se llamaban ‘baby cage’ y eran una especie de jaulas metálicas acondicionadas y cubiertas con un techo inclinado para proteger al niño de la lluvia, la nieve o el viento. Inventado en Estados Unidos en 1922, la patente para la jaula se le asignó a Emma Read decía lo siguiente:

“Es bien sabido que surgen muchas dificultades para criar y alojar adecuadamente bebés y niños pequeños en ciudades atestadas, es decir, desde el punto de vista de la salud. Con estos hechos a la vista, el propósito de esta invención es proporcionar un tipo de fabricación para bebés y niños pequeños que se suspenderá sobre el exterior de un edificio adyacente a una ventana abierta, en donde se puede colocar al bebé o niño pequeño”.

Eleanor Roosevelt, esposa del 32º presidente de los Estados Unidos, fue una de las mayores defensoras del ingenio que utilizó para su hija Anna. A mediados del siglo XX empezó a descender la popularidad de estas jaulas debido, posiblemente, al aumento del tráfico y la escasa seguridad de tener al niño todo el día colgado a la intemperie.

Dietas milagro

Los estándares de belleza cambian con las épocas, lo que se repite es su tiranía y los sacrificios que exigen su adaptación, muchas veces contra natura. Durante muchos años las mujeres han luchado por lucir una figura excesivamente esbelta con la consecuente pérdida de peso. Una de las dietas que se pusieron de moda para alcanzarlo es la que se conoce como ‘la dieta de la Tenia’, la misma que, supuestamente, se habría aplicado la soprano María Callas emulando a su hermana, a la que siempre definía como “delgada, hermosa y amigable”.

Se suele poner a Callas como ejemplo por su popularidad, pero no fue la única que se sometió a un tratamiento tan asqueroso para conseguir un rápido adelgazamiento basado en la ingesta de parásitos, gusanos, lombrices y otros ‘bichos’ similares en forma de pastillas. A la larga, los parásitos desarrollados provocarían vómitos y diarreas que procurarían la deseada pérdida de peso.

Uno de esos productos se denominaba Sanitized Tape Worms conocido también como la dieta de la solitaria, el cual prometía un veloz adelgazamiento sin ningún tipo de ejercicio, sin efectos secundarios. El tiempo demostró de lo de la ausencia de efectos secundarios era falso porque, al margen de los problemas estomacales, la tenía podía desencadenar dolencias de la vista, meningitis, epilepsia y demencia.

Obleas de arsénico para el cutis

A fines del siglo XIX, los periódicos estadounidenses publicitaban unas latas de obleas que, si las comías, prometían eliminar pecas, espinillas, granos y otras imperfecciones dérmicas faciales. Esos productos contenían veneno, pero no era un secreto, pues lo anunciaba abiertamente la etiqueta, donde podía leerse «Obleas de Arsénico para el Cutis”. Engañar no engañaban. Igual lo que no se explicaba muy bien que el arsénico es un producto extremadamente tóxico. 

Se sabía que el arsénico era venenoso, pero su justificaba su uso por la baja dosificación. Así que las mujeres de las clases altas no tuvieron reparo en ingerir estas pastillas que blanqueaban la piel, que era lo que estaba de moda entre las mujeres en el siglo XIX. La obsesión por la palidez de la piel se extiende hasta nuestros días aunque se aplican tratamientos supuestamente más avanzados. El cantante Michael Jackson sería uno de los que se sometió a dicho tratamiento después de que le diagnosticaran vitíligo, una enfermedad que genera manchas blancas en la piel por un problema de melanocitos, claro que ahora se dispensaba bajo prescripción médica.

Radithor, la bebida radiactiva

Radithor fue fabricado entre 1918 y 1928 por Bailey Radium Laboratories, Inc., de East Orange, Nueva Jersey. El propietario de la empresa y director de los laboratorios figuraba como William JA Bailey.

Eben Byers, un rico miembro de la alta sociedad estadounidense, atleta, industrial y graduado de Yale College , murió por envenenamiento por radio Radithor en 1932. Fue enterrado en un ataúd revestido de plomo; cuando fue exhumado en 1965 para su estudio, sus restos aún eran altamente radiactivos.

Igual hoy nos parece absurdo, pero el consumo y uso de productos radiactivos se puso de moda a principios del siglo XX. Lo usaban desde para fabricar dentífricos, como el de la marca Doramad con una potente acción antibacteriana, hasta camisetas térmicas o cosméticos.

Hoy se conocen cuáles son los efectos nocivos de la exposición directa a las radiaciones, entre otros el cáncer, así que cuanto más alejados nos mantengamos de ella, mejor.