Empezó limpiando escaleras y hoy tiene una empresa con 9.300 empleados

Cerraron el año pasado con una facturación de 109 millones de euros y cuenta con una plantilla que supera los 9.300 profesionales. Es la historia de Limcamar y de su fundador, Pedro Cánovas, antiguo empleado de la limpieza.

Limcamar

“Siempre limpio” es la frase que se lee en el perfil de whatsapp de Pedro Cánovas. De no ser tan humilde, podría poner también “el Amancio Ortega de la limpieza”, emprendedor al que admira, del que es proveedor y con el que comparte, dice, la sencillez y el rechazo a prodigarse en los medios.

Este año, sin embargo, Pedro Cánovas está dispuesto a hablar y saltarse la norma. Cree que la celebración del 35 aniversario de Limcamar lo requiere y eso que todavía no acaba de creerse lo que le ha tocado en suerte vivir con la compañía que fundó el 13 de octubre de 1987. El día 13 lo eligió adrede, que es un número que él le da buen feeling.

Limcamar es una empresa que se dedica a la limpieza de interiores y exteriores de edificios, desinfección y jardines. Trabaja en España y Portugal, y ya como persona física, con otras siglas en Alemania y Holanda. En nuestro país, se sitúa como la quinta compañía dentro del sector, después de lograr cerrar el año pasado con una facturación de 110 millones de euros.

Desde 1992, es costumbre de la empresa llevar todos los beneficios a reservas voluntarias, colchón que va ya por los 40 millones de euros. Esta práctica tan saludable les ha permitido sortear las crisis padecidas desde entonces con holgura y que garantizar el pago de los salarios de los 9.318 empleados que trabajan para la organización.

Cierto que a comienzo de la pandemia también Limcamar tuvo que mandar a 3.000 empleados al ERTE porque muchos de los negocios para los que trabajan tuvieron que cerrar. Pero mantuvo en activo a otros 6.000 para atender un servicio esencial prestado en unas condiciones especialmente duras. EPIs y material de protección nunca les faltó, pero a Pedro Cánovas se la pasó a veces por la cabeza la idea de estar poniendo en riesgo excesivo a los trabajadores de la compañía, sabiendo el escenario que se encontraban en muchas residencias de ancianos y centros hospitalarios. 

La pandemia posibilitó que Limcamar saltara de facturar 92 millones de euros a cerrar con 109 millones, pero Cánovas recuerda todavía con angustia aquellos meses. Tampoco tiene que esforzarse demasiado para ponerse en la piel de los empleados. Al fin y al cabo así es como empezó él junto a su mujer, trabajando como empleados para una empresa de limpieza en Zaragoza.

El traspié que le puso a limpiar cristales

No es que Pedro Cánovas estuviese encaminando sus pasos en esta dirección, fue un traspié el que le obligó a dejar a su mujer embarazada cuando él cursaba segundo curso en la Facultad de Derecho de Murcia. “Durante un tiempo fue mi mujer quien me mantuvo limpiando escaleras en distintas comunidades. Entonces nos llegó una oferta para trabajar en una empresa de limpieza en Zaragoza y allí nos fuimos los dos con la niña de dos meses. Te hablo de los tiempos en que no había mocho ni nada, se fregaba de rodillas y con bayeta”, recuerda.

En Zaragoza permaneció el matrimonio durante cuatro años, hasta que decidieron regresar a Murcia y destinar las 500.000 pesetas que habían ahorrado a crear su propia empresa dentro de un sector que ya entonces les era familiar. 

Limcamar la constituye Pedro Cánovas junto a su hermano mayor a la edad de 23 años. Trabajando, al principio, estaba solo el matrimonio pero al poco fueron creciendo hasta ampliar el negocio con 17 empleados. El primer gran cliente que contrató sus servicios fue la delegación en Murcia de la aseguradora Crédito y Caución. 

El factor suerte

Ya en el año 1992, Cánovas recibió una llamada del responsable de Inditex en Murcia para que encargar a Limcamar la limpieza de las tiendas y las oficinas de la región. Más tarde llegarían otras de Inditex Albacete, Inditex Alicante, Valencia…El mismo proceso que siguieron la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos y Telefónica, la tres compañías principales que sustentaron el crecimiento de la compañía en los primeros años.

Telefónica no está ya entre su cartera de clientes donde siguen figurando compañías como Tendam -el antiguo Cortefiel-, los hospitales de Sanitas o el contrato que acaba de suscribir con IKEA a escala nacional.

Solía recurrir el padre de Pedro Cánovas a un refrán que dice: “al saber, le llaman suerte” con el que se resta valor al talento de las personas. El hijo, sin embargo, otorga cierto valor al factor suerte en los negocios. A toro pasado, puede interpretarse que algo de suerte hubo cuando se anticipó un embarazo que le desvió del camino original y le llevó a casarse “con una mujer magnífica y que me ha dado unos hijos maravillosos también” y tener que limpiar escaleras durante un tiempo.

Le hubiese gustado comprobar su desempeño en el mundo de la abogacía, pero ahora, con 57 años y varias empresas a su cargo, apenas cede tiempo a la añoranza.

La habilidad de saber contratar

En cuanto a sus habilidades para lograr escalar desde Murcia una empresa como Limcamar, dice Pedro Cánovas: “Lo que yo siempre he hecho bien es contratar a las personas, rodearme de gente con muy buen criterio”. Normal que haya desarrollado cierto ‘olfato’ en la materia con una plantilla que cercana a las 10.000 personas, si se suma a Limcamar otra empresa constituida como Centro Especial de Empleo con la que ofrece a otras compañías personal de limpieza con discapacidad física o psíquica. Tiene también una pequeña bodega de la que “prefiero no hablar. Además, esa solo da pérdidas”.

Al margen de sus dotes como empleador, Cánovas apunta a la calidad y a la personalización de sus servicios como otras claves del éxito. Dentro del organigrama de la empresa figuran ahora seis directores y 52 delegados. La misión de estos últimos es hacer un seguimiento estrecho para conocer el grado de satisfacción de los clientes que se les asignan buscando mejorar al máximo la experiencia del cliente.

Asimismo, el 95% de las personas que trabajan en Limcamar son mujeres, de aquí que la empresa se tome en serio la implementación de políticas de igualdad.  En cuanto a la dignificación laboral de este perfil de profesionales, reconoce el director general de Limcamar que procede de un esfuerzo de las negociaciones de las centrales sindicales y la patronal, pero que también la tecnología y la mecanización de muchos procesos han ayudado a reducir de forma notable los accidentes laborales.

Cabezudo de honor

A modo de anécdota, narra Cánovas una visita reciente a un fisioterapeuta que al reconocerle le preguntó ¿qué iba a hacer con los 9.000 empleados si algún día dejaba la empresa? “No supe qué contestarle. Si soy abuelo y ni siquiera sé que tengo que hacer con mi nieta, pensé. Pero lo cierto es que me hizo reflexionar, aunque sigo dándole vueltas a la incógnita”.

Posibilidades que le vienen a la cabeza hay varias,  desde que sea su hijo quien tome, si quiere, las riendas del negocio, “que es muy buen chaval y mucho más listo que yo”, hasta vender la compañía o nombrar a otra junta directiva.

Lo único que tiene claro es que no le gustaría traicionar a su gente. Pedro Cánovas se ha convertido en una persona muy apreciada en su región de la que proceden 1.100 personas de la plantilla. Lo ponen de manifiesto el Premio al Desarrollo Empresarial, otorgado por la Cámara de Comercio de Murcia o, más especial aún para él, haber sido Cabezudo de Honor 2018 del Entierro de la Sardina en la ciudad, título que recibió en reconocimiento a su trabajo, dedicación y compromiso con la región.