La increíble agencia de viajes especializada en islas desiertas

¿Imaginas sobrevivir como un auténtico náufrago en una isla desierta durante varias semanas? Docastaway, una empresa fundada por un emprendedor español de 39 años, ya factura 150.000 euros anuales ofreciendo esta experiencia.

Alvaro Cerezo Docastaway

El origen de Docastaway se encuentra en la afición por la aventura y la supervivencia que le viene de pequeño a Alvaro Cerezo: “Veraneaba en La Herradura -en la provincia de Granada- con mis padres. Es un sitio con muchas calas desiertas, y yo me solía escapar a una de ellas con mi barca. Desde ese momento, me aficioné a estar solo y sentirme como un náufrago”, recuerda. 

Luego, en plena adolescencia, Cerezo buscaba una empresa que le posibilitara viajar a alguna isla desierta del mundo para pasar un tiempo. No la encontró, y decidió emprender el viaje por su cuenta. Desembarcó en una isla de India, donde vivió un mes. La experiencia fue tan buena que no dudó en repetir. “Cada vez que tenía tiempo y dinero buscaba una isla nueva en distintos lugares del mundo. Tuve suerte, porque mi hermano era azafato de vuelo y gracias a él no tenía que pagar los billetes”. 

Con los años, terminando ya la carrera de Económicas, se dio cuenta de que a mucha gente le gustaba lo que hacía, pero no encontraban el valor para lanzarse a la aventura. “Pensé que si no existía una empresa que organizara viajes de este tipo, yo podría intentar cubrir la demanda”. 

Aunque los comienzos, en 2010, no fueron fáciles. “Durante los primeros dos años no tuve prácticamente clientes, eran casi todo amigos que sirvieron como conejillos de indias para que probaran las islas y me contaran qué tal había ido”, recuerda. 

Islas exclusivas a precios razonables

La principal clave de Docastaway es su oferta, única en el mundo. Por un precio razonable -el ticket medio está en 2.500 euros por una semana, sin contar los desplazamientos-, sus clientes (o náufragos), disfrutan de una isla desierta en la que están solos por completo. 

Aunque su modo Aventura permite vivir la experiencia de un náufrago real, sin sustento del exterior ni comodidades añadidas a las que ofrece la propia naturaleza, también cuentan con la modalidad Confort, en islas desiertas, pero equipadas con cabañas, ducha y cocina. El primer plan está pensado para personas de entre 25 y 40 años, mientras que el segundo es más demandado por parejas, muchas de ellas aprovechando su viaje de novios. Por países, los más aventureros se encuentran en EE.UU., Holanda, Inglaterra y, desde el final de la crisis de 2008, también España. 

Para Cerezo, dirigirse a un nicho tan específico tiene sus pros y sus contras. “No podemos invertir mucho en las islas porque sabemos que vamos a tener entre cuatro y cinco clientes al mes. Aun así, crecemos poco a poco y mantenemos nuestra responsabilidad con el cliente para vigilar y asistirle si necesita cualquier cosa. Si tuviésemos 100 náufragos en las islas, igual no podríamos dar esa calidad de servicio”, explica. Los datos avalan su teoría. Con este método, consigue facturar alrededor de 150.000 euros anuales, y ha conseguido crecer un 15% anual desde su salida al mercado.

Sin embargo, el crecimiento que el empresario quiere afianzar se encuentra más en la marca que en el producto. Para ello, la clave está en convertir Docastaway en una marca consolidada en el mundo de la supervivencia y lanzar productos paralelos, como “una marca de ropa de aventura u otras variantes del negocio, como ofrecer playas desiertas dentro de una isla compartida con otros clientes”. Todo ello, siguiendo la filosofía del “partido a partido” que Diego Pablo Simeone sigue en el Atlético de Madrid. “Lo hago porque me apasiona, y prefiero que sea sólido”, explica Cerezo. 

Pocos costes fijos y mucho futuro

Atendiendo al modelo de negocio, Docastaway presenta unos costes fijos muy bajos. Su catálogo ofrece muchas ubicaciones en todo el mundo, las cuales no siempre están ocupadas. Por ello, todos los trabajadores de la compañía son autónomos. “Formamos a un equipo de gente en cada zona geográfica. Lo importante aquí es encontrar islas que sean baratas de alquilar a sus dueños y en las que no haya pescadores, para garantizar la privacidad de los clientes”. 

El esfuerzo, por tanto, se encuentra en la búsqueda y selección de las localizaciones. “No buscamos islas privadas en las Bahamas, el Caribe… Todo eso es demasiado caro, y no podría salir a cuenta. Nuestro nicho es, de por sí, muy pequeño, y si ponemos un precio alto, lo reduciríamos todavía más”, valora Cerezo. Por ello, todas las islas desiertas que ofrecen se encuentran en lugares bastante remotos, a los que se tarda entre dos y tres días en llegar. La ida y la vuelta, sumada a la propia experiencia en la isla, ocupa unas dos semanas en total. 

Otra peculiaridad es la ausencia de intermediarios, como agencias de viajes, en su acercamiento al cliente. “Queremos estar en contacto directo con ellos, conocer su personalidad y no llegar a malentendidos sobre lo que ofrecemos”, explica. Debido a esta filosofía, Docastaway ha tenido que poner el foco en una estrategia de comunicación que muestre cómo vivir en una isla desierta es posible y puede ser apasionante. Cada año, elaboran un reportaje en el que presentan a verdaderos supervivientes que llevan mucho tiempo -incluso décadas- viviendo solos en islas desiertas. 

El empresario cree que la tendencia hacia la especialización que el sector lleva experimentando varios años responde a las ganas de aventura de los consumidores. “La gente también se cansa del turismo de playa y pulserita o de visitar una ciudad”, explica sobre una preferencia que puede acentuarse tras la crisis mundial del sector por el COVID-19. “La gente querrá estar un poco más aislada durante sus vacaciones, por lo que el turismo rural, también en una isla desierta, puede tener un peso todavía más importante”. De momento, Cerezo confía en su modelo 

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