Esta popular muñeca, fabricada por una pyme de 16 empleados de Onil, en Valencia, también basa su actividad en la nostalgia. La muñeca vio la luz a finales de la Guerra Civil y fue todo un fenómeno social en la España de 1940 en la que muy pocos podían costeársela (costaba 100 pesetas). A pesar de su elevado precio, se llegaron a vender más de un millón de ejemplares y el juguete traspasó fronteras, comercializándose incluso en Portugal, Argentina y Venezuela. Su producción se paró entre 1972 y se volvió a retomar en 1999. “Los socios actuales son los mismos de entonces, y el diseño, el registro de la marca y los moldes son los originales”, afirma José Antonio Crespo, gerente de la empresa. Producen, en total, unas 80.000 al año y en 2007 facturaron 2,8 millones de euros. ¿Por qué se sigue vendiendo este juguete? “Transmite valores como el glamour, la memoria, elegancia y poder económico”, dice Crespo.

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