Empezó Pequeña Moma con -130.000€ y hoy lidera una empresa con cerca de 50 personas

Son cerca de 50 personas las que, a día de hoy, forman parte de la plantilla de Pequeña Moma, la marca de la raspa de pescado con la que Paloma Jaúdenes quiere ahora conquistar el ecommerce.

Pequena Moma. Paloma Jaúdenes

Los comienzos no fueron fáciles. Tras cerrar la tienda de la franquicia de Neck&Neck que Paloma Jaúdenes llevaba en Cartagena a modo de solución de autoempleo, tuvo que prestamizar una póliza de 130.000 € que, a día de hoy, continúa pagando. El dinero lo necesitaba para montar otro negocio, esta vez con la que entonces era su suegra como socia, aunque no fuese el mejor momento. Un viernes se daba de alta como autónoma y al día siguiente, sábado, entraba en el paritorio para alumbrar a uno de sus cuatro hijos, la cuarta costilla de la espina de pescado que se convertiría en logo de la marca.

Luego ya, nada de pasear al bebé por el parque ni descanso por maternidad, que Jaúdenes tenía claro que con el nuevo negocio no podía volver a fallar. Surge así, en 2013, Pequeña Moma, una empresa familiar cuyo germen hay que buscarlo en un pequeño local de la ciudad de Cartagena. Entonces era una tienda de calzado y ropa para niños, pero como eran las madres las clientes habituales en la tienda, añadió luego alguna prenda y accesorios para mujer en el catálogo. Poco a poco esta línea le iría ganando terreno a la ropa infantil hasta convertirse en una marca de moda para mujer y, años después, también para hombre.

Pero nos hemos adelantado un poco. Pequeña Moma siempre ha diseñado y fabricado sus productos, al principio con más proveedores italianos que españoles, por motivos de precio. Llegó incluso a aliarse con otra emprendedora de moda gallega a la que conoció a través de instagram para hacer juntas los encargos y alcanzar así el mínimo de producción que exigían las fábricas. Pero también supo ganarse la confianza de muchos proveedores de la zona que no dudaron en adelantarle material. Ninguno de ellos ha tenido que arrepentirse de haberla fiado que Jaúdenes, además de cumplir, se rige por la máxima de “con la gloria, no pierdas la memoria” así muchos de los que confiaron el el proyecto desde el principio han visto crecer los pedidos de 5.000€ a 150.000.

Otra de las cosas que descubrió pronto Paloma Jaúdenes es la fortaleza de las redes, un mundo que le apasiona y en el que se desenvuelve con soltura. De esta forma, a la buena acogida de la tienda en Cartagena, logró sumar ventas en Facebook e Instagram, con miles de seguidores que simpatizan con la marca. Montó también una página web, aunque más por ampliar la presencia digital que como nuevo canal de ventas.

De la centralita de El Corte Inglés a ser proveedora

Tampoco es que le hiciese falta en ese momento el ecommerce, porque la marca ganaba brío sin necesidad del mismo. La expansión la inició por puntos de costa, abriendo pequeñas tiendas para turistas que funcionaban bien. Luego participó en un pop-up de un centro comercial y así iba creciendo sin hacer mucho ruido y con un negocio todavía tirando a humilde. Hasta que un día recibe una llamada desde El Corte Inglés de Madrid, invitándola a mantener una reunión para hablar de la posible venta de la marca en los establecimientos del gran distribuidor.

El Corte Inglés lo conocía muy bien Paloma Jaúdenes de los tiempos que trabajó en la centralita del centro en Cartagena, pero de ahí a hablar de tu a tu a los directivos hay un mundo. “Ahora me río, pero al llegar a Madrid me sentí como Paco Martínez Soria recién bajado del autobús”, cuenta. Así que se tomó dos tilas y se fue para la calle Tomás Bretón, que es donde está la división de confección y moda de El Corte Inglés. El trato se cerró en positivo y adjudicaron a Pequeña Moma un corner en uno de sus establecimientos, en la planta de señoras. Actualmente, son 8 los centros del gran almacén en los que pueden adquirirse productos de la marca. Se suman a ellos 5 puntos de venta en otras tantas zonas de playa, una tienda en la capital de Murcia y el buque insignia, que sigue estando en Cartagena, ahora bastante más grande que el original. En total son 15, cinco menos de los que Pequeña Moma tenía en funcionamiento antes de la pandemia, cuando Jaúdenes decide recular.

El replanteamiento de Pequeña Moma

Los datos de facturación de Pequeña Moma en los últimos ejercicios apuntaban al crecimiento. De los 1,91M de euros facturados en 2018, pasa a 2,33 millones en 2019. Ya en 2020 las cuentas se contraen, pero no mucho, que cerró el año de la pandemia otra vez con 1.91 millones facturados. No obstante, cualquier emprendedor sabe que poco tiene que ver la facturación con la rentabilidad de la empresa y Jaúdenes sintió que se tambaleaba el suelo.

Con el confinamiento mandó al ERTE al 98% de la plantilla, cercana ya a las 50 personas. Ese día, lo recuerda como uno de los más duros de su carrera profesional. “Ha sido como si me arrancaran un pedazo de carne, de corazón o de alma”, explicaba a los empleados a través de una carta “escrita muy como soy yo, con el corazón”.

Permanecieron en la empresa solo ella y dos más, pero aprovechó el momento para reflexionar y poner orden en la empresa cuya estructura había crecido demasiado para ser soportada por los cimientos originales. Para seguir creciendo de forma sana y sostenible, antes de tomar impulso tenía que aligerar la carga y fortalecer el anclaje. Cierra entonces 5 puntos de venta en El Corte Inglés, pide un ICO y empieza a profesionalizar la empresa con perfiles nuevos y a automatizar procesos. Por último, se replantea toda la estrategia digital ahora más como otro pilar fundamental que como “el patito feo” que era antes. Quiere también aprender a poner más cabeza que vísceras a sus decisiones de empresa sin renunciar por ello a la esencia de la compañía. 

“No estaba preparada para lo que vino”, reconoce. Así que ahora está en pleno proceso de transformación digital para que “si viene otra, me pille con las botas puestas”. Por el momento, el canal online apenas representa el 15% de las ventas de la compañía, pero Pequeña Moma está dispuesta a hacerse fuerte en este terreno haciendo las cosas bien y con calma. “Olivica comía, huesico al suelo”, que es como diría Diego Simeone su partido a partido en caso de ser murciano. 

Ha aprovechado también el parón de la pandemia para hacer un redesign de la marca. Si se mira bien, otro pequeño problema porque el logo que Paloma Jaúdenes decidió tatuarse ahora se lo han cambiado. La raspa del pez con cuatro costillas, un ojo con forma de estrella y la cola en forma de corazón ha cobrado cuerpo, vitalidad y se ha inmerso en un fondo azul marino que es la manera de simbolizar que nadan contracorriente. 

El «equipazo«

Pequeña Moma ha recuperado ya el 100% de la plantilla, en su mayoría mujeres y de todas las edades. “Están las jóvenes, encantadas con el salto a la digitalización, aunque luego, en cuanto ven un botón un poco suelto, en lugar de fijarlo lo tiran al cesto de las taras. Con las mayores, algunas de las cuales son ya abuelas, pasa al contrario, pero todas añaden valor y forman parte del equipazo que me ha ayudado a estar donde estoy”.

A Paloma Jaúdenes no le gusta rodearse de gente palmera, pero ha sido galardonada con numerosos premios como emprendedora. En más de una ocasión hasta ha llegado a sentir vértigo por ello, “como que me cae más responsabilidad y pienso, cuidado, que siempre puedo fallar, que no sería la primera vez”.

Tras ser madre por primera vez a la edad de 19 años, Jaúdenes ha tenido después otros tres hijos a los que lamenta no haber dedicado todo el tiempo que le hubiese gustado, “aunque todo lo haya hecho por ellos”. Esa pequeña astilla, no quiere que la compartan otros en el equipo, por lo que ha arbitrado medidas de conciliación familiar y personal.

Tampoco desea ignorar a la industria nacional. Esos proveedores iniciales de Italia los fue sustituyendo con el paso del tiempo por otros de Murcia, Ciudad Real, Catalañuña…y ahora puede presumir de que el 65% de los proveedores que trabajan con ella son españoles.

Y aunque, después de hablar con Jaúdenes, uno pueda extraer la impresión de que ha saboreado más las mieles del emprendimiento que las hieles, no hace mucho que la preguntaron en un evento si le gustaría que sus hijos, en un futuro, se convirtiesen en empresarios. “La pregunta me dejó un poco descolocada, pero después de pensarlo un rato, la respuesta fue no, que también en esto hay mucho sufrimiento”.

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