De La Tienda del Espía a querer ser el “Amancio Ortega de los vinos” con La Bodega del Humor

Tras muchos años detrás del mostrador de su popular establecimiento La Tienda del Espía, Antonio Durán lanza ahora un proyecto nuevo bajo el nombre La Bodega del Humor con el que quiere crecer bajo el modelo de franquicia.

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Antonio Durán lo ve todo, lo que se muestra y lo que se quiere ocultar. No en vano lleva más de 30 años años al frente de un negocio de venta de artículos para conseguir información secreta, La tienda del espía, la cual le ha procurado cierta popularidad en el ramo

“Si, desgraciadamente soy emprendedor desde los 18 años. Me dio por emprender porque mis padres eran emigrantes”, dice este emprendedor que nació en Extremadura, pero que ha vivido en Alemania, Bilbao y, desde hace años, en Madrid. Pero pronto abandona el tono quejumbroso para centrar la conversación en su nuevo proyecto: La Bodega del Humor que siempre remata con la coletilla de “una bodega para partirse de risa”.

Se trata de un establecimiento especializado en la venta de botellas de vino y cerveza en cuyo etiquetado aparecen mensajes simpáticos de todo tipo, muchos al hilo de la actualidad, con digitalización incluida. A los compradores se les ofrece la posibilidad de grabar un mensaje con una dedicatoria personalizada que luego el receptor puede consultar aproximando la cámara de su teléfono móvil para escanear un código QR impreso en la etiqueta.

La iniciativa cuenta con el respaldo de un importante elenco de humoristas españoles, desde Monagillo, Santiago Urrialde, Marta de la Vega o Agustín Jiménez, hasta otros más veteranos como José Carabias, Bigote Arrocet o Josema Ayuste.

En cuanto a lo que debe entenderse por ‘mensajes simpáticos’ en este caso, baste con algunos ejemplos para que cada cual juzgue: “El amor es ciego, pero cuando te casas poco a poco vas recuperando la vista”; o “antes los padres tenían 3 o 4 hijos, ahora los hijos tienen 3 o 4 padres…será también por el cambio climático?” o, “¿Buscas trabajo? Si tienes la menopausia estás contratada”.

Las hay también con mensajes patrióticos, de adhesión a Ucrania, a favor y en contra de las vacunas del Covid y las sucesivas dosis (dentro de la serie vacuvinos). Entre las más vendidas figuran las que se se adquieren como regalo de felicitación con dedicatoria personal. Entiende Durán el riesgo que se corre en estos momentos con este tipo de mensajes pero tiene asumido que «no se puede gustar a todo el mundo así que, el que no tenga humor, que se compre otra cosa, o igual podemos hacer una edición especial para él».

La idea no era esa

Mientras padecía los estragos de la pandemia con el cierre del negocio de La tienda del Espía, con establecimientos en ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia, Antonio Durán tuvo la ocurrencia de desarrollar una aplicación que permitiese grabar las conversaciones de los teléfonos móviles. “No para espiar ni con fines perversos, eh, sino para que uno mismo pudiera grabar su propia conversación en caso de recibir amenazas o de la misma forma que lo hacen muchas operadoras, aunque te adviertan de ello”.

Para su desarrollo echó mano de un programador profesional. “Después de crear la app, pensé que podríamos promocionarla regalando una botella de vino usando la imagen y la fonética distorsionadas de dos personajes tan famosos como Villarejo y Jordi Pujol. La idea era que, comprando el vino, se bajasen la aplicación para escuchar los mensajes y disfrutarla de forma gratuita durante unos meses. Luego llegó el coronavirus y se chafó todo. Durante el confinamiento, tuve tiempo de replanteármelo y decidí quedarme con el tema de la bodega porque es lo que más me divierte y lo que más me acerca a la gente. Las botellas de Villarejo y Pujol ya no están a la venta, las guardo yo como recuerdo”.

Cambió entonces el nombre de La Bodega del Espía concebido originalmente por el de La Bodega del Humor actual que Antonio Durán tiene intención de expandir bajo el modelo de franquicia. Local propio de marca -el día que hablamos con él- todavía no tiene, pero asegura tener más que testado el producto y su encaje en el mercado porque durante un tiempo ha simultaneado la venta en el mismo establecimiento de La Tienda del Espía de mini pegasus, bolígrafos cámara o enchufes con sistemas de escucha con un corner bodega.

“El Amancio Ortega de los vinos”

Ahora, dice Durán tener «unas pretensiones económicas importantes porque quiero abrir muchas tiendas de La Bodega del Humor para convertirme en el Amancio Ortega de los vinos”. Para ello, claro está, tendrá que adquirir algún que otro viñedo en lugar de suscribir acuerdos comerciales con algunos productores ya establecidos, como hace ahora, y empezar por desvincular espacialmente los dos negocios “porque hay gente que piensa que la botella lleva chip”.

La intención es abrir un primer establecimiento propio con la nueva enseña en el distrito de Salamanca, en Madrid, compatibilizando la venta física con el canal online. En cuanto a los franquiciados, tienen varias propuestas. Una se dirige a los bares de carretera mediante la instalación de módulos, otra es la de la tienda temática de La Bodega del Humor en locales de una extensión aproximada de 80 metros cuyo coste, calcula, rondaría los 70.000 euros. Contempla también la posibilidad de distribución de producto a terceros. 

Asegura que el suyo es un producto que ataca a la compra por impulso y que la única competencia que tienen son los telediarios. “La gracia está en exhibir un muestrario amplio de botellas para que el cliente pase un rato divertido, aunque solo sea leyendo las etiquetas. Lo que pretendo con esto es que la gente se parta de risa. No quiero molestar a nadie ni ofender ni meterme en política, solamente quiero que la gente se ría de lo que vivimos en el día a día”.

Su guerra con las tecnológicas

Llama la atención que Antonio Durán haya sacado al mercado un producto que combina lo físico con lo digital teniendo en cuenta la guerra que, desde hace años, mantiene con las grandes tecnológicas. La Tienda del Espía fue uno de los primeros negocios en nuestro país en presentar una denuncia contra Google acusando a la empresa californiana de traficar con las marcas. Sobre el tema tuvo ocasión de hablar largo y tendido en cinco páginas que contrató en un periódico diario.

Está convencido de que Google le ha impedido facturar unos cuantos millones de euros, pero no le queda otra que sumarse a la digitalización si quiere seguir adelante. “La economía está cambiando a lo digital y, los que éramos analógicos, estamos en plena transformación hacia un mercado que no conocemos y compitiendo con unos protagonistas gigantes, como ese que se llama Amazon”. Visto el panorama, mejor tomárselo con humor.