+

Biopraedium: el nuevo camino de la industria agraria y ganadera

Emprendedores y Grupo Cooperativo Cajamar quieren poner en valor la innovación agroalimentaria y para ello han seleccionado una veintena de proyectos españoles con mucho potencial en esa dirección.

Biopraedium

La misión de Biopraedium es ayudar a la industria agraria y ganadera a implementar innovaciones que ayuden a las empresas del sector a ser más rentables a la vez que acometen la transición a la sostenibilidad. En esta línea, se presentan como una consultoría de proyectos agrarios especializada en sistemas de cultivo interior e iluminación artificial.

La intención original de los dos socios fundadores de Biopraedium: Javier Casal y Jacobo Álvarez, era sacar al mercado una solución B2C que permitiera a cualquier consumidor disponer de un huerto vertical en su propia casa que satisficiera la producción agrícola necesaria para su ingesta particular. Querían fomentar de esta manera el autoconsumo y el respeto medioambiental. 

Llegó la pandemia y lo cambió todo. También los planes de esta empresa nacida en Santiago de Compostela se vieron alterados. Durante su participación en el programa de la aceleradora gallega  Business Factory Food se les planteó un reto de la mano de CAPSA (el grupo de Central Lechera Asturiana, entre otras). El reto, más o menos, era este: ¿Qué pasaría si, derivado de unas condiciones climáticas adversas, necesitásemos alternativas para la alimentación animal, ¿Cómo puede la tecnología ayudar a ser más resiliente? 

De éste desafío surge lo que hoy es Ethical Farm Box (EFB), la solución llave en mano de Biopraedium en forma de contenedor marítimo refrigerado y reciclado para la producción en sistemas verticales de forraje verde hidropónico de forma totalmente automatizada. 

Una solución sostenible y rentable

Mediante dicho sistema, sus contenedores de 40 pies -alrededor de 12 metros- son capaces de producir entre 1.000 y 1.500 kilos de forraje fresco diario y abastecer así la necesidad de alimento de unas 30 reses de ganado al día. La granja funciona como una cadena de montaje. Sacan bandejas de forraje y meten otras con semillas nuevas cada día. 

Evitan de esta forma el uso de maquinaria y combustible que, con el método tradicional, serían necesarios para plantar, cosechar, transportar y almacenar el alimento para los animales. Además, utilizan una fertilización mínima, huyen de los pesticidas y reducen el consumo de agua mediante atomizadores para el riego. Todo ello procura alimento fresco, sano y de alto contenido protéico para los animales que redunda, a la vez, en beneficio del producto que llega al consumidor final y de una agricultura intensiva sostenible que no daña el suelo. 

En cuanto a los contenedores que se aprovechan para la producción, todos proceden del transporte marítimo los cuales pueden adquirirse en el mercado al precio de entre 2.000 y 4.000 euros. Además de ser un receptáculo barato, permite el fácil traslado de ubicación y la ampliación modular de las instalaciones. 

Aunque EFB by Biopraedium se esté aplicando ahora a la producción de forraje, el proceso es apto para otros tipos de alimento facilitando obtener un mayor número anual de cosechas con el menor consumo de recursos naturales posible. En este vídeo puedes hacerte una idea más clara del funcionamiento del sistema.

Una idea que las circunstancias actuales ponen en valor

Sin embargo, no todo son parabienes. Una crítica que de forma recurrente se asocia a los huertos verticales es el elevado consumo energético que demandan. Para alinear toda la cadena a sus valores y rebajar la contaminación, se hallan ahora en Biopraedium negociando con otra empresa gallega la contratación de la energía necesaria, pero procedente de fuentes limpias y renovables.

Desean así cerrar el círculo y aportar una solución integral al cambio que, circunstancias como el bloqueo al grano por el conflicto en Ucrania o los devastadores incendios forestales de este año, han puesto en valor antes de tiempo.

Por otro lado, aunque se trate de una idea nacida en Galicia, no son sus ganaderos y agricultores quienes más se benefician de ella, sino las empresas del sector emplazadas en zonas con mayor escasez de agua. Por Ethical Farm Box se han interesado en el Sur y el Este de España, pero también en otros países del área mediterránea como Italia, Grecia u Oriente Medio. En algunos de estos puntos, su sistema procura ahorros de entre un 70 y un 80% del consumo de agua.

La valentía de Cajamar

Saben que no inventan nada nuevo. El cultivo sin suelo hace años que se practica. Lo que ellos quieren es poner esta tecnología al servicio de cualquier productor, devolverles la soberanía y el control de su negocio desligándolo de las condiciones climatológicas y la extensión del terreno a la vez que fomentan el respeto medioambiental. 

En este sentido, los fundadores de Biopraedium se mantienen fieles a su propósito original: la sostenibilidad, la misma apuesta que aplican a la corporación. “No somos la típica startup que quiere crecer deprisa a base de rondas de inversión permanentes- declara Javier Casal Preferimos consolidar primero la empresa y convencer a los agricultores de que ha llegado el momento de hacer las cosas de otra manera”. 

Son conscientes, no obstante, de lo difícil que resulta convencer a los profesionales del sector a que abracen la innovación “no porque sean reacios a lo nuevo, sino porque se mueven con márgenes de beneficio muy bajos, no pueden permitirse andarse haciendo pruebas”.

Desde esta perspectiva, elogia Casal el rol que asumen entidades como Cajamar, no solo en lo que atañe al respaldo financiero de los empresarios agrarios y su tradicional modelo de banca cooperativa, sino también a su compromiso con el avance científico e innovador a través de organizaciones como Cajamar Innova o instalaciones como la Estación Experimental de Las Palmerillas con las que acompañan a emprendedores y empresas en el desarrollo de nuevos proyectos para abordar los desafíos globales.

“Me parece fundamental y muy valiente el papel que desempeñan en Cajamar animando a los agricultores a que inviertan en innovación y prueben. Sin el respaldo crediticio, muy pocos se atreverían a correr el riesgo de probar algo nuevo”, concluye Casal.