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Tastelab: inteligencia sensorial que garantiza el éxito de tu producto alimentario

Emprendedores y Grupo Cooperativo Cajamar quieren poner en valor la innovación agroalimentaria y para ello han seleccionado a una veintena de proyectos españoles con mucho potencial en esa dirección.

Fundadoras de Tastelab

Se puede presentar como un laboratorio del sabor. En Tastelab se han especializado en la realización de análisis sensoriales para acertar con el sabor de los productos alimentarios antes de sacarlos al mercado. Es una empresa de mujeres. Tastelab es el resultado de la tesis doctoral de Maruxa Quiroga García (CEO y cofundadora) que la estaban dirigiendo Lourdes Vázquez, Ángeles Romero y Nieves Muñoz en la Universidad de Santiago de Compostela. Hablamos, pues, de un equipo fundador que integran 3 doctoras especialistas en el sector farmacéutico y alimentario y una científica matemática especialista en el análisis de datos.

Atrás quedan sus orígenes como spin-off de la universidad de Santiago después de constituirse como empresa independiente especializada en tecnología de análisis sensorial. Su misión es aportar valor a los clientes corporativos para la toma de decisiones inteligentes mediante el conocimiento de los gustos del consumidor de una forma ágil y rigurosa apoyándose en la experimentación y el dato.

Como experta en Ingeniería Técnica Agrícola y alimentaria, Maruxa Quiroga se percató de que el sabor de los alimentos que consumimos, determina hasta en un 95% la recurrencia de la compra. Sin embargo, era un factor desconocido y, en consecuencia, desaprovechado por la industrial. La oportunidad de negocio la detectó en la creación de un laboratorio sensorial que se encargase de analizar todos los sabores de los nuevos productos antes de lanzarse al mercado, corregir otros ya lanzados pero que no acaban de funcionar o, simplemente, para realizar controles rutinarios.  

Además del sabor, proporcionan información sobre el olor y la imagen del producto. “Nuestra misión es asegurar el lanzamiento de productos exitosos y el control de que se mantiene la calidad sensorial que se diseñó inicialmente», señala Quiroga.

En ese trabajo de acompañamiento a las empresas alimentarios y a los pequeños productores, desarrollaron una metodología propia que, a día de hoy, es capaz de identificar hasta 600 atributos. Es el resultado de seis años de experiencia organizando catas con consumidores y, ahora también, apoyándose en un panel de cata entrenado con machine learning. Con el primero, reclutan a los catadores para que emitan su veredicto real y, con el segundo, obtienen un juicio objetivo.

“El sabor es algo que no se puede medir con la máquina -explica Quiroga- No pueden saber si algo es demasiado amargo, ácido, dulce…pero la tecnología sí te ayuda a medir con precisión, a analizar los datos, a automatizar procesos o a reducir costes”. Por eso, en Tastelab han desarrollado también una herramienta propia, Sensesbit, un software que procesa los datos estadísticos de forma automática y que ponen al servicio de los clientes que quieran organizar sus propias catas. La plataforma analiza los datos procedentes de respuestas de consumidores y de evaluadores expertos (o paneles de catadores entrenados) para obtener los key drivers sensoriales más relevantes.

La monetización del SaaS procede del feed que abonan las compañías en función de la dimensión de la cata. El cliente puede parametrizar los atributos que quiere obtener (más crujiente, más salado, más líquido, textura…) y va obteniendo resultados o valoraciones de 1 a 10 que le indican si se va acercando al objetivo.

El consumidor en el centro con Tastelab

Aunque como ingeniera agrícola lo natural era empezar por el análisis de los productos alimenticios, la tecnología sensorial desarrollada por Tastelab se utiliza también para testar otros productos antes de su lanzamiento, como es el caso de los cosméticos, perfumería, farmacia, droguería o textil, entre otros. Garantizan así la escalabilidad del proyecto en un modelo B2B, pero que pone al consumidor en el centro de toda la cadena de valor. Evitar los defectos sensoriales de un producto ayuda también a evitar el despilfarro. 

La empresa, con sede en Lugo, nació en 2015 y cuanta ya con una plantilla de 8 personas. Cuenta con clientes de la talla de Pescanova, Central Lechera Asturiana o Casa Tarradellas. Aunque el mercado principal lo siguen teniendo en España, el 10% de las ventas proceden de fuera. De aquí a dos años confían en estar ya en el mercado europeo y tienen especial interés en ampliar su influencia en Latinoamérica. No obstante, saben que, como sucedió en España, el primer trabajo consistirá en evangelizar y concienciar a las empresas de la importancia del análisis sensorial y la digitalización en los procesos de decisión de lanzamiento de productos.

En cuanto a la opinión de Maruxa Quiroga sobre el sector alimentario en España, piensa que vamos por el buen camino y agradece el impulso de determinadas organizaciones, como la del Grupo Cooperativo Cajamar en su impulso a la investigación agraria y al colectivo de sus profesionales.

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