+

Mediterranean algae: algas cultivadas en tierra firme listas para su aplicación en la industria agroalimentaria

Emprendedores y Grupo Cooperativo Cajamar quieren poner en valor la innovación agroalimentaria y para ello han seleccionado una veintena de proyectos españoles con mucho potencial en esa dirección.

Mediterranean algae

Mediterranean algae es una startup biotecnológica nacida en Alicante que se dedica al cultivo de macroalgas autóctonas del Mediterráneo en tierra firme. Convencidos del enorme potencial de las algas para revertir la situación medioambiental actual y generar productos que mejoren los rendimientos de la agricultura, se proponen “hacer partícipe a la sociedad del uso de recursos marinos de forma sostenible, basándose en una economía circular y azul, para la obtención de productos con aplicaciones de alto valor que puedan cubrir las necesidades de los consumidores en alimentación, cosmética y otras industrias sin comprometer el futuro de las generaciones venideras».

Hasta el momento, se han especializado en la que se conoce popularmente como lechuga de mar –ulva– debido a sus múltiples propiedades, entre las que se incluyen el aporte de un 20% de proteína vegetal, su riqueza en Omega 3, hierro, calcio, fibra… propiedades que encajan perfectamente en la categoría de los superalimentos y en el sector de la cosmética. 

Pero también está siendo testeada para comprobar su impacto en el sector agrícola utilizando la lechuga de mar como bioestimulante de la tierra en detrimento de otros compuestos químicos. Esta fue la razón que condujo al equipo de Mediterranean algae a aplicar en dos ocasiones a la convocatoria de Cajamar Innova, primero a la incubadora y, posteriormente, a la aceleradora.

Agradecen también la cesión del uso de espacio en la Estación Experimental de Las Palmerillas que Cajamar tiene en El Ejido (Almería). Aquí llevan a cabo pruebas con diferentes plantas al objeto de comprobar mejoras en el rendimiento. En principio, las pruebas realizadas arrojan optimizaciones de la producción de entre un 20% y un 30%.

La empresa surgida de un cambio de planes

Fue Yago Sierras el primero que empezó a interesarse por el uso de las algas como material sostenible y biodegradable para hacer productos de consumo orientados a la industria turística. La pandemia cambió los planes, pero el ‘run run’ del potencial de las algas como materia prima continuó en su cabeza. 

Hablando con su amigo del colegio Guillermo del Barco, biotecnólogo de formación, le comentó la posibilidad de montar un negocio relacionado con el cultivo de algas, una propuesta que le pareció interesante y que, tras valorarla, la estimó científicamente viable. Silvia Antón, graduada en Ciencias del Mar y master en Ecología Marina, y Alejandro Simón, Técnico Superior en Acuicultura, se sumarían poco después al proyecto, completando así el equipo multidisciplinar de los fundadores de esta startup, entre los que predominan los de 26 años de edad.

¿Qué hacen?

En principio, pensaron cultivar las algas en mar abierto, explotando una parcela a orillas del Mediterráneo. Pero pronto se dieron cuenta de que era más interesante cultivarlas en tierra firme. Entre otros motivos porque iban a tener que sortear un montón de trámites burocráticos y, sobre todo, porque uno de los problemas que acarrea el cultivo de algas en mar abierto es que no se controlan las condiciones meteorológicas en las que crecen. Se suma a ello la contaminación de las aguas marinas por la presencia de microplásticos, materiales pesados y otros contaminantes que las algas acaban por absorber con el consecuente riesgo para la salud humana.

La solución final por la que se decantaron en Mediterranean algae fue tomar el control del cultivo en tierra firme con un sistema de tanques donde no solo simulan las condiciones marinas del Mediterráneo, sino que las enriquecen favoreciendo la proliferación de las algas a mayor ritmo. Consiguen de esta forma estandarizar la producción ajenos a las condiciones del mar y los fenómenos atmosféricos adversos. El mecanismo incluye sistemas de recirculación y filtrado del agua, optimizando así el uso de los recursos naturales.

La instalación de acuicultura en tierra firme la tienen ahora en un terreno alquilado del Parque Científico de la Universidad de Alicante. Esto les permite la producción aproximada de 10 toneladas de algas ulva al año, una cantidad todavía pequeña para escalar el negocio. De aquí que estén ya buscando terreno para crear una explotación de 1.000 m2.

Las tres líneas de negocio

Aunque los planes de la compañía pasan por ampliar la producción a otro tipo de algas autóctonas, por ahora prefieren mantener el foco en la lechuga de mar a la que atribuyen propiedades como las ya referidas y la posibilidad de generar gran cantidad de biomasa en un breve periodo de tiempo.

En cuanto a la comercialización del producto, han empezado por la restauración, concretamente por el canal Horeca, donde lo ofrecen tanto como ingrediente sazonador como para la ingesta directa, una práctica ya no tan inhabitual gracias a los restaurantes asiáticos.

Una segunda línea de negocio la han abierto con el sector de la belleza y la cosmética. Antes de entrar aquí tuvieron que validar el producto en el mercado. Para ello, crearon productos propios bajo la marca SiwidCosmetics, ahora en fase de preventa y que distribuyen a través de su propio ecommerce. En él comercializan desde una crema de noche hasta un protector solar y jabones. No obstante, no tienen intención de convertir esto en el core del negocio, sino ofrecer sus algas como materia prima a laboratorios farmacéuticos y de belleza.

Validar en el mercado era una de las exigencias de los inversores a los que se dirigieron para conseguir la suma de 150.000 euros, cantidad que al final reunieron entre inversores y un crédito participativo de Enisa. 

Ya en el sector agroalimentario, la startup introduce una solución que permite reducir la carga de nutrientes de las aguas agrícolas de cuencas fluviales mediante el cultivo de microalgas; optimizar la gestión del agua utilizada durante el proceso de cultivos agrícolas ecológicos y automatizar y monitorizar los flujos de nutrientes con el fin de optimizar el cultivo de algas. 

Con esta solución se erigieron, junto al proyecto de G2G Algae, en ganadores de la última edición de Agritech Startup Europe Awards con su proyecto Algali-TIC, basado en el cultivo de algas para evitar episodios de eutrofización en ríos y desembocaduras mediante un modelo de economía azul y circular gracias a su aportación innovadora en el sector agroalimentario.

El nivel del equipo humano de Cajamar

Piensa el CEO de Mediterranean algae que llegar al punto en el que hoy se encuentran habría sido mucho más difícil sin el respaldo y la confianza de Cajamar

“Cajamar Innova confió en nuestra startup desde los primeros pasos y para nosotros participar el año pasado en el programa de incubación fue una experiencia inigualable: el disfrute de la planta de las Palmerillas y sus laboratorios. Pero también quiero resaltar la calidad del equipo humano y la predisposición y nivel de los mentores, tanto tecnológicos como de negocio. En nuestro caso, es complicado encontrar especialistas que puedan resolver dudas técnicas y en Cajamar los hemos encontrado, nos han dado las claves para resolver los problemas de forma eficaz”, concluye Sierras.