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Oscillum: el semáforo que te indica cuándo debes desechar los alimentos

Emprendedores y Grupo Cooperativo Cajamar quieren poner en valor la innovación agroalimentaria y para ello han seleccionado una veintena de proyectos españoles con mucho potencial en esa dirección.

Oscillum-equipo

Oscillum es una empresa de biotecnología que ha desarrollado una solución fácil e intuitiva que nos dice cuándo podemos consumir un alimento o es mejor desecharlo en función de su estado de conservación.

Tanto el color como el olor o el tiempo transcurrido desde la compra, suelen ser los indicativos por los que nos guiamos la mayoría a la hora de decidir si los alimentos que tenemos en el frigorífico pueden ser consumidos o es preferible tirarlos. Sin embargo, la ciencia indica que ninguna de estas señales son suficientes para tomar esta decisión.

Este problema que afrontamos cada día en casa, también lo tiene a mayor escala la industria alimentaria. La consecuencia es el malgasto de 1.700 millones de toneladas de alimentos que acaban en la basura antes de tiempo, el 50% proveniente de los hogares. Al desperdicio alimentario se suma la emisión de toneladas de CO2 a la atmósfera fruto de la producción de estos alimentos finalmente no consumidos, generando así un gran impacto medioambiental.

Aplicar el conocimiento científico al desarrollo de una tecnología que mitigase el problema es lo que se propusieron Luis Chimeno, Pilar Granado y Pablo Sosa tras coincidir en el Grado de Biotecnología de la Universidad Miguel Hernández (UMH), de Elche. “Los tres compartíamos la misma inquietud: trasladar el conocimiento de la biotecnología a aplicaciones prácticas de alto valor en beneficio del conjunto de la sociedad y del planeta”, dice Chimeno, CMO de la compañía. Fundan así en 2019 Oscillum, una startup con gran proyección en la que desarrollan sensores para la industria alimentaria.

La etiqueta en amarillo, en contacto con el alimento, indica el buen estado del mismo

La etiqueta inteligente

El primer producto que han desarrollado es una etiqueta inteligente que, en contacto con el alimento, cambia de color conforme éste va perdiendo frescura. El color amarillo indica un estado perfecto y va tornando hasta convertirse en un azul intenso cuando el alimento deja de ser apto para el consumo. De esta forma tan sencilla, las etiquetas de Oscillum podrían rebajar el riesgo de intoxicación alimentaria en un 20% al detectar el sobrecrecimiento de bacterias.

Los colores los eligieron pensando en aquellas personas con problemas de daltonismo con dificultad para percibir el rojo y el verde, algo que afecta al 10% de la población, tasa que, en el caso del amarillo y el azul, se reduce a un 2%.

La etiqueta, 100% compostable, lleva distintos componentes y la matriz es un polímero que fabrican ellos mismos en el laboratorio. Estas son capaces de detectar a tiempo real las moléculas que se liberan en el proceso de descomposición de los alimentos. La etiqueta funciona incluso con el envase abierto, siempre que se mantenga en contacto con el alimento. “Nuestro objetivo es llegar a reducir las emisiones de CO2 debidas al malgasto de alimentos, manteniendo siempre la seguridad del consumidor”, sostienen. 

Aunque empezaron orientado la solución al consumidor final, decidieron posteriormente cambiar el foco a la industria para ofrecer una herramienta de ayuda en el cumplimiento de la normativa europea en materia de desperdicio alimentario y sostenibilidad y ganarse la confianza del gran público con una tecnología netamente funcional.

Los primeros prototipos que han desarrollado sirven para carnes y pescados, los cuales están ya patentados y en proceso de certificación conforme a la normativa de la Unión Europea antes de proceder a su comercialización. Mientras tanto, el equipo avanza en sus investigaciones para trasladar su innovación e ingenio a las frutas.

Etiquetas inteligentes para advertir del mal estado de los alimentos ya existían antes de que Oscillum crease las suyas. La novedad que ellos aportan radica en que su tecnología obtiene los parámetros de forma directa midiendo, además, el efecto de factores externos como la temperatura o la humedad y su incidencia en la conservación de los alimentos con un porcentaje de acierto, en las pruebas del laboratorio, del 99%.

Una solución muy bien acogida

Como muchas otras startups, Oscillum dio sus primeros pasos con las muchas horas de trabajo y los pocos recursos económicos de sus fundadores. Lo bueno es que pronto despertaron interés empezando a cosechar numerosos premios, tanto dentro como fuera de nuestro país, circunstancia que les ha permitido invertir hasta ahora alrededor de 400.000 euros.

Cuentan, asimismo, con el respaldo de instituciones como EIT Food Accelerator Network o EIT Climate-KIC, ambos organismos de innovación de la Unión Europea. La empresa ha sido también reconocida como uno de los proyectos con mayor potencial y compatibilidad con la economía verde dentro del ranking que elabora The Net-Zero Compatibility Initiative.

Entienden que el sector agroalimentario en España siempre ha sido muy potente y que, lejos de estancarse, sigue aportando soluciones innovadoras. La dificultad que detectan es el acceso a la financiación más allá de las empresas emplazadas en Madrid o Barcelona. De aquí el respeto y admiración que les merecen instituciones como Cajamar con una larga trayectoria de apoyo tanto al sector en su conjunto como a las empresas emergentes que cambian el paradigma independientemente de la zona de emplazamiento, con especial impacto en zonas como Almería o Murcia. 

Además de como instrumento financiero, elogian también iniciativas como la de Cajamar Innova en beneficio de la transferencia de conocimiento para la transformación continua de empresas y sectores productivos.

Hacia dónde se dirigen

La empresa baraja en este momento la posibilidad de acudir a una ronda de financiación o recurrir a fondos públicos al objeto de seguir avanzado en sus procesos de certificación técnica y hacer pruebas piloto en establecimientos y potenciales clientes.

La intención es generar así tracción y seguir con el desarrollo de la etiqueta para las frutas. En sus planes a corto y medio plazo está también diseñar el proceso de industrialización para producir las etiquetas, así como culminar las obras, ya iniciadas, de un laboratorio propio dentro de las instalaciones del Parque Científico de la Universidad Miguel Hernández.