La última `trampa´

Una de las mejores formas de evolucionar en este nuevo mundo de cambio constante es llegar con la última tecnología  o la siguiente generación de  un producto o servicio en una categoría determinada.

Pero, como afirman Jack Trout, Steve Rivkin y Raúl Peralba en su libro Reposicionamiento (Ed. Pirámide), “lo ‘último’ en términos técnicos no siempre funciona; hay algunos peligros que hay que evitar a cualquier coste”. Para estos expertos serían:

No intente resolver problemas que no existen. Su producto o servicio de “nueva generación” debe resolver un problema real, uno que sea importante para los clientes y usuarios. Sus técnicos conocen problemas que no interesan a los clientes; por tanto, solucionarlos no agrega valor al producto.

Mucho cuidado al mezclar la innovación con la tradición. Hay productos que la gente que los consume o utiliza no quieren que cambien. Sobre todo los arraigados con costumbres o hábitos con larga tradición (ropa, alimentos, enseres de cocina, de higiene personal, etc.). Por tanto, la innovación puede ser utilizada para mejorar o hacer más estable la calidad; pero mucho cuidado con cambiar el producto.

Tiene que ser nuevo. Naturalmente la innovación o la última tecnología tiene que mejorar el producto o el servicio; pero a los clientes lo que les gusta es lo “nuevo”. En un mundo con sobreoferta de “productos mejores” lo que llama la atención es que sea algo “que no estaba”, eso sí, luego, al usarlo, el cliente debe percibir que hay “algo más” que le beneficia.

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