“Hay que casar las ideas con los emprendedores”

Nuestra misión es convertir el conocimiento en riqueza”, afirma el director general del Parque Científico de Madrid, una de las entidades impulsoras de investigación e innovación de la Comunidad de Madrid fruto de la iniciativa conjunta de las universidades Autónoma y Complutense.

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Antonio R. Díaz García, director general del Parque Científico de Madrid

El Parque, que cumplió el año pasado su décimo aniversario, alberga una incubadora de empresas de base tecnológica. Cerca de 150 proyectos reciben asesoramiento financiero, formación empresarial, apoyo técnico y un espacio físico donde desarrollar sus iniciativas de negocio. “Aquí confluyen el mundo universitario de doctores, profesores, becarios e investigadores y el empresarial”, resume su director general, con el que hablamos de innovación, modelos productivos y empresas.

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EMPRENDEDORES: El cambio del modelo productivo, ¿es una realidad, una moda o un eslogan político?

A.R.D.: En el Parque estamos viendo cómo el cambio de modelo productivo es una realidad, cómo de la industria tradicional las que sobreviven son las más internacionales e innovadoras, y son las que no están sufriendo la crisis. Nosotros estamos en el lado positivo de la crisis, el de cientos de emprendedores que se asocian y ponen en marcha con nosotros sus proyectos. Además, en España tenemos que instalarnos con más rapidez en la economía del conocimiento porque no tenemos esos colchones de la economía tradicional que, por ejemplo, sí tienen los países emergentes. Eso es una peculiaridad española que hace el reto más apasionante. Sí tenemos un activo muy importante: un capital humano con mucho talento. Tenemos que tener la capacidad de retenerlo, de valorizarlo y retribuirlo como se corresponde, de que no se vaya o no se desespere con trabas burocráticas.

EMP: En ese sentido, ¿qué impacto cree que puede tener el recorte presupuestario de I+D recientemente anunciado por el Gobierno?

A.R.D.:Los recortes de la I+D nunca son buenos, pero confío en que sean selectivos, y no generalizados. La inversión pública en I+D se puede modular, intentar optimizar en qué se invierte y en qué no, pero no detraer recursos en aquellos sectores que sean más emergentes, competitivos o más vinculados a la producción industrial nacional. En la última década se ha hecho un esfuerzo por incrementar el porcentaje que se dedica a I+D+i, tanto desde el sector público como el privado, aunque no hemos alcanzado los objetivos de Lisboa para 2010. Aún estamos lejos de los países que invierten un 3% o 4% del PIB.

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EMP: ¿Algún modelo a seguir?

A.R.D.:Podemos aprender de Israel cómo transferir el conocimiento que se genera a la industria civil. También tienen una política de fichar a los mejores investigadores del mundo, retribuirles y dejarles investigar. Después un equipo de gestores de ciencia escudriña esa tecnología y busca compradores. Nosotros tenemos una gran oferta tecnológica y de patentes, pero no tenemos esos expertos en analizar y valorizar esa tecnología. También, por su reducido tamaño, Israel está obligado a pensar en mercado global. Aquí nos olvidamos de que tenemos un mercado natural como es el latinoamericano, donde podríamos, de una manera muy sencilla, abrir toda nuestra producción, y una posición geopolítica ventajosa que no está aprovechada. En Israel también hay más facilidad de encontrar fondos de inversión, capital riesgo e inversores que apoyen ideas tecnológicas.

EMP: ¿Cuáles son las claves de un proceso de transferencia de conocimiento eficiente?

A.R.D.: Tenemos que favorecer el encuentro entre los generadores de conocimiento y los emprendedores, gente capaz de poner en valor un proyecto. Hace falta poner a disposición de esos emprendedores una cartera de tecnologías, proyectos e ideas que se generan en los centros de investigación. Normalmente, el investigador que ha desarrollado la idea no es el mejor para desarrollar la empresa. Un buen camino es casar emprendedores con ideas.

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