El capital social lastra la innovación productiva

Un informe de Cotec destaca que la cultura y la sociedad españolas, en general, son las causantes de la falta de innovación del país.

Ni una mayor inversión en I+D nos ayudaría a destacar por encima del resto de los países desarrollados en capacidad innovadora. Si nos atenemos a lo que apunta este informe, España necesita una transformación mucho más profunda para mejorar de verdad en innovación.

Sociedad castradora
En el informe publicado por Cotec se han analizado los factores sociales y culturales que impulsan (o dificultan) la innovación en 30 países europeos y ha llegado a la conclusión de que en el caso español es la propia sociedad y las redes que se establecen en ámbitos clave como la empresa, la familia y la sociedad, en general, lo que limita la creatividad. ¿Cómo influyen las normas y relaciones que se establecen en estos entornos en la capacidad para crear productos y servicios rompedores?

Entorno laboral. En las empresas se analizan la experiencia de trabajo, las relaciones que se establecen entre los trabajadores o el trato que reciben éstos de sus jefes. También las relaciones externas que se establecen en las propias corporaciones, como la cooperación de las empresas con otros actores sociales y el capital social en las universidades.

Familias y asociaciones. El análisis incluye las redes informales y amistosas que establecen los individuos, además de factores como el asociacionismo, todos ligados con la innovación.

Estructura y valores sociales. Aquí se valora la confianza de los ciudadanos y su interacción con los principales estratos sociales, políticos y funcionarios, empresas y otros agentes del mercado; además de la cultura moral de la sociedad.

Nuestro país tiene problemas en los tres entornos clave para la innovación y se sitúa a la cola de Europa junto con los mediterráneos y la Europa del Este.

¿En qué falla españa?
Según el informe, los países más innovadores (los nórdicos y Países Bajos) cuentan con sociedades poco individualistas, con niveles altos de pertenencia a asociaciones, confianza generalizada en las élites y escasa corrupción pública. Poco que ver con la realidad española.

El informe refleja que el mayor lastre es la escasa participación de los españoles en los asuntos públicos; la tardía emancipación de los jóvenes de sus familias y la falta de puestos de trabajo enriquecedores y que se ejerzan con la autonomía.

¿Los remedios? Que las empresas se relacionen más con su entorno, que ofrezcan más seguridad a los jóvenes y que favorezcan la movilidad geográfica; además de cambiar el sistema educativo y los modelos de enseñanza.

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