• Miedo a mostrar sentimientos que le hagan parecer débiles ante los demás y, por tanto, directivos blandos.
  • Miedo a perder la autoridad y poder dentro de la empresa.
  • Miedo a que los subordinados se burlen de sus debilidades y carencias profesionales, si éstas se llegan a evidenciar o conocer.
  • Miedo a transmitir información, por temor a perder la ventaja que supone el conocimiento.
  • Miedo a que se piense que no están suficientemente formados o capacitados y, por tanto, que son incapaces o torpes.

Como argumenta Piñuel “la ausencia de evaluación del daño psicológico ocasionado por el miedo de los directivos resulta en las organizaciones un problema de primer orden”.