Ideas para diseñar una aplicación que sea negocio

¿Tienes una idea de negocio que puede funcionar en forma de aplicación? Te contamos algunas pautas útiles para diseñarla.

Ideas para diseñar una aplicación que sea negocio

Hay gente que ha detectado una necesidad del mundo real, piensa que un programa en el móvil con mil funcionalidades lo va a solucionar y eso no es así. Lo más importante es que resuelva muy bien un problema específico, una necesidad concreta.

Teniendo en cuenta que no eres una gran empresa que puede permitirse múltiples desarrollos, sino un emprendedor con una idea, recursos limitados y que quiere una app como producto propio (y asumiremos que enfocado al consumidor final, no B2B), su diseño irá en varios pasos: conceptualizarla (¿qué problema resuelve?), diseñar una interfaz fácil de usar (a estas alturas de la tecnología la gente espera casi magia y si no la tiene se va), estudiar cómo se relaciona la gente con ella (la app es el producto; su relación con las personas, la experiencia de usuario) y medir sus resultados para mantenerla y mejorarla. También conseguir que se la descargue alguien y no se convierta en un zombie. En las siguientes páginas explicamos, punto por punto, todo lo anterior.

Aprovecha las funcionalidades nativas del móvil.

Crear una app puede costar entre 5.000 y 20.000 euros si la hace un tercero, hay que desarrollarla en plataformas, distribuirla en las tiendas de aplicaciones de cada país y mantenerla. Vamos, que no es tontería.

Antes de empezar, plantéate si la necesitas o si te merece más la pena una web que se adapte a todas las plataformas (con diseño responsive) y a la que en el móvil se acceda desde el navegador. Haz algo que tenga sentido en el contexto móvil. La música la llevas en el móvil, la geolocalización también, la cámara… Son funcionalidades nativas del móvil. Ahí es cuando tiene sentido desarrollar una aplicación.

GPS, subida de archivos, funcionar sin conexión, brújula, acelerómetro… Cuando se habla de nativo puede referirse a que está hecho en código nativo para móvil, pero, sobre todo, a que aprovecha las funciones para las que fue pensado el teléfono. Eso es lo que hay pensar: las ideas son sencillas, posicionar es sencillo… Pero ¿por qué la mayoría de apps lo hacen fatal? Porque no es tan fácil.

Conceptualiza
En InQBarna desarrollaron, allá en 2010, Deej, una app para mezclar música enfocada a DJ amateurs (ni tan profesional para un disc-jockey ni tan sencilla para el público general) sobre la que muchos usuarios pedían nuevas funcionalidades. Algunos usuarios les decían: «me encanta la app, pero no soy buen DJ. Me gustaría un botón que mezclase mágicamente». Empezaron a trabajar en ello. Podían meter un botón, pero no tenía sentido. Así que se plantearon, ¿por qué no hacemos una app que sea un reproductor musical, en la que no tengas que estar eligiendo las canciones? Ya sabían lo que querían los usuarios, le dieron vueltas, salieron 200 ideas y 198 eran malas.

El producto final fue Splyce, una app para mezclaba canciones de forma automática. ¿Cómo llegaron a ese concepto? Pensaron: «esto qué va a ser, ¿un mezclador de canciones o un reproductor que además las mezcle?» Y en ese pequeño detalle está la clave. Teníanla mesa de mezclas para un público reducido. No querían que fuera una aplicación de DJ, sino que fuera para todo el mundo. Tenían que hacer un reproductor de música, que la gente cargara las canciones que quisiera y que tuviera la función de automezcla. El gran problema era manejar las expectativas de la gente. Había que decirle al usuario lo que iba a encontrar y dejárselo muy claro: tener una funcionalidad marcada. En ese detalle, en saber en qué eres mejor y centrar el producto en ello, estará tu clave.

Abrir la app por primera vez: el desembarco
Primera pantalla: que esté todo claro. Pero ¿y la primera pantalla de la primera vez que alguien abre la app? Es el onboarding. El usuario o sabe adónde llega o lo hace por casualidad y tienes que saber guiarle. En otros casos, hay unas pantallas y según vas pinchando en los botones te dice qué hacer. Y otra posibilidad: una app para compartir información de forma anónima, tiene cinco pantallas que explican qué puedes hacer antes de entrar en la pantalla de inicio.

Simplifica la arquitectura de la app
La primera pantalla es sólo una parte. El resto y la navegación entre ellas (qué botón lleva dónde y en qué momento aparece una funcionalidad u otra) se dibuja en forma de esquema (wireframe) antes del desarrollo. A veces sobre papel, pensando dónde tiene que ir cada cosa. Se recomienda usar aplicaciones para hacer fotos a esas pantallas que has dibujado y simular en tu propio teléfono cómo será la navegación entre ellas. Si tienes la idea clara y aunque la vaya a desarrollar un tercero, prueba a hacerlo para quitarte pantallas de encima y quedarte con las importantes (recuerda: cuanto más simple, mejor).

Deja otras funcionalidades en posiciones secundarias
Igual que hay una primera pantalla y otras secundarias, tendrás una funcionalidad principal y otras menos importantes. En apps en las que el contenido lo pone el usuario (subir fotos, crear planes, compartir información) suele haber dos acciones: crearlo y descubrir el de otros. Por norma general, en Internet sólo el 1% de los usuarios crea mientras el resto mira. Conclusión: que el desembarco sea de exploración, pero que no desaparezca la opción de crear.

Retrasa el registro (o facilítalo con Facebook)
¿Vas a pedirle a quien baje tu app que se registre nada más llegar? No es recomendable. Primero necesitas los usuarios, luego ya los retendrás. El consejo general es dejar a la gente jugar con tu app antes de pedirles el registro. Llegar a una app y tener que abrir una cuenta (¡o dejar su teléfono!) echa para atrás. Además, crear cuenta y contraseña desde un móvil, que tiene pantalla pequeña y se usa fuera de casa, dará pereza a más de uno. Como muchas apps necesitan base de datos de usuarios, la solución que encuentran a todo lo anterior es el social login de Facebook, Twitter o Google Plus, un botoncito que dejan estas webs para implementar en otros. Necesitas agilidad y todo el mundo, sobre todo gente joven, tiene Facebook o Twitter. Aprovéchalos, porque así el usuario se ahorra crear una cuenta. Ten en cuenta también que el social login no gusta a algunos usuarios avanzados por cuestiones de privacidad, así que valora combinar las dos opciones.

Navegación, gestos e interacción: fíjate en otras apps
¿Cómo se manejan las apps más comunes? ¿Cómo usas tú el móvil? Con el tiempo, muchas aplicaciones sientan estándares tanto de gestos que hace una persona con su móvil como de navegación en la app. Por eso poníamos antes dos ejemplos grandes. A la hora de hacer tu app, igual que tu web, los expertos siempre recomiendan fijarse en los mejores y aceptar ciertos principios universales tanto en navegación e interacción como en producto.

Mide
Ya tienes tu concepto, tu primera pantalla, tu flujo de navegación. Todo parece impecable porque llevas tanto tiempo perfeccionándolo que sabes de sobra cómo usar tu app. Pero ¿estás seguro de que verá ese botón alguien que no ha tocado nunca tu app? Si quieres hacer un diseño, haz dos. Entre poner un botón en el centro o abajo, si con un test de A/B (mostrar diseños diferentes y ver cuál funciona mejor) el 80% pulsa en el centro, el usuario ha hablado. Ten en la cabeza lo que quieres, pero prueba, mide y vuelve a trabajar sobre eso. Además de con tests A/B para antes de lanzar, usa herramientas de analítica cuando tu app sea pública. La única forma de guiar al usuario es midiendo. Ha llegado aquí, le hemos pedido el teléfono y se ha ido antes de ponerlo, lo ha metido y luego no ha creado un plan… Igual que en una web, fija objetivos y analiza lo que pasa dentro de tu app, por dónde se mueven los usuarios y cuántos hacen lo que tú quieres que hagan. Los datos te los dan herramientas como Google Mobile Analytics o Flurry.

Diferencia entre plataformas
La teoría de iOS vs. Android es más o menos conocida en cuanto a distribución (hay menos gente con iPhone pero gastan más dinero en aplicaciones que los usuarios de Android), pero no todas las apps se preocupan de diferenciar el diseño en ambas plataformas. Hay detalles en los que hace falta:

  • Botones arriba y abajo. Algunas aplicaciones tienen los botones arriba en Android y abajo en iOS. ¿Por qué? Porque en Android hay botones en la parte de abajo de los propios teléfonos (Iphone sólo tiene un botón abajo en el medio) y es fácil que a los usuarios se les vaya el dedo, los pulsen y se salgan sin querer de la app.
  • El botón de atrás. Los teléfonos de Android incorporan un botón de atrás. En la app para Android, puedes omitirlo dentro de la pantalla (y así quitas un elemento innecesario); en la de iPhone acuérdate de ponerlo en las pantallas que no tengan otra salida.
  • Los miles de tamaños de pantalla de Android. Otra particularidad de Android es que funciona en muchos móviles de marcas diferentes, o el llamado ‘problema Android’ y su fragmentación de pantallas. En la versión Android tendrás que distribuir los botones con suficiente espacio por si alguien abre la app en una pantalla pequeñita y de repente se amontonan. Es más, si se acumulan mucho, corres el peligro de que alguno desaparezca. ¿Solución? En algunos casos separan el más importante del resto.