La actitud del empleado pasivo-agresivo que no te interesa tener en la empresa

Se basa en expresar sentimientos negativos de forma indirecta, tanto que, en ocasiones, parece que hasta te dan la razón. Ya en la práctica, la conducta de un pasivo-agresivo se traduce en una desconexión entre lo que hace y lo que dice, cuando dice algo.

pasivo-agresivo

El comportamiento pasivo-agresivo se entiende como un trastorno que lleva a conductas que se caracterizan por la resistencia indirecta a solicitudes o exigencias de otras personas o instituciones, y la evitación de una confrontación directa.​ En el ámbito laboral, este comportamiento es pernicioso y desestabilizador dado que el pasivo-agresivo puede fingir asumir un encargo con agrado cuando la realidad está en el lado opuesto.

Se cuenta que el término pasivo-agresivo fue utilizado por primera vez durante la Segunda Guerra Mundial, cuando psiquiatras militares norteamericanos observaron dicho comportamiento en soldados que mostraban resistencia pasiva y además, eran reacios a cumplir órdenes. La actitud es extensible a cualquier ámbito, pero en las organizaciones empresariales el impacto puede tener un alto coste.

Tampoco es una actitud que se limite a la relación entre un directivo y un subordinado. Casi es más frecuente encontrarla entre compañeros en apariencia amables, pero solo para excusarse por el incumplimiento de una tarea, para descargar responsabilidades sobre otro, para conseguir un favor o cualquier otra causa en beneficio propio.

Si tienes un compañero así al lado, vas a tener que averiguarlo por tu cuenta porque nunca va a expresar abiertamente lo que de verdad siente o persigue. No obstante, lo habitual es que sean todavía más sibilinos, optando por guardar silencio y por respuestas no verbales antes que por la palabra al objeto de evitar confrontaciones directas.

Algunas frases típicas

“He hecho todo lo que he podido”, justificando la incapacidad de entregar un trabajo en el tiempo establecido; “creo que es mejor como yo lo estoy haciendo”, resistiéndose a las sugerencias de otros; “como ya he dicho antes”, para reprender de forma camuflada a alguien que rebate su punto de vista; o sencillamente, poniendo en copia de un correo electrónico a una autoridad superior para intimidar al receptor final, son algunas frases y conductas que ayudan a sospechar de estar cerca de un pasivo-agresivo. 

También la empresa debería preocuparse por identificar este tipo de actitudes porque al final resultan tóxicas y repercuten en el conjunto de la organización. Las disputas pueden conducir a la proscastinación, a hacer las cosas mal, a sabotear el trabajo de otros o a enturbiar el clima laboral. 

Asimismo, según señalan en la publicación especializada Psicología y Mente en un artículo escrito por Joaquín Mateu-Mollá, doctor en Psicología Clínica, otro de los rasgos que definen a este tipo de personas es el desdén que muestran hacia la autoridad teniendo dificultades para adoptar normas propuestas por otros. La misma publicación cita como otro rasgo distintivo el autosabotaje del trabajo que no le apetece hacer.

“En estos casos, cuando se exige una cosa que en realidad no se quiere hacer, llega a aparecer una actitud de entorpecimiento que desespera al sujeto demandante. Los olvidos, la lentitud, la colaboración deficiente e incluso la procastinación; son respuestas deliberadas que pretenden motivar una forma de agresión sucinta: estorbos en las responsabilidades de tipo laboral/académico, demoras en proyectos compartidos, etc.

En otras ocasiones, lo que el sujeto pretende es generar un perjuicio que le libere de todas las responsabilidades para el futuro, dado que se dejaría de confiar en él y podría dedicar su tiempo a las actividades que le interesan”, concluye.