La ‘Justa Cultura’, la razón por la que las empresas aeronáuticas son las más seguras del mundo

Da igual el error que cometas. Lo tienes que confesar a la organización sin miedo a represalias para que no se repita. Lo que se persigue no es el castigo sino el aprendizaje conjunto. En esto se basa el concepto de la ‘Justa Cultura’ que aplican las mayoría de las organizaciones de la industria aeronáutica.

Justa cultura

Se sabe que el aéreo es el modo de transporte más seguro de todos. La tasa mundial de accidentes aéreos en 2021 se situó en 1,93 por millón de salidas, según el informe de Seguridad operacional que presenta la OACI. 

Parte del mérito en sus estándares de seguridad podría atribuirse al Just Culture, la ‘Justa Cultura’ que la Organización Europea para la Seguridad de la Navegación Aérea define como la cultura “en la que operadores de primera línea u otros agentes no son castigados por sus acciones, omisiones o decisiones tomadas de acuerdo con su formación y experiencia, mientras que, por otro lado, la negligencia, violación grave o actos ilícitos no son tolerados”.

De esta forma, el concepto distingue distintas categorías de errores: Error normal, sin intencionalidad. Se relaciona con el error humano como puede ser un olvido involuntario, o un despiste o cuando se está en proceso de aprendizaje. El error de riesgo se produce cuando la persona es consciente de que lo que está haciendo está mal pero no ve malos resultados y, a menudo, recompensas positivas por la acción. No existe, pues, intencionalidad de obrar mal. El tercero y más grave sería el error temerario o imprudente que se produce cuando la persona conoce el riesgo significativo que implica una acción pero aún así la comete. Por ejemplo, pilotar una aeronave borracho.

Aprender de los errores, antes que castigarlos

Según David Marx, considerado el padre de Just Culture, en más del 95% de las veces, no sería necesario aplicar una disciplina para evitar que se repita un error. La clave para que esto suceda radica en conocer con exactitud la causa que lo provocó para lo que es necesaria la complicidad de los empleados y que confiesen abiertamente lo que creen que hicieron mal.

Da igual si, en tu puesto de controlador aéreo, se te ‘escapó’ un avión porque estabas contestando a un whatsapp de tu hija o porque esa mañana habías tenido una bronca monumental en un atasco de tráfico que te dejó aturdido. El caso es que lo cuentes para conocer la causa real del fallo y para que eso suceda has de hacerlo sin miedo a represalias o a una justifica punitiva.

No quiere esto decir que en el sector no se apliquen despidos ni se impongan sanciones como en cualquier empresa, pero se hacer de forma muy ponderada porque lo que se persigue, más que ocultar errores, es que se notifiquen al objeto de que toda la organización aprenda de ellos en beneficio del objetivo final: aumentar la seguridad. Se entiende que, en la mayoría de los casos, los errores no se cometen a propósito, de lo contrario habría que tratarlo como intento de sabotaje, figura que se entiende ya como delito.

Países como Dinamarca, Finlandia y Reino Unido pueden fueron pioneros en Europa en la implantación de este concepto. En España se impuso a través del Real Decreto 1334/2005, como un sistema de notificación obligatoria de sucesos gestionado por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, AESA. Requiere que todos los profesionales del sector como pilotos, controladores, mecánicos, entre otros, informen sobre cualquier incidente grave o suceso de seguridad, entendido como un episodio que podría haber derivado en un accidente. 

De esta forma, se trabaja siempre con un enfoque proactivo y no sólo reactivo, que se desarrolla únicamente a través de investigaciones de seguridad una vez ha ocurrido un accidente. Las notificaciones, en las cuales se preserva la confidencialidad, son estudiadas por comisiones oficiales. Posteriormente se analizan y debaten las causas a la vez que se proponen medidas para que no vuelva a cometerse el mismo error. Estas medidas se transmiten a las partes implicadas a modo de recomendaciones de seguridad y sus destinatarios están obligados a informar de las acciones correctoras implantadas. 

Asimismo, la investigación es también útil para detectar problemas sistémicos y alertar a la AESA de la necesidad de emitir directrices de seguridad generales de mayor calado.

En qué organizaciones conviene aplicar la ‘Justa Cultura’

El Just Culture se basa en crear una cultura que mejore los estándares de seguridad a través del estudio de las fallas del sistema, así como de los millones de operaciones que transcurren con normalidad a lo largo de cada año. 

En consecuencia su práctica podría trasladarse a cualquier organización que se quiera o deba regirse por unos estándares de seguridad muy elevados, pero no solo por este motivos. La Justa Cultura propicia también el desarrollo de una cultura compartida dentro de la empresa, además de favorecer el aprendizaje compartido por toda la organización y un conocimiento más profundo de sus posibles vulnerabilidades en una mejora continua.

Con este propósito, la aplican cada vez empresas dentro del sector industrial, el de la automoción o el de la salud como es el caso de la española Quibim donde desarrollan biopsias virtuales con Inteligencia Artificial y cuyo CEO, Angel Alberich-Bayarri, se declara un entusiasta de la ‘Just Culture